Dani Martín dice que prefiere la muerte al 'reggaeton' y se arma la Marimorena

El cantante provoca un aluvión de críticas (y algunos elogios) por uno de sus polémicos comentarios en Twitter

El cantante madrileño Dani Martín ha compartido varias peinetas a través de su Instagram, siempre al filo de la provocación.
El cantante madrileño Dani Martín ha compartido varias peinetas a través de su Instagram, siempre al filo de la provocación.Instagram

"Si la vida me diera solo dos últimas opciones y esas fueran hacer una canción reggaetonera de estas de moda de ahora, o morir, elegiría MORIR". Con esta rotundidad y en mayúsculas por si había dudas se ha expresado Dani Martín (Madrid, 39 años) en su cuenta de Twitter. El cantante, que en los últimos días sufre una extraña pseudo adicción al retuit con motivo de la publicación de su nuevo disco (La montaña rusa, que se publica el 23 de septiembre), ha provocado que un ejército de haters respondiera raudo a sus palabras. Ni siquiera se trata de defender al reggaeton: la mayoría de las contestaciones se centran en la calidad musical –o en la ausencia de ella- del madrileño.

"Como artista y músico que eres deberías pensarlo antes de decir eso. ¿Imaginas a Raphael decir que no cantaría temas de El Canto del Loco?", le dice un seguidor

Algunas de las reacciones negativas apelan al respeto corporativo. "Como artista y músico que eres deberías pensarlo antes de decir eso. ¿Imaginas a Raphael decir que no cantaría canciones de El Canto del Loco?". Otras le recuerdan sus canciones más facilonas. "Claro, Dani, corazón. Por que Jean-Baptiste Lully se emocionaría con tu Zapatillas"; "Es que 'la madre de José me está volviendo loco'. Esa sí que era una canción maravillosa, ni Freddie Mercury!!" . Y también hay quien le reprocha su estudiado estilismo. "Un inútil hecho millonario por enchufe y guaperas".

Pero como en casi toda batalla dialéctica también están los que le defienden: "A mí Dani Martín musicalmente me importa cero, pero su frase me gusta"; "Hombre, siempre podrías intentar dignificar el género" o "es que el reggaeton no se puede considerar música". Y en el borde de todos los argumentos están los que asumen que el tuit es simplemente una estudiada provocación, que esto es Internet.

El mundo digital nos ha ofrecido numerosas formas de vida, no solo existentes en redes sociales, pero sí cuya constante presencia es casi inherente a la tan manida viralidad. Primero fueron los trols, aquellos individuos que traían de cabeza a los moderadores de cualquier foro que tuviera más de tres participantes y que más tarde o más temprano caían irremediablemente en la ley de Godwin: conforme cualquier discusión en la Red se alargue, la probabilidad de que aparezca una comparación que mencione a Hitler o a los nazis tiende a uno.

Más tarde, este espécimen digital que tan bien se amparaba en el anonimato mutó en una nueva subespecie: los haters. Se trataba de trols que focalizaban toda su rabia en un solo punto; una persona, un equipo, un medio de comunicación o una comunidad autónoma, cualquier cosa vale. A veces consiguen amargar la vida a ese elemento que provoca su odio, pero otras logran justo lo contrario, darle más notoriedad al protagonista de su aversión y que este los utilice en su beneficio, usando, en no pocas ocasiones, el sentido del humor que a ellos parece faltarles.

Las camisetas con el lema "¿Quién cojones es Dani Martín?" que el cantante publicita en sus redes sociales.
Las camisetas con el lema "¿Quién cojones es Dani Martín?" que el cantante publicita en sus redes sociales.Instagram

Dani Martín es uno de los ejemplos que pueden ilustrar casi al milímetro este fenómeno que encuentra en Twitter uno de sus hogares predilectos. El que fuera cantante de El Canto del Loco ha protagonizado varias polémicas en la red social al opinar de artistas o grupos musicales; hace años consideraba a Los Planetas poco indies porque “llevan muchos años en una multinacional”, a Bob Dylan le dedicaba el calificativo de “pesado” y ahora le tocaba el turno al reggaeton. Lo cierto es que, solo con ese tuit, él mismo ya estaría opositando a convertirse en un hater, pero en vez de enzarzarse en las clásicas discusiones en Twitter que acaban muriendo más por agotamiento que por estériles, él tiró de humor y nutrió un poco más el personaje.

Primero, con sorna, diciendo que echaba de menos a sus “jeiters" y luego, adornando con corazones el nombre que se habían autoimpuesto sus fans en la lucha contra los haters; las lovers. La polémica virtual ya tenía todos los elementos necesarios y había cumplido uno a uno los capítulos que se le exigían. El cantante se maneja con holgura en estas situaciones; entre sus selfi con peineta y la autopromoción de camisetas y sudaderas con el lema “Who the fuck is Dani Martin?” (¿Quién cojones es Dani Martín?) en alusión a la que lució Keith Richards y que hacía mención a Mick Jagger, produce, junto al humorista Raúl Cimas, una suerte de miniserie llamada Desmontando a Dani Martín en la que se encarga de reírse de sí mismo.

Se trata de una estrategia casi perfecta: cada nueva crítica le ofrece más material para otro capítulo. Y los haters ya tengan su propio episodio. Protagonismo para todos.

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