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COLUMNA

A la cara

Para que el PP no se sienta ni se siente solo, en los banquillos de los acusados, el PSOE está teniendo la caridad de entregar de vez en cuando las cabezas de algunos presuntos chorizos que merecen los titulares de los periódicos.

Es notable que la defensa de estos tipos sea siempre la misma que la de los derechistas implicados en abusos. Y muy notable que en algunos casos como el de Narcís Serra, provengan de gente tan relevante y comprometida con muchas reformas democráticas de los años últimos.

A mí, en todo caso, me llama mucho la atención el caso de Juan Pedro Hernández Moltó, del que guardo un recuerdo imborrable cuando interrogaba a un acabado Mariano Rubio en el Parlamento, con un latiguillo inacabable: “Míreme a la cara, de frente, señor Rubio”. Rubio no estaba en sus mejores días, ni tenía a mano los mejores argumentos, pero sus pecados eran cien veces menores que los que ha reunido Hernández Moltó al frente de la Caja de Castilla-La Mancha.

Podemos pedir a Hernández Moltó que nos mire a nosotros. Es uno de los tipos más impresentables que he visto en la política. Y sigue llevando chófer y puro cuando va a un restaurante caro.

Míreme a la cara, de frente, señor Moltó. Aproveche la última oportunidad para salvar lo que le queda de dignidad.

No hay que ser muy tiquismiquis para sentirse ofendido por la presencia tan descomunal de chorizos en la política. ¿Cuando uno va a la política va a eso? Sabemos que no, pero no sabemos por qué sí. En estos momentos es difícil saber si hay un solo político del PP mediterráneo que no tenga un carpetón en un juzgado, e igual de difícil ver un sindicalista o un político de izquierda libre de culpa en una Caja de Ahorros.

Mírennos.

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