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MIRADOR

Repetir la vida

La mayoría independentista catalana es muy joven, de ahí su fuerza. Tiene el empuje arrogante de los conversos

Mientras ayer hablaba Artur Mas, y hacía esfumarse con una sonrisa la independencia para ponerla de nuevo a prueba, como quisieran hacer los doctores con un bebé inviable (repetir el parto, repetir la vida), recordé mi última diada con Oriol Junqueras. Acababa de dar una rueda de prensa en la que habló italiano como Garibadi. Al entrar en el coche se quitó la americana y habló de la formación de los estuarios, de las albuferas, del baile entre la tierra y el mar desde los romanos; yo iba tomando notas sigilosamente pensando que hablaba del procés,y cuando levanté la cabeza estaba señalándome unos riachuelos.

Es un rasgo característico del visitante: llega uno tan sobreexcitado a Sants que le ocurre lo contrario que al Quijote, que recuperó la cordura en Barcelona.

La mayoría independentista catalana es muy joven, de ahí su fuerza. Tiene el empuje arrogante de los conversos. Actúa con la prisa de quien quiere recuperar el tiempo perdido. El mejor ejemplo es el hombre al que los republicanos quieren hacer presidente: Artur Mas. Si hubiese un detector de metales en el soberanismo Mas tendría que quedarse como Laporta en el aeropuerto, en calzoncillos. Junqueras lo entendió. Si un Estado casi nunca se rompe sin guerra, que es el mayor sacrificio, al menos Cataluña estaba en disposición de hacerlo solo con un sospechoso al frente. No era un coste menor, pero la Historia no se iba a quedar en esas nimiedades; la Historia cuenta cadáveres, no la privatización de la sanidad.

Le pregunté a Junqueras por la traición y se encogió de hombros. Todas aquellas sensibilidades puestas en pie, remando en una dirección con el poder tan cerca. Junqueras, que tenía la rueda de prensa fresca, hizo un gesto muy italiano de chi lo sa. Entre Junqueras encogiéndose de hombros aquel día y la sonrisa de Mas, una sonrisa de segunda mano, había una concepción del mundo. No necesariamente la primera mejor que la segunda, pero sí más higiénica.

Ahora Junqueras está en disposición de bajar los hombros. Quien mejor está cumpliendo sus compromisos y peor lo tenía es Junts pel Si. La CUP dijo tres veces “nunca” a una decisión que terminó votando internamente y cumpliendo de milagro, y era tan fácil como rechazar a un walking dead man. El mismo hombre que tres partidos se niegan a relevar por ser un compromiso ineludible. Cómo sea el hombre y lo que arrastre da igual: no está unificando pueblos sino disgregándolos, y en algunos casos disolviéndolos. No es oficio de hombres sentidos como Junqueras sino de cínicos como Mas. La independencia perfecta no existe.

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