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CONVERSACIÓN GLOBAL

Un sacerdote demasiado mediático para Marruecos

Rabat prohíbe la entrada del jesuita Esteban Velázquez, dedicado a ayudar a subsaharianos

La Iglesia no quiere hacer ruido con la expulsión de Marruecos del jesuita Esteban Velázquez. Pero lo cierto es que las autoridades marroquíes le denegaron el lunes 11 de enero el acceso a Nador a través de Melilla. Pocos días después, el arzobispo de Tánger, Santiago Agrelo, confirmaba la noticia a este diario y aseguró que no conocía las causas. Tanto él como el propio Esteban decidieron no hacer ningún comentario. Finalmente, el viernes 22, la web marroquí ariffino.net aireaba la noticia.

El padre Esteban llevaba tres años trabajando en Nador, a 12 kilómetros de Melilla, como delegado de Migraciones del Arzobispado de Tánger. A los subsaharianos les ofrecía orientación, mantas para sobrevivir en el monte y hasta un servicio telefónico de urgencia disponible las 24 horas para los casos de salud más graves.

Fuentes diplomáticas españolas indicaron al sacerdote que Marruecos, como país soberano, tiene derecho a impedir la entrada de cualquier ciudadano sin necesidad de aportar explicaciones. Las hipótesis son varias: unas se centran en la acusación de proselitismo que esgrimió el medio marroquí que difundió la noticia. Otras hacen hincapié en el trabajo humanitario del sacerdote, en un momento en que tanto España como Marruecos han estrechado el cerco a la inmigración ilegal. Y otras tesis se refieren a la gran presencia mediática que tenía el jesuita.

La importancia que Marruecos concede a los medios no es nueva. El periodista marroquí Alí Anouzla, director del medio digital Lakome2, está siendo investigado ante la justicia por “atentar contra la integridad territorial”. La razón es que en una entrevista concedida en noviembre al diario alemán Bild, aparecen en su boca las palabras “Sáhara Occidental ocupado”. Anouzla asegura que todo se debió a un error de traducción del árabe al alemán. Pero ahora podrían caerle hasta cinco años de cárcel.

 

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