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Tratar la miopía observando las estrellas

Un grupo de la Universitat de Valencia aplica de forma pionera la óptica adaptativa para prevenir el desorden ocular más frecuente en el mundo

Robert Montés (izq) y David Madrid, del GIO, en la Facultad de Físicas UV.
Robert Montés (izq) y David Madrid, del GIO, en la Facultad de Físicas UV.

Sin la óptica de su telescopio, Galileo no habría podido descubrir las lunas de Júpiter ni pasar a la historia como el padre de la astronomía moderna. Pero, cuatro siglos después, son los medios avanzados para observar las estrellas los que pueden arrojar luz sobre la miopía, la enfermedad ocular más habitual en el mundo, para la que todavía se desconoce un tratamiento efectivo. En óptica adaptativa, la técnica que mejora las imágenes del universo, trabaja el grupo de investigación en Optometría (GIO) de la Universitat de Valencia, aplicándola de forma pionera para prevenir y hallar soluciones al ojo miope.

Si usted ve mal de lejos, puede que padezca miopía a causa de la herencia genética o el exceso de actividad en visión próxima, en tareas cotidianas como trabajar de cara al ordenador, leer libros o mandar mensajes por WhatsApp. Aunque la optometría es una de las disciplinas biomédicas más avanzadas en tecnología diagnóstica, como la cirugía de cataratas o sistemas de visualización del ojo, los remedios paliativos a este desorden ocular, en forma de gafas, lentes de contacto y cirugía refractiva, no evitan su progresión, con el riesgo de derivar en desprendimiento de retina, mayor prevalencia de glaucoma, cataratas o ceguera.

Comprender por qué la miopía crece con el paso del tiempo y deriva en graves patologías asociadas es la base del trabajo de investigación del equipo valenciano liderado por el catedrático de Óptica Robert Montés. La investigación, integrada desde 2012 en los prestigiosos proyectos del European Research Council (ERC) y dotada con un millón y medio de euros, comienza este año la fase de experimentación en humanos, con pruebas no invasivas, mediante la aplicación de la óptica adaptativa, una técnica astronómica que permite corregir las perturbaciones de la atmósfera al captar imágenes del universo desde determinados telescopios.

En su traslación a la visión humana, la óptica adaptativa, a diferencia de la convencional, separa las señales que llegan a la retina, por lo que los investigadores pueden interpretarlas como buenas --si permiten ver con nitidez-- o malas --si mandan al cerebro incrementar la longitud axial de la retina. “Si llegamos a detectar las señales perjudiciales, podremos proponer diseños específicos de gafas o lentes de contacto que impidan la progresión de la miopía, aplicándolas en niños, debido al crecimiento y a la actividad en visión próxima propia de la etapa escolar”, explica Montés, cuyo grupo espera conseguir entre 2015 y 2016 resultados con los que comenzar las pruebas de concepto para crear los nuevos prototipos.

Comprender por qué la miopía crece con el paso del tiempo y deriva en graves patologías asociadas es la base del trabajo de investigación

La búsqueda de soluciones para a la miopía urge, indica Montés, cuando esta enfermedad ocular prevalece en el 40% de la población en Estados Unidos y en el 30% en Europa. “En los países asiáticos la prevalencia está entre el 60 y el 80%, debido al factor genético. Pero lo preocupante es el crecimiento de la población miope en los países desarrollados a causa de la actividad en visión próxima, en espacial por el uso de dispositivos móviles. En los últimos 30 años, en Estados Unidos ha aumentado un 10% cada década, cuando apenas existían esas tecnologías, con un coste anual de 7.000 millones de dólares para la corrección y tratamientos de la miopía. Europa necesita financiar proyectos como este para no quedarse a la cola de la investigación desarrollada por Estados Unidos y los países asiáticos”, destaca este catedrático de Óptica de Valencia.

Junto a la óptica adaptativa, el equipo de Montés estudiará la aplicación de técnicas computacionales de la astronomía para analizar las señales que llegan a la retina, en un proyecto recién concedido por el programa nacional Explora, que comparte con el grupo de astrofísicos dirigido por el profesor Miguel Ángel Aloy, también de la Universitat de Valencia, que investiga las erupciones de los rayos gamma en el principio de la vida de las superdensas estrellas de neutrones.

Al igual que los sismógrafos con los terremotos, los astrofísicos recogen patrones periódicos, llamados modos normales de oscilación, al medir los “estrellamotos” --las sacudidas en las estrellas de neutrones--, obteniendo información con la que acceder a su interior y conocer la materia que compone estas estrellas a través de sus vibraciones. La técnica para conocer cuáles son esas frecuencias en la Tierra, el Sol o las estrellas, es la que esperan aplicar sin precedentes los equipos de Aloy y Montés a la visión humana.

Europa necesita financiar proyectos como este para no quedarse a la cola de la investigación desarrollada por Estados Unidos y los países asiáticos"

Imagine que el ojo es una pelota elástica que, al cambiar la potencia para enfocar de lejos o de cerca, se tensa y relaja a través de sus músculos. Analizar las oscilaciones --las ondas portadoras de energía e información-- que se transmiten por el humor vítreo, la sustancia gelatinosa interna del ojo, y se reciben por receptores nerviosos, podría ayudar a resolver la clave, todavía desconocida, sobre los mecanismos oculares para acomodar. “Como los electrocardiogramas que detectan signos de una patología, buscamos un modelo sencillo de ojo en el que observar las desviaciones respecto del comportamiento normal para extraer conocimiento sobre el origen de la miopía”, explica Aloy.

Ocho millones de euros en dos años

El GIO, compuesto por 25 investigadores cuya media de edad apenas supera los 30 años, es uno de los equipos mejor financiados de la Universitat de Valencia, al conseguir una dotación de más de ocho millones de euros en menos de dos años por su actividad investigadora en iniciativas europeas como Ageing Eye, dirigido a tratar el envejecimiento ocular, y EDEN, para el ojo seco, una de las causas más frecuentes de consulta en oftalmología y optometría, como señala el investigador principal del proyecto, David Madrid. “Los factores que provocan el ojo seco son el envejecimiento, la exposición a calefacciones o aires acondicionados, los entornos cerrados o el uso de ordenadores, que hacen disminuir la frecuencia del parpadeo. Se estima que el futuro de la prevalencia de la enfermedad incremente mucho, con el gran problema añadido de no haber todavía una herramienta eficaz de diagnóstico ni tratamientos curativos”.

“Proyectos como estos posicionan a Valencia como un núcleo potente en nuestro ámbito, cuando se ha pensado siempre que Reino Unido y los países del norte de Europa iban a la vanguardia de la investigación”, concluye Madrid, miembro del GIO.