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Por qué consentimos que la homofobia contamine Eurovisión

Este año son evidentes las muestras contra los homosexuales. Eso es denunciable. Lo que es un misterio es la pasividad de los protagonistas

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Hovi Star, el representante de Israel en Eurovisión, después de actuar en la segunda semifinal del festival que este año celebria su 61 edición en Estocolmo (Suecia).

Este año la homofobia está contaminando uno de los acontecimientos culturales más populares entre la comunidad gay, el festival de Eurovisión. Y no parece que nadie vaya a hacer nada por evitarlo.

"El 90% de los eurofans son homosexuales. Entonces, si yo fuera gay, viendo como tratan a los gais, no votaría a Rusia. Por una cuestión humana”, dijo la representante española, Barei

Hay gente que lo ha intentado. La representante española, Barei, protagonizó titulares en la prensa internacional cuando denunció el trato vejatorio que sufrió el israelí Hovi Star en el aeropuerto de Moscú. Los funcionarios de la aduana se rieron del representante israelí por su condición de homosexual y rajaron su pasaporte, inutilizándolo. Barei no ha tenido problemas en condenar esta humillación y cuestionar la hipotética victoria de Rusia este sábado. “El 90% de los eurofans son homosexuales. Entonces, si yo fuera gay, viendo como tratan a los gais, no votaría a Rusia. Por una cuestión humana”, dijo la cantante española.

Barei ha expresado con toda naturalidad su rechazo a la homofobia, algo más habitual entre artistas pop que entre la mayoría de la población heterosexual. Quizá su estimación del 90% es exagerada, pero no hay duda de que muchos de los seguidores de Eurovisión son homosexuales y, de celebrarse el festival en Rusia el año que viene (si gana, ya que la siguiente edición tendrá lugar en el país vencedor este año), la asistencia masiva de gais en un país en el que la homosexualidad es casi ilegal y los grupos violentos homófobos campan a sus anchas sería, cuanto menos, desagradable para todos.

La amenaza de una posible victoria rusa este año viene respaldada por las casas de apuestas, que sitúan You are the only one, de Sergey Lazarev, como una de las favoritas. La canción es indudablemente efectiva y no pierde ni un segundo de épica-romántica-electrónica, apabullando con un soporte visual casi acrobático. Lazarev, que ha basado su promoción en su torso desnudo, se ha apresurado a hacer control de daños. “La vida gay existe en Rusia. Los gais no deben tener miedo a venir”. ¿No es esto un ejemplo de propaganda homosexual, prohibida en Rusia desde 2013 para no animar a los niños a volverse gais?

Da la impresión de que muchos gais consienten estas humillaciones con tal de no dañar a su amado Eurovisión, llegando a quitarle importancia a una lacra social tan peligrosa como la homofobia. Deberían preguntase: a qué precio

Por supuesto que los gais deberían tener miedo a ir a Rusia teniendo en cuenta que, en el mejor de los casos, podrían ser detenidos por llevar una bandera del arcoiris, besarse o darse la mano. ¿Qué pretende el gobierno de Putin con todo esto? ¿Es una trampa? Al parecer podría haber algo que le gustara más que criminalizar la homosexualidad: el dinero gay.

Hace unos años, Murcia decidió de repente convertirse en destino turístico gay. Las asociaciones LGTB (Lesbianas, Gais, Transgénero y Bisexuales) se opusieron, argumentando que era una forzada maniobra comercial. Albergar el Festival de Eurovisión reportaría tal cantidad de dinero al sector turístico ruso que al parecer estarían dispuesto a abrazar la entrada masiva de gais dentro de sus fronteras. Qué generosos. Sergey Lazarev tiene razón, hay vida gay en Rusia, lo que se le olvida mencionar es que su expresión pública (propaganda, la llaman) está ilegalizada, perseguida y condenada. Si Rusia pretende mejorar su imagen internacional, no basta con mandar a Eurovisión a un guaperas que atraiga a los gais como las sirenas sedujeron a Ulises. No pueden humillar a los gais para luego intentar embelesarles para que suelten sus euros allí.

