Este coche tiene enchufe

Las grandes ciudades empiezan a poner el stop a los vehículos más contaminantes Los eléctricos y los híbridos enchufables (plug-in) predominarán en las smartcities

Unos coches pasan la marca de la zona de alta congestión en Londres.
Unos coches pasan la marca de la zona de alta congestión en Londres.Reuters

Amanece en una cualquiera de los cientos de urbanizaciones que tapizan el extrarradio de cualquier gran ciudad. Suena el despertador en el smartphone. La radio se sintoniza en la tableta mientras ponemos en marcha la máquina de café y entramos a trompicones en la ducha. En el garaje, el coche en cambio, está ya despierto y mucho más espabilado esperando a su conductor desde hace un rato: tiene la batería a tope, e incluso la temperatura interior idónea para poder salir a la calle en cualquier momento sin perder un solo vatio de las pilas en calentar el interior. Y es que la aplicación del móvil permite programar al minuto las recargas de toda la semana disfrutando una tarifa especial que aprovecha los excedentes de energía eólica y/o nuclear de las horas valle nocturnas que antes se desperdiciaban. Además, se puede elegir también la temperatura ambiente.

Los nuevos automóviles se quieren parecer cada vez más a los móviles y tabletas. Es decir, quieren ser smart o inteligentes. Y sobre todo se han empeñado en cambiar sus connotaciones agresivas y contaminantes para convertirse en cómplices amigables y simpáticos. El primer paso de esa evolución pasa por la optimización del combustible. La crisis, los precios de la gasolina y el gasóleo – siempre en ascenso permanente, salvo en momentos puntuales como las últimas semanas - y las restricciones de acceso al centro en muchas ciudades, invitan a cambiar el chip y hacer las cosas de otra manera. Pero sobre todo, obligan a cambiar las fuentes de energía clásicas por otras diferentes y sostenibles. Y por ahora, la única solución madura y neutra - al menos cuando se obtiene de fuentes renovables- es la electricidad.

Los nuevos automóviles se quieren parecer cada vez más a los móviles y tabletas

Se abre la puerta del garaje y empieza una nueva jornada laboral. Aunque multitud de cifras y estadísticas constatan que el uso del automóvil está cambiando en los últimos años y empiezan a ceder terreno en las calles, más del 70% de los trayectos que no se hacen a pie en los países de la OCDE, se siguen realizando con un volante entre las manos. Así, el coche sigue siendo clave en la movilidad diaria, pero las grandes compañías del sector saben desde hace tiempo que la era de los combustibles fósiles tiene los días contados. Y eso implica modernizarse e invertir cantidades ingentes de recursos en desarrollar y adoptar nuevas tecnologías que vayan acercando el automóvil a la sostenibilidad. Además, tienen también claro que quién antes lo consiga disfrutará una ventaja estratégica que puede ser definitiva.

Los e-coches de última generación son el principio de ese cambio, y en particular los híbridos enchufables o plug-in en su terminología sajona. El último en llegar, el Audi A3 Sportback e-tron; primer híbrido enchufable de la firma alemana, combina gasolina y electricidad a elección del cliente. Así se pueden disfrutar las ventajas de un coche eléctrico cuando se circula en ciudad, y las prestaciones y autonomía de un modelo convencional cuando se necesita viajar.

“Mi propio apartamento, un coche y un montón de mujeres”. Con tan pocas palabras sintetizaba Arthur Miller el sueño americano en Muerte de un viajante. El coche era algo aspiracional y clave para el éxito personal. Las nuevas generaciones no lo ven exactamente igual: ahora el automóvil tiene que ser útil. Y no debe generar problemas, sino solucionarlos. La contaminación y los atascos, que afectan a las grandes capitales del mundo, se han traducido en complicaciones y gastos para los conductores; en impuestos sobre el combustible y tasas en el uso de los vehículos que más emisiones de partículas y gases de efecto invernadero producen.

