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El PSOE y Europa

Sánchez se suma a Hollande con propuestas sobre la reforma de la UE

Pedro Sanchez en la sierra de Gata (Cáceres)
Pedro Sanchez en la sierra de Gata (Cáceres) EL PAÍS

El Parlamento alemán votará mañana la ratificación del acuerdo sobre el tercer rescate a Grecia. En España no es necesario ese trámite, pero el Gobierno ha convocado para hoy un pleno informativo con votación sobre el acuerdo, y el PSOE, primer partido de la oposición, ha decidido aprovechar la ocasión para plantear una propuesta de resolución sobre reformas que refuercen la UE y especialmente el Eurogrupo. Es una iniciativa que el resto de grupos debería apoyar.

Las sesiones informativas tras reuniones importantes de las instituciones europeas suelen ser de escaso interés, aunque en ellas casi nunca faltan apelaciones a la necesidad de una mayor iniciativa del Gobierno en relación con las políticas de la UE. En el caso del PSOE, tampoco faltan reflexiones sobre la contradicción entre la creciente intervención de las instituciones de la Unión en decisiones que afectan a los españoles, como los recortes y reformas del último periodo, y el desinterés por participar más activamente en la configuración de la Unión misma. La iniciativa del partido de Pedro Sánchez enlaza con la del presidente francés François Hollande de avanzar en la unificación política de la Unión en terrenos como la fiscalidad, la fijación de un salario mínimo común, la edad de jubilación, el seguro de desempleo y otras medidas que eviten las distorsiones provocadas por la excesiva dispersión actual (deslocalizaciones de empresas, por ejemplo).

Ese tipo de medidas, junto a otras de tipo financiero como la ampliación de los fondos contra crisis bancarias, la creación de un fondo europeo de garantía de depósitos y la puesta en marcha de un mercado único de capitales europeos, son las que plantea el PSOE en su propuesta, que ha sido elaborada por economistas del partido o próximos a él como el exministro Jordi Sevilla, Juan Moscoso, Manuel de la Rocha o Ángel Ubide. Todos son sensibles a la idea de que frente a la crisis hace falta más Europa y también, en algunos aspectos, una Europa diferente. Porque a estas alturas de la globalización es utópico intentar poner remedio a los efectos de la crisis solo con políticas nacionales.

La socialdemocracia de posguerra europea consiguió un equilibrio entre crecimiento y redistribución sobre la base de los servicios que garantizaba el Estado del bienestar, financiado con una fiscalidad progresiva. La crisis ha minado esas bases del modelo al fallar el crecimiento, sin el que no hay redistribución. La creciente desigualdad y el empobrecimiento de las clases medias y trabajadoras, en paro o con empleos precarios y mal pagados, son un efecto seguramente duradero de ese agotamiento del modelo. También ha minado en parte sus fundamentos democráticos al atribuir la capacidad de decisión a quienes no habían sido elegidos por los que padecían las consecuencias de sus decisiones.

Por eso, la propuesta incluye también medidas destinadas a reformar las instituciones para estrechar la unión política de los países miembros y poner en marcha un “gobierno del euro” como paso previo en el camino hacia una Europa federal. En resumen, sustituir la queja permanente sobre el declive de la UE por propuestas realistas para revitalizarla.

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