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Una millonaria rodeada de lobos

Se acusa a diez hombres de aprovecharse de la debilidad de la dueña del imperio L’Oréal

Francoise Bettencourt-Meyers, hija y heredera de la dueña de L'Oreal, Liliane Bettencourt, a su llegada a la corte de Burdeos.
Francoise Bettencourt-Meyers, hija y heredera de la dueña de L'Oreal, Liliane Bettencourt, a su llegada a la corte de Burdeos. REUTERS

Los últimos años de Liliane Bettencourt, cuya historia un tribunal de Burdeos va a rememorar en detalle durante cinco semanas, tiene todas las trazas de ser un relato vergonzante. La poseedora de un 30% de las acciones del imperio L'Oréal y, en consecuencia, una de las mujeres más ricas del mundo, fue víctima, presumiblemente, de al menos una decena de aprovechados que, valiéndose de su senilidad y su Alzheimer, desviaron millones de euros a sus propios bolsillos. El juicio iniciado este lunes en Burdeos ha comenzado con una sorpresa muy en línea con los ribetes de folletín de esta historia: el intento de suicidio del enfermero de la millonaria. Alain Thurin, de 64 años, intentó ahorcarse este domingo antes de comparecer ante el tribunal que le acusa de haberse gestionado una pensión suplementaria de 1.600 euros mensuales, más una herencia de diez millones consignada en el testamento de la anciana. Thurin se debate ahora en un hospital entre la vida y la muerte.

El choque emocional ha sido importante en la sala donde se ha iniciado el juicio. “Ha sido muy triste conocer lo sucedido a una persona que trabajó tantos años para Bettencourt”, ha dicho el abogado de la millonaria Benoit Ducos-Ader a la salida de la sala de vistas. Para que no falte ningún ingrediente, este lunes se ha añadido el de la espera para desvelar toda la trama: los jueces han suspendido el proceso ante la consulta de constitucionalidad presentada por dos de los acusados.

Pero si este caso tiene una dimensión extraordinaria se debe a la presunta implicación de Nicolas Sarkozy. El escándalo fue el primero que persiguió al exjefe del Estado dos meses después de ser desalojado del Elíseo, en mayo de 2012. La justicia investigó a Sarkozy por considerar que también él había detraído dinero de la fortuna de los Bettencourt para financiar ilegalmente su campaña electoral de 2007. La casa de los Bettencourt era habitualmente frecuentada por políticos de alto nivel y Sarkozy fue uno de ellos, pero las indagaciones, registro del domicilio del exmandatario incluido, no corroboraron tales sospechas. En su lugar, uno de los diez imputados que tiene que testificar en Burdeos es su ministro de Presupuestos y Trabajo y tesorero del partido, la UMP, en la época Éric Woerth.

Los dos principales actores de este drama, Sarkozy y Liliane Bettencourt, serán, por tanto, los dos grandes ausentes del proceso. Él estaba este lunes en Berlín visitando a Angela Merkel, libre de este asunto, aunque no de otros escándalos de corrupción que le persiguen. Ella, con 92 años cumplidos, está inhabilitada por orden judicial desde finales de 2011. Su hija, Françoise, y sus dos nietos, Nicolas y Jean Victor, son los detentadores y gestores de la fortuna. El mayordomo y la contable de la familia son los dos testigos de cargo, los únicos que parecieron estar dispuestos a desactivar el enjambre de parásitos desalmados que rodearon a la millonaria a medida que esta perdía la razón y la capacidad de discernimiento.

Francois-Marie Banier, a su llegada al juicio.
Francois-Marie Banier, a su llegada al juicio. REUTERS

Ante el tribunal de Burdeos desfilarán los diez acusados, entre los que destacan por su aparente avaricia el fotógrafo François-Marie Banier, un seductor y embaucador que arrancó a la millonaria un seguro de vida por valor de 262 millones de euros, Patrice de Maistre, su administrador, que ganaba 800.000 euros al año y logró una donación de 12 millones, y Stéphane Courbit, un empresario que convenció a la vieja dama de invertir 143 millones en su grupo. Juristas, abogados y notarios completan la decena de acusados; algunos de ellos, simplemente, por dejar hacer a los cuervos.

El fiscal de Burdeos ha pedido que se deje fuera del proceso a Éric Woerth, pero este tiene otro caso abierto en París por tráfico de influencias, de modo que la madeja seguirá deshaciéndose más allá de las cinco semanas que dure la vista oral ahora abierta. Los jueces dirimen ahora si la consulta de constitucionalidad planteada por Banier y De Maistre permite continuar el juicio este martes u obliga a retrasarlo un poco más.