Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Dime dónde vives y te diré cómo has nacido

Aunque la postura horizontal está asimilada, muchas mujeres de todo el mundo apuestan por el parto vertical a la hora de dar a luz

Ceferina Siñani da a luz de rodillas en el hospital boliviano-español en Patacamaya, con el que Médicos del Mundo colabora.
Ceferina Siñani da a luz de rodillas en el hospital boliviano-español en Patacamaya, con el que Médicos del Mundo colabora.

Dar a luz es una práctica tan habitual como personas hay y ha habido sobre la faz de la tierra desde los albores de la humanidad. Hoy en día, la posición más común que adopta una mujer cuando va a dar a luz es tumbada boca arriba, pero ni siempre fue así ni es la única manera de venir al mundo; es más, en numerosas culturas repartidas por todo el globo, se nace de otra manera.

Durante siglos, las mujeres elegían sentarse o ponerse en cuclillas para empujar. Hay pinturas rupestres que representan ese momento, como la encontrada en la región de Anatolia (Turquía) de la diosa Catal Hüyük, de 6.000 años de antigüedad y representada pariendo sentada en un trono. Famosa es también la escultura azteca de Tlazolteotl, en posición de cuclillas y apoyando sus pies sobre unas alzas de pocos centímetros para mantener la postura estable. Grabados de la antigua Roma y de la cultura moche de Perú dejaron constancia también de esta postura. Este uso cambió a partir del siglo XVII, cuando el famoso ginecólogo Mauriceau empezó a acostar a las mujeres para poder utilizar el fórceps durante el alumbramiento. Posteriormente, con el uso de la epidural, se favoreció esta postura porque es difícil mantener otra cuando se está bajo el efecto de anestésicos.

Aunque la postura horizontal está asimilada, muchas mujeres de todo el mundo apuestan por el parto vertical a la hora de dar a luz. La Organización Mundial de la Salud recomienda que la mujer pueda elegir aquella con la que se sienta más cómoda porque sentirá menos dolor y la salida del niño será más natural. Entre ellas se incluyen de rodillas, tumbada de lado, semi sentada o, incluso, de pie. La OMS desaconseja, sin embargo, la litotomía, es decir, parir tumbada boca arriba con las piernas en alto. Aunque es más cómoda para los sanitarios, la mujer sufre más dolores y la sangre no llega bien al feto.Tampoco es partidaria de la maniobra de Kristeller, es decir, presionar el vientre de la mujer para que salga el feto, pues existen riesgos de hemorragias y de rotura del útero. "La postura que adoptamos aquí [en los hospitales de Europa y otros países occidentales] es antinatural, pero la aceptamos como natural", opina Ana María Mateos, trabajadora de Médicos del Mundo en Guatemala. "La comparación más lógica es con la defecación: si tienes que expulsar algo, estar tumbado y con las piernas hacia arriba no es la mejor opción porque el canal de parto queda hacia arriba también. Es mejor estar en posición vertical porque puedes aprovechar la fuerza y, sobre todo, la gravedad".

Cada año mueren más de medio millón de mujeres por complicaciones en el embarazo y el parto

En las comunidades indígenas de todo el mundo el parto suele ser un proceso rápido y fácil en el que tiene una importancia fundamental la matrona o partera. No hay que olvidar, no obstante, que cada año mueren más de medio millón de mujeres y niñas por complicaciones en el embarazo y parto, según Unicef, debidas en gran parte a la inexistencia de centros de salud donde puedan practicarse intervenciones quirúrgicas, a la falta de transporte para acceder a los mismos o a la escasez de medidas de higiene y de recursos básicos como el agua.

Las maneras de dar a luz y todas las costumbres y rituales que las rodean son tantas como grupos humanos existen. A continuación, una breve muestra de esa diversidad.

Camboya

En la provincia de Ratanakiri, el 99% de las mujeres indígenas dan a luz en sus aldeas, en una choza construida especialmente para el parto que está separada de la casa principal y que se destruye unos días después del alumbramiento porque se da mucha relevancia a la privacidad. No obstante, diversas organizaciones como la británica Christian Aid trabajan en la creación de centros de salud con adecuación cultural para que las madres decidan utilizarlos sin miedo a perder su privacidad o sus costumbres, como no permitir la intervención de hombres. Existe una fuerte creencia en las fuerzas espirituales; cuando una mujer tiene problemas con el parto, se hace llamar a un curandero para que averigüe la causa del mal y, en función de una u otra, realice algún ritual que puede incluir el sacrificio de animales.

