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Un trabajo como cualquier otro

Un trabajo como cualquier otro

Por Rubén Escobar @rubenescobar01 de iWith.orgy Emma Garrido de Red Acoge.

Trabajadoras con derechos: un objetivo todavía no alcanzado. Imagen de campaña #EmpleaDerechos

Imagínate que a tu casa va a limpiar Sonya, de origen búlgaro. Sólo va un día a la semana, y trabaja sólo durante dos horas. ¿Tendrías la obligación de cotizar por ella a la Seguridad Social por tan poco tiempo?O piensa en Juliana, originaria de Paraguay, que ha cuidado durante 7 años de Óscar, un hombre muy mayor que finalmente ha fallecido. ¿Tiene derecho a cobrar el paro después de 7 años de trabajo a tiempo completo?

Las respuestas te sorprenderían.

Según nuestros estudios, el 48% de las mujeres empleadas en el sector doméstico no están dadas de alta en la Seguridad Social, pese a que en 2012, después de una larga lucha, se las integró en el Régimen General de la Seguridad Social, lo que suponía una equiparación histórica de derechos y deberes. Esta cifra elevada evidencia la falta de garantías al no poder acceder a las prestaciones sociales. Se estima que en España hay unas 700.000 empleadas en el sector, de las cuales casi la mitad no tiene un contrato escrito.

¿Hasta qué punto entendemos la situación? Cualquier persona puede hacer un sencillo test con 6 preguntas para, probablemente, romper con algunas ideas previas sobre este asunto.En la vida real, el 42% de las mujeres de este sector cobra por debajo del Salario Mínimo Interprofesional y con gran frecuencia se superan las jornadas de 40 horas semanales. El 45% de las empleadas del hogar no disfruta casi nunca de los días festivos a los que tiene derecho por el calendario laboral.

Además, sufren presión psicológica, sobrecargas de tareas y dificultades en la comunicación con sus empleadoras y empleadores. Y por si fuera poco, la discriminación en el acceso al empleo se pone de manifiesto en función de su origen, convicciones religiosas, vestimenta, edad, etc. Actualmente es uno de los sectores que favorece la economía sumergida y que más sufre la explotación laboral y la precariedad.

Es el momento de exigir que se mejoren las condiciones de trabajo mediante la ratificación del Convenio 189 de la Organización Internacional de Trabajo (OIT) por el Gobierno de España. Se pone en debate una problemática a menudo silenciada, que hoy en día hace que miles de mujeres aún sufran discriminación por edad, vestimenta, o creencias religiosas.

¿Podemos hacer algo para cambiarlo? La campaña #EmpleaDerechos es una iniciativa que reivindica un trato laboral y personal digno para las empleadas del hogar, en su mayoría inmigrantes y mujeres. Con esta campaña, la federación Red Acoge quiere recordar que el trabajo doméstico es un trabajo como cualquier otro, que requiere respeto a sus derechos.

Comentarios

Sería interesante saber qué estudio demuestra todo lo que afirma en este artículo.Lo de las presiones psicológicas y laborales, además de la discriminación por vestimenta y religión, me resulta complicado de demostrar de manera objetiva y científica en un estudio que no encuentro. Obviamente existirán casos, uno ya es mucho, pero de ahí a generalizar me resulta tan banal como cualquier generalización.Que el trabajo en el hogar debería de tener los mismos derechos que cualquier otro trabajo es evidente, como también es claro que la economía sumergida en este sector es acordada por las dos partes del contrato. Tema importante este ya que muchas de las trabajadoras no aceptan ese alta o ese contrato para no perder o aminorar otros derechos, y entonces el fraude ya es compartido . Imagino que su estudio también habrá aflorado esta realidad, aunque no se mencione en su campaña. Esto nada tiene que ver ni con religiones ni vestimentas y sí con gestionar la vida propia con su dignidad personal pero también con las consecuencias en la dignidad social.
Imagínate que a tu casa va a limpiar Luisa, española. O piensa en Ana, española.
El problema de todo esto es que todavía no se ve el trabajo de empleada del hogar como cualquier otro, por supuesto que una empleada debe tener derecho a vacaciones, bajas... pero la realidad no es así.
Sería interesante saber qué estudio demuestra todo lo que afirma en este artículo.Lo de las presiones psicológicas y laborales, además de la discriminación por vestimenta y religión, me resulta complicado de demostrar de manera objetiva y científica en un estudio que no encuentro. Obviamente existirán casos, uno ya es mucho, pero de ahí a generalizar me resulta tan banal como cualquier generalización.Que el trabajo en el hogar debería de tener los mismos derechos que cualquier otro trabajo es evidente, como también es claro que la economía sumergida en este sector es acordada por las dos partes del contrato. Tema importante este ya que muchas de las trabajadoras no aceptan ese alta o ese contrato para no perder o aminorar otros derechos, y entonces el fraude ya es compartido . Imagino que su estudio también habrá aflorado esta realidad, aunque no se mencione en su campaña. Esto nada tiene que ver ni con religiones ni vestimentas y sí con gestionar la vida propia con su dignidad personal pero también con las consecuencias en la dignidad social.
Imagínate que a tu casa va a limpiar Luisa, española. O piensa en Ana, española.
El problema de todo esto es que todavía no se ve el trabajo de empleada del hogar como cualquier otro, por supuesto que una empleada debe tener derecho a vacaciones, bajas... pero la realidad no es así.
Sería interesante saber qué estudio demuestra todo lo que afirma en este artículo.Lo de las presiones psicológicas y laborales, además de la discriminación por vestimenta y religión, me resulta complicado de demostrar de manera objetiva y científica en un estudio que no encuentro. Obviamente existirán casos, uno ya es mucho, pero de ahí a generalizar me resulta tan banal como cualquier generalización.Que el trabajo en el hogar debería de tener los mismos derechos que cualquier otro trabajo es evidente, como también es claro que la economía sumergida en este sector es acordada por las dos partes del contrato. Tema importante este ya que muchas de las trabajadoras no aceptan ese alta o ese contrato para no perder o aminorar otros derechos, y entonces el fraude ya es compartido . Imagino que su estudio también habrá aflorado esta realidad, aunque no se mencione en su campaña. Esto nada tiene que ver ni con religiones ni vestimentas y sí con gestionar la vida propia con su dignidad personal pero también con las consecuencias en la dignidad social.
Imagínate que a tu casa va a limpiar Luisa, española. O piensa en Ana, española.
El problema de todo esto es que todavía no se ve el trabajo de empleada del hogar como cualquier otro, por supuesto que una empleada debe tener derecho a vacaciones, bajas... pero la realidad no es así.