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Reforzar la Alianza

Los nuevos desafíos de seguridad hacen imprescindible a la OTAN

Maniobras de la OTAN en la base de San Gregorio (Zaragoza).
Maniobras de la OTAN en la base de San Gregorio (Zaragoza).

La cumbre de la OTAN, que comienza mañana en Varsovia, tiene lugar en un momento especialmente delicado para los países que forman la organización. Los aliados enfrentan de forma simultánea el aumento de la tensión con Rusia y la amenaza yihadista. A lo que se añade ahora la crisis de identidad del proyecto europeo derivada de la decisión de Reino Unido, un socio imprescindible en materias de defensa, de abandonar la UE. No se trata, por tanto, de una reunión protocolaria para despedir a Barack Obama, sino de uno de los encuentros más importante de la Alianza Atlántica en los últimos años.

Lejos de ser una organización con ansias expansionistas, como la OTAN es a veces caricaturizada por Putin y sus seguidores, se trata de una alianza puramente defensiva que reúne a 28 democracias que buscan la paz y la seguridad. Por eso mismo, la ampliación que ha experimentado desde la caída del Telón de Acero ha sido protagonizada por países que accedían a la democracia y que veían la Alianza como una garantía de estabilidad política, seguridad y prosperidad.

Desaparecido el bloque soviético, la razón de ser de la OTAN ha sido ampliamente discutida, incluso con posiciones a favor de su disolución, pero el rumbo de los acontecimientos en los últimos años ha puesto de relieve la necesidad de que los países democráticos de Europa cuenten con un mecanismo eficaz y solidario de defensa colectiva. Cierto que los europeos deberían hacer más y mejor en defensa, y hacerlo de forma autónoma, pero ese objetivo no es incompatible con una Alianza Atlántica eficaz, todo lo contrario, pero que ha quedado en suspensión por la salida británica de la Unión Europea.

Los mandatarios reunidos en la capital polaca tendrán sobre la mesa varios asuntos muy espinosos que afectan directamente a la seguridad de Europa y sobre la que deberán tomar decisiones.

En primer lugar, está la agresiva política de Rusia tanto en Ucrania como en el Báltico. Moscú ha violado las fronteras europeas con la anexión ilegal de Crimea y además apoya activamente a la guerrilla separatista del Este de Ucrania. Además, ha desplegado armas nucleares en Kaliningrado e intimidado periódicamente a las repúblicas bálticas. Ello ha llevado a la OTAN a desplegar cuatro batallones multinacionales en Polonia y las repúblicas bálticas, señalando así a Moscú su determinación de hacer valer la garantía de seguridad colectiva que constituye el pilar central de la Alianza y cerrando el paso a cualquier tipo de intento de desestabilización del frente oriental de la Alianza.

La OTAN no quiere ni busca una guerra fría con Rusia. Precisamente por ello, en coordinación con la Unión Europea, está siguiendo una inteligente política de sanciones económicas a Rusia y, en paralelo, una revitalización de la capacidad disuasoria de la Alianza.

En ambos casos, el objetivo es el mismo: lograr que Rusia regrese al camino de cooperación y respeto al derecho internacional y, mientras tanto, hacer efectiva a sus miembros la garantía de seguridad que es su razón de ser.

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