China

Muchas mujeres chinas, cuando estás embarazadas, asumen un rol de enferma y dependen en gran medida de otros para obtener ayuda, según este informe del Gobierno de Queensland (Australia). Se cree que el embarazo y sobre todo el parto perturban el equilibrio entre el frío y el calor del cuerpo que es necesario para gozar de buena salud. Para no alterarlo, se alimenta a la futura madre con sopas y caldo de pollo, y no se le permite comer cordero debido a la creencia de que puede provocar que el bebé sufra epilepsia (las dos palabras son similares), ni piña porque se asocia al aborto involuntario. También se considera que las mujeres no deben llorar ni gritar durante el parto, que ellas suelen realizar sentadas o en cuclillas y asistidas por su madre o su suegra. Algunas mujeres son confinadas durante unos días después del alumbramiento. Durante ese periodo tienen que descansar, vestir ropa de abrigo, no ducharse y comer solo alimentos calientes. En algunas comunidades de Guandong y Hong Kong las mujeres no pueden sentarse a la mesa con otros miembros de la familia durante el primer mes después de dar a luz porque se cree que son contaminantes.

Filipinas

Para los mangyans, un grupo indígena que vive en áreas montañosas de la provincia del Mindoro oriental, la mortalidad materna e infantil era un problema acuciante porque los partos eran asistidos por los maridos y por parteras sin formación suficiente. No está permitido que un médico toque a las mujeres mangyan, y se dan muchos contagios de tétanos durante el nacimiento porque se utiliza una rama de bambú afilada para cortar el cordón umbilical. De acuerdo a sus creencias, si se toca a un niño con algún objeto metálico cuando llega al mundo, tendrá mala suerte toda su vida. Para luchar contra la mortalidad materna e infantil, organizaciones como el Banco Asiático de Desarrollo están introduciendo las llamadas Balay Mangyan, es decir, instalaciones para dar a luz en la misma aldea en la que se ofrece medicina moderna y trabajadores capacitados, pero también se respetan las tradiciones de estos pueblos, como la participación del marido.

Guatemala

El baño en el temascal (o baño de vapor) es un aspecto importante de la práctica de partería en los alrededores del municipio de Concepción Chiquirichapa, al oeste del país. Allí, cada hogar tiene uno en el patio. Manos Unidas ha documentado cómo, en los primeros días del posparto, la mujer entra al temascal con su partera para recibir los baños calientes. La comadrona enjabona el cuerpo entero de la mujer con jabón negro poniendo especial atención en el abdomen para que sane el útero, y en la espalda para que fluya la leche. También recibe golpecitos con ramas de hierbas. Otro ritual importante es el tratamiento de la vagina con vapor. Primero se tira agua sobre las piedras calientes para formar nubes intensas de vapor. La madre se pone en cuclillas con la partera detrás y ella sopla el vapor sobre los genitales; así el calor y el vapor de hierbas entran el útero para ayudar a cicatrizar la herida dejada por la placenta. El tratamiento es igualmente útil para sanar laceraciones perineales, episiotomías, y las heridas de las cesáreas. El fuego del temascal también sirve para quemar la placenta, pues  se cree que el vientre y la placenta mantienen una conexión aunque estén separadas después del parto, así que al poner la placenta en el fuego, a su vez se calienta el vientre y al encogerse con el fuego, se encoge también el vientre.

Bolivia

En la cultura aymara, como en tantas otras, las parteras tienen una importancia capital. Antes del alumbramiento masajean la barriga de la mujer con pomada de coca o de eucalipto para colocar al bebé en caso de que no esté en la posición adecuada para salir. También practican el manteo, es decir: cogen una manta por los picos, la colocan debajo de la mujer, que está tumbada, y la mueven de un lado a otro. Este balanceo colocará el feto. Médicos del Mundo también promueve salas de parto con adecuación cultural en los hospitales del altiplano boliviano con el fin de reducir las tasas de mortalidad materna e infantil, muy altas porque en las aldeas no hay tratamiento médico adecuado para una complicación durante el parto. En estas salas se busca la interacción entre la medicina tradicional y moderna: están decoradas al estilo de las cabañas aymaras, los familiares y las parteras pueden estar presentes durante todo el proceso y las mujeres eligen la postura en la que parir, que suele ser de rodillas, semi sentada o en cuclillas.

