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Cartas al director

Entre el cielo y el subsuelo

Las personas que trabajan para Naciones Unidas son diametralmente diferentes entre sí. Unas no se bajan del avión intentando cubrir las múltiples crisis que afectan al mundo con su presencia e impulsando comités de investigación, ayudas, proyectos y tratados. A veces se topan con jefes de Estado reconvertidos en criminales genocidas en busca y captura internacional, como el de Sudán, y con su estoica presencia desdibujan las órdenes emitidas por la Corte Penal Internacional. A veces desechan hasta la extenuación, como en la epidemia del cólera en Haití, cualquier responsabilidad envueltos en el sacrosanto principio de la inmunidad de instituciones diplomáticas Otras defienden con su vida, en la interpretación más literal del término, a los desplazados internos y refugiados internacionales protegiéndoles en los campos de los que son los últimos responsables. Aquellas pasarán a los libros de Historia de forma gris y pusilánime. Estas captarán y capturarán para siempre la imaginación de la sociedad y el agradecimiento eterno de los que salvaron.— Luis Peraza Parga. Kansas City, Misuri (EE UU).

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