MIRADOR
Columna
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El voto negativo

En la próxima reforma de la ley electoral, que ya urge, se debe contemplar la posibilidad de votar contra un partido en vez de a favor de otro

A estas alturas de la película electoral hay gente que aún no sabe a qué partido votar aunque sí tiene claro a cuál no votaría ni loca. Es gente a la que le pasa lo que a mí en el fútbol: que me da igual qué equipo gane con tal de que no sea el Real Madrid.

Ser antialgo tiene sus inconvenientes (no puedes celebrar las victorias de los tuyos, ya sea gritando en la calle abrazado a otros como tú “¡soy español tres veces!”, o “¡visca el Barça, visca Catalunya!”, o “¡alirón, alirón, el Athletic campeón!”, ya sea agitando tu bandera delante de la sede de tu partido en la noche electoral), pero también tiene sus ventajas: nadie puede ensañarse contigo, por ejemplo, cuando tu partido o tu equipo pierden, puesto que no los tienes, y sobre todo puedes opinar de ellos con total y completa libertad. Y la libertad, ya lo dijo don Quijote, “es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no se pueden igualar los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida…”.

Hay un problema, no obstante, que los que no somos de ningún partido, ni siquiera simpatizantes o compañeros de viaje como se decía en tiempos de los del PCE, nos vemos obligados a enfrentar cada elección y es que al final nos hemos de decidir por uno u otro pese a que ninguno nos convenza totalmente o votar en blanco o abstenernos, con lo que indirectamente estamos favoreciendo al partido al que no votaríamos jamás porque, como a mí me sucede con el Real Madrid, representa todo lo que más aborrecemos, pues nuestro voto no suma en la cuenta de sus adversarios. Ya sé que es una utopía, pero, teniendo en cuenta que somos muchos los españoles los que no nos identificamos del todo, ni siquiera parcialmente en muchos casos, con ningún partido político y mucho menos con sus dirigentes, yo propondría que en la próxima reforma de la ley electoral, que ya urge, se contemplara la posibilidad de votar, en lugar de en positivo, en negativo, esto es, de votar contra un partido en vez de a favor de otro, viendo aquél descontado un voto de los que recibiera. Parece una estupidez, pero no lo es, puesto que representaría mejor que el actual sistema electoral el sentir de los españoles. Y ya se hace en los sondeos, en los que a los encuestados se les pregunta, junto con su intención de voto, su grado de rechazo a los partidos y candidatos en liza.

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