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De vuelta al trabajo

Un grupo experimental de São Paulo interviene en Brasilia con una obra colectiva titulada ‘Cegos’

Representación de "Cegos" frente al palacio de Planalto el pasado 25 de agosto.rn
Representación de "Cegos" frente al palacio de Planalto el pasado 25 de agosto. REUTERS

Ahí van. Todos impecables. Los chicos con sus corbatas y sus trajes, y sus carteras. Las chicas con sus bolsos, siempre bien arregladas. Parecen ejecutivos. Caminan todos juntos, como en procesión, infatigables: no tienen otra, toca volver a las rutinas, tratar con los jefes, negociar con los clientes, convivir con los compañeros. Trabajar.

¿Pero qué ocurre? Van todos ciegos, llevan los ojos tapados. ¿Qué es lo que no quieren ver? ¿Qué es lo que temen? ¿Una tentación por el camino que los aparte de su obligado destino? ¿O se han puesto las vendas para mejor ni ver lo que van a encontrarse al llegar? Tensiones, estrés, la feroz competitividad, abusos, corruptelas, enchufes injustificados, maltrato a los más débiles, la enésima marginación de las mujeres.

¿Cómo es que van, además, manchados de barro de arriba abajo? ¿Han sobrevivido a una catástrofe?

La imagen procede de una performance en Brasilia que se montó delante del palacio de Planalto, la residencia de trabajo del presidente del país latinoamericano. Si la pieza se lee en clave de política local, hay algunos mensajes que saltan a la vista. Van con los ojos tapados porque prefieren no ver lo que les espera. Y van cubiertos de arriba abajo de arcilla porque se han revolcado en el fango. Así están las cosas por allí. Esta semana va a celebrarse el último acto del juicio político a Dilma Rousseff, y Brasil lleva una larga época sacudida por los escándalos y las malas prácticas. No es de extrañar que esas damas y caballeros se hayan cubierto los ojos.

La pretensión de los responsables de la pieza va, sin embargo, más allá. El montaje, titulado Cegos, lo ha realizado el Deviation Collective, un grupo experimental de la Universidad de São Paulo que trabaja interviniendo en espacios públicos para provocar alguna respuesta a partir de sus propuestas poéticas.

Ese coro trágico de figuras ciegas y desamparadas, que avanza lentamente hacia ninguna parte, recuerda la historia de aquel hombre, Edipo, que se quitó los ojos cuando supo lo que había hecho y que, a partir de entonces, consiguió ver un poco más lejos. Y dijo entonces: “El tiempo, que todo lo puede, arrasa con todas las demás cosas”.

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