El representante ruso, Sergei Lazarev, durante una actuación.
El representante ruso, Sergei Lazarev, durante una actuación.

Muchos eurofans, por su parte, no parecen demasiado preocupados por su hipotética visita a Rusia el año que viene. Unos defienden que hay que valorar la canción por encima de los conflictos sociales, otros promocionan a Lazarev como mito erótico. Pero si Eurovisión pretende trascender su condición de espectáculo musical con mensajes de paz y amor y preciosos montajes de luz ¿homeajeando? a los refugiados sirios, no deberíamos permitir que un país que legaliza el odio y el desprecio se beneficie del festival. Si hay un lugar en el que los gais deberían estar tranquilos y protegidos del odio, ese es Eurovisión, un fenómeno que se mantiene vivo en gran parte gracias a ellos. Los gais no deberían permitir que algo tan suyo como Eurovisión se viese corrompido por la homofobia. Si hasta en su territorio queda impune el odio al colectivo, ¿dónde van a sentirse a salvo?

Hace dos años las pobres representantes rusas (Tolmachevy Sisters) sufrieron abucheos cada vez que la cámara las enfocaba. La aprobación de la ley rusa contra la homosexualidad estaba reciente y Europa mostró su rechazo. Pero ya se nos ha olvidado. El año pasado el guapísimo sueco Mans Zelmerlow logró la victoria a pesar de unas polémicas declaraciones en las que condenaba la homosexualidad como una “anomalía” antinatural, oponiéndose además a la adopción por parte de parejas gais. Luego se disculpó y celebró todas las formas de amor tal y como mandan los cánones de la filosofía eurovisiva. Da la impresión de que muchos gais consienten estas humillaciones con tal de no dañar a su amado Eurovisión, llegando a quitarle importancia a una lacra social tan peligrosa como la homofobia. Deberían preguntase: a qué precio.

El mes pasado, Bruce Springsteen suspendió un concierto en Carolina del Norte como protesta por la ley aprobada en ese estado contra el colectivo LGTB. Tras El Boss, otros artistas como Pearl Jam, Nick Jones y Demi Lovato cancelaron sus actuaciones en Carolina del Norte por el mismo motivo. Beyoncé se mostró crítica con la ley, aunque lo hizo después de actuar y no antes. Algunos dirán que el boicot de estos cantantes está fuera de lugar e incluso que es poco profesional, pero nunca hay que perder de vista el poder de las estrellas para atraer la atención mediática hacia la injusticia social.

Si Rusia pretende mejorar su imagen internacional, no basta con mandar a Eurovisión a un guaperas que atraiga a los gais como las sirenas sedujeron a Ulises. No pueden humillar a los gais para luego intentar embelesarles para que suelten sus euros allí

En 2003 Rusia envió a Eurovisión al dúo femenino t.A.T.u., que se había hecho famoso luchando por su amor contra la adversidad. Luego se descubrió que era mentira y que ambas eran heterosexuales. Si la organización del festival quiere mandar un mensaje de unión y conciliación, debería empezar por proteger a un colectivo que salvó la audiencia de Eurovisión. Cuando el festival dejó de ser un evento cultural para ver en familia, fueron los gais los que empezaron a reivindicarlo como espectáculo excesivo y eufórico que disfrutar con los amigos. Como sucedió con las aplicaciones para ligar en el móvil, los heterosexuales se subieron al carro y ahora Eurovisión es un acontecimiento en las redes sociales que el público disfruta con mayor o menor ironía pero sin prejuicios.

El representante israelí se desmaquilló en el avión para pasar desapercibido en Rusia. No fue suficiente. Ese gesto denota miedo y vergüenza, dos sentimientos que el colectivo gay ha luchado por desterrar. Todos aquellos gais, lesbianas, bisexuales y transexuales no lucharon, sufrieron y murieron durante décadas para que ahora le colgemos una medalla a un país que odia a los gais sólo porque les han puesto delante una cara bonita y un estribillo pegadizo. No.

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