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Tranquilo, tienes más tiempo libre del que crees: cómo identificarlo

Cada vez decimos que estamos más ocupados pero los datos aseguran que es todo lo contrario. ¿Qué provoca este engaño?

Tiempo libre bien aprovechado una tarde de los años cuarenta en Copacabana (Brasil)
Tiempo libre bien aprovechado una tarde de los años cuarenta en Copacabana (Brasil) Cordon Press

Hay un conflicto poco comentado en nuestras agendas, uno que libran los datos y la cultura. Los primeros aseguran que en la actualidad trabajamos menos horas a la semana (y que dormimos menos también). La segunda, sin embargo, vuelve siempre a la sensación de que estamos más ocupados que nunca y que el tiempo libre es cada vez más escaso. Es decir: en todo el mundo estamos menos ocupados de lo que nos gusta hacernos creer. Así lo cree el sociólogo estadounidense John Robinson, de la Universidad de Maryland, que se dedica a investigar en qué emplean el tiempo sus compatriotas comparado con cómo lo hacían en los últimos 50 años. Su conclusión es que la frase "Últimamente ando muy ocupado" es más una expresión que otra cosa.

Es el sentido de alienación el que ha cambiado. El tiempo de descanso o de recogimiento se ha vuelto sospechoso para la sociedad

Laura Suárez, centro de investigaciones de psicoanálisis, medicina y sociedad de Paris VII-Diderot

En España, en las encuestas más recientes del Instituto Nacional de Estadística sobre empleo del tiempo, los datos van por el mismo camino. Si en 2003, una encuesta sobre empleo del tiempo decía  que los españoles dormíamos una media de 8,48 horas diarias y dedicábamos 7,49 a trabajos remunerados, el último estudio reduce esos parámetros. En julio de 2011 dedicábamos siete horas a la semana laboral y dormíamos una media de ocho horas. Lo cual lleva a la terrible pregunta: ¿qué ha pasado con nuestro tiempo libre?

“Me parece que eso tiene que ver con algo que la filosofía y la sociología crítica de inspiración marxista subrayan desde hace varias décadas: que el tiempo de ocio integra la sensación de alienación propia del tiempo de trabajo porque, entre otras cosas, sigue sometido a las exigencias tradicionalmente propias del trabajo", opina Laura Suárez, investigadora asociada del Centro de Investigaciones en Psicoanálisis, Medicina y Sociedad de Paris VII-Diderot. "Esto es: la rendición de cuentas (vía redes sociales, por ejemplo), la falta de autonomía (propia de sociedades donde la emancipación se asocia a la libertad de consumo y no a la libertad de pensamiento) y la automatización de la vida y de las emociones”. Asegura Robinson que cuando preguntó a ciudadanos norteamericanos sobre la cantidad de horas diarias que dedicaban a dormir, la mayoría tenía la sensación de dormir menos cuanto más dicen que están ocupados. Como si repetir una sentencia la convirtiera en cierta. Además Robinson apunta que para los encuestados, estar muy ocupado es sinónimo de ser importante, relevante en una empresa.

Llevarse el trabajo a casa, tener el correo encima todas las horas del día, diluir los usos de los dispositivos móviles entre lo personal y profesional alimenta el agotamiento y sensación de poco espacio libre

Llevarse parte del trabajo a casa y dejarlo sobre la mesa, mientras te repites una y otra vez que tienes trabajo que hacer, dilata la sensación de estar sometido a la jornada laboral, aunque no estés de hecho con las manos en la masa. Llevar el correo encima todas y cada una de las horas del día, diluir los usos de los dispositivos móviles entre lo personal y profesional sin establecer una clara separación también alimenta el agotamiento y sensación de poco espacio libre. “Pienso que fundamentalmente es el sentido de alienación el que ha cambiado", sentencia Laura Suárez. "El tiempo de descanso o de recogimiento se ha vuelto sospechoso para una sociedad donde los regímenes de placer y las formas de desear han sido adaptadas a un patrón único marcado por la aceleración del tiempo de la vida y la acumulación de experiencias de goce prêt-à-porter".

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