Venezuela

Cuando las mujeres yekuana, una minoría que vive a orillas del Orinoco, sienten que el momento de dar a luz está cerca, se bañan en el río y toma bebidas hechas con diversos tubérculos cocidos para que tengan más fuerza y no sangren mucho durante el parto. En algunos casos se llama a un chamán para que la mujer sea "soplada", y así el niño venga rápido y sin problemas. En la actualidad, se recurre también a médicos o enfermeras para que suministren algún calmante a la parturienta. El padre también tiene un papel: debe prepararse espiritualmente para el parto restringiendo los días previos el consumo de carne de cacería. También limpia el lugar donde se realizará el parto, realiza un fuego para calentarlo y hierve el agua necesaria para la madre y el niño. Las personas que asisten son generalmente la madre de la embarazada y una partera. En el espacio donde se dará a luz se prepara una hamaca para que la mujer se agarre y algunos trapos y esteras en el suelo por si se quiere sentar. La mayoría dan a luz así o arrodilladas, pero algunas lo hacen de pie y apoyadas en alguien que las sujeta por detrás, como su esposo o cuñada. Cuando el niño nace, se corta el cordón umbilical con una tijera, aunque tradicionalmente se utiliza también la shimada, una fibra cortante. En algunos casos se hace con los dientes.

Colombia

En las minorías indígenas afrocolombianas, el proceso de gestación y parto es guiado por ancianas parteras de la comunidad. El alumbramiento se realiza en las casas y las mujeres generalmente dan a luz arrodilladas, o agarradas a una hamaca mientras otra persona, que puede ser familiar o la propia matrona, la sostienen de las axilas. Cuando el niño nace, esta lo envuelve en un pedazo de tela limpio y es alimentado por otras mujeres que están criando mientras la madre “recupera líquido en el seno”. Para evitar complicaciones durante el parto, no se permite a la mujer alimentarse con frutos voluminosos como la guanábana o la papaya porque se cree que pueden causar un crecimiento excesivo de la cabeza del bebé. La madre, durante los ocho meses siguientes, también deberá seguir una dieta específica. En la cultura embera se prohíbe usar recipientes y cucharas grandes hechas de madera de totumo porque causarán que el niño nazca con boca de sapo. Esta comunidad también entierra el cordón umbilical del recién nacido con un objeto proveniente de la naturaleza, ya sea animal o planta, para que el niño adquiera sus habilidades Una garra de oso ayudará a que el niño sea más fuerte, por ejemplo. Los tule también entierran la placenta para evitar que la madre enferme.

Islas Sandwich

En estas islas de Oceanía el parto es un espectáculo público, y cuando una mujer va a dar a luz, familiares y amigos llenan la estancia para presenciar el proceso y animarla con gritos y cantos, describe un estudio antropológico del Instituto Gorgas para estudios de la salud de Panamá. Allí tampoco se corta el cordón umbilical después del parto sino cuando ya ha salido la placenta. Para acelerar la expulsión, la propia madre se introduce los dedos en la garganta para provocarse náuseas y con ellas, la contracción del diafragma.

Sudáfrica

Las bantú suelen ser atendidas por parteras alguna mujer anciana de la comunidad con experiencia en traer niños al mundo. Después del alumbramiento, la mujer debe reposar dentro de su choza con el bebé hasta que deja de sangrar. La placenta y el cordón umbilical son enterrados, pero si este último se cae cuando lo están cortando se interpreta como que el niño no solo pertenece a la madre sino a toda la comunidad. La tradición manda que se sacrifique un animal y se regale la piel al niño como prenda de abrigo. Las mujeres San suelen parir sin ayuda, por lo que a muchas niñas se les ordena presenciar cómo otra mujer da a luz para que aprenden a enfrentarse a sus miedos.

Argelia

Para provocar las contracciones uterinas y acelerar el parto, se quema pelo de un león bajo la nariz de la parturienta. El olor es tan desagradable que la mujer siente náuseas inmediatamente. También se arroja a la lumbre excrementos de camello, con el mismo fin.