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¿Qué valores?

El marco de valores que gobierna la eurozona se ha deteriorado y ha dejado de ser compartido por todos los actores.

La política gira en torno a dos disputas. La primera versa sobre la “asignación de valores”, es decir, la manera en la que una comunidad define lo que es deseable colectivamente y lo que no. Pero la política no sólo trata de fijar valores, sino de establecer la jerarquía entre ellos y dirimir cuáles se impondrán en caso de conflicto. Esa imposición requiere la autoridad de un Estado, autoridad que a su vez exige una legitimidad democrática, es decir, el consentimiento la ciudadanía. Sin esa legitimidad, la asignación de valores será coercitiva y, por tanto, tan inestable y temporal como la correlación de fuerzas entre los que imponen los valores y los que se ven obligados a aceptarlos.

Sin ese marco de legitimidad que otorga la existencia de una comunidad, la política no es posible, al menos como política democrática, quedando reducida a una mera negociación instrumental. Sin valores previos o superiores que ordenen esas negociaciones, la política se convierte en una mera (segunda), disputa acerca de “quién se lleva qué, cuándo y cómo”. En este caso, las soluciones vienen dictadas exclusivamente por el poder relativo de los participantes, es decir, por el “tanto tienes, tanto vales”.

El encadenamiento de estas dos disputas explica bastante bien lo que está pasando con Grecia. El marco de valores que gobierna la eurozona, que ya era débil y andaba justito de legitimidad democrática, se ha deteriorado y ha dejado de ser compartido por todos los actores. A un extremo griegos, a otro alemanes, y en medio muchos otros, rechazan los valores que ordenan la eurozona, su jerarquía y la manera de resolver las disputas entre ellos. Eso deja el resultado de las negociaciones con Grecia expuestas al poder de los hechos brutos. Desde que Tsipras rompiera la negociación, se retirara de la mesa y convocara el referéndum, ambas partes se han adentrado en el feo terreno de las negociaciones bajo coacción. Y en él seguiremos si no damos con unos valores que ordenen nuestras preferencias y permitan resolver este conflicto en beneficio de todos. ¿Lo peor? Que esos valores emerjan de la pura coacción, en un sentido u en otro, porque entonces no habrá comunidad posible. @jitorreblanca

 

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