Tras circular los primeros kilómetros por la autopista interurbana utilizando el motor de combustión para mantener a tope las baterías, entramos ya en el centro de la ciudad. Y llega el momento de elegir el modo eléctrico “EV”, que convierte nuestro coche híbrido en un eléctrico puro. Ahora tenemos entre 30 y 50 kilómetros de autonomía para circular con las baterías según el cuidado con que conduzcamos. Y todo en un silencio mecánico absoluto tan reconfortante como relajante que cambia la mentalidad de quién conduce. Si hace años lo que se suponía que molaba era salir el primero del semáforo, incluso chirriando ruedas, ahora el desafío pasa por utilizar todas las técnicas de conducción posibles para aprovechar las inercias y alargar la autonomía. Cualquiera que haya conducido un coche de baterías coincide en que tiene su punto, aunque exige mucha concentración: hay que acelerar siempre a punta de gas mimando el pedal, calcular si el semáforo se va a poner rojo para desacelerar antes y llegar a vela cargando las baterías…, alargar las frenadas y parar con suavidad para recuperar más energía…

Poco a poco, las ciudades han ido adaptando sus centros a los e-coches

Pero las ventajas de la electrificación no acaban ahí. En realidad y al margen de sus aportaciones ambientales, esta tecnología convierte nuestro coche en un elemento sostenible y nos otorga un salvoconducto frente a muchas limitaciones. Así, nuestro coche híbrido enchufable no tendría que abonar la congestion charge de Londres, que grava cada el acceso al centro de la urbe de miles de conductores; ni tampoco el nuevo sistema de estacionamiento regulado de Madrid, que obliga a pagar más a los coches más antiguos que generan más contaminación y libera a los de emisiones cero. Incluso evitaría la prohibición de acceder en días alternos a determinados vehículos en ciudades como México o París, en las que se aplican estas medidas cuando se superan los límites permitidos de polución.

La electrificación del automóvil evita todos estos inconvenientes, porque los modelos de baterías están exentos de pagar dichas tasas, que en los últimos años han ascendido entre un 7% y un 22% en España, según la OCU, y van a seguir haciéndolo de forma exponencial en un futuro más o menos cercano. También permiten aparcar gratis e incluso aprovechar las plazas de los postes de carga para dejar el coche y llenar las baterías, en muchos casos sin coste ninguno. Además, en algunas zonas gozan de prioridad de aparcamiento. Y teniendo en cuenta que en ciudades como Madrid un 16% de los conductores dedica entre 30 y 40 minutos a encontrar sitio, según un estudio de movilidad de IBM, tener un lugar reservado para tu e-coche es todo un lujo.

“Muchos jóvenes prefieren invertir el dinero que cuesta el carné en un teléfono o una tableta”, sentencia Weert Canzler, investigador de movilidad en el Wissenschaftszentrum de Berlín. “Sus prioridades han cambiado”, agrega. Los millenials (la generación nacida después de 1980) no tienen tanto apego a los automóviles como sus padres. O por lo menos a los coches tal y como los entendíamos hasta ahora. Algunos prefieren la tecnología al motor, y de ahí que demanden vehículos inteligentes, que optimizan su uso para ahorrar tiempo y dinero.

El coche electrificado aporta libertad de movimiento y evita limitaciones. Y ahorra, tanto en combustible como en impuestos. Como la autonomía es limitada, la posibilidad de recargar durante el día es siempre muy interesante, aunque en los híbridos enchufables el motor de gasolina permite también recargarlas en marcha. Pero con un cargador industrial como este, las pilas se llenan a tope en solo dos horas, poco más de lo que dura una reunión o una comida de trabajo.

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Poco a poco, las ciudades han ido adaptando sus centros a los e-coches. Aunque todavía hay pocos –en EE UU representan menos del 1% de la flota- gozan de estaciones de recarga en las ciudades, sobre todo en el centro. En muchas de ellas, además, la recarga es mucho más barata o gratuita, como en la mayoría de las urbes de Noruega, el paraíso del coche electrificado. También por la noche (entre las 00.00 y las 7.00), cuando el consumo de energía es mínimo y se producen excedentes, la recarga se puede realizar de manera más económica o incluso sin cargo, aprovechando las tarifas valle o supervalle de las compañías eléctricas.

“Lo de sacar brillo al coche el domingo por la mañana está un poco pasado de moda”, opina Tom Worsley, del instituto británico para el estudio del transporte (ITS). Esa imagen cotidiana hasta hace un par de décadas ha perdido ya todo el glamur. Ahora puede resultar mucho más cool tener el coche eléctrico a la puerta de casa recargando las baterías. Con estos modelos las ciudades se hacen más cómodas, silenciosas y accesibles, y desaparecen las limitaciones. En resumen, la vida es más fácil, agradable y barata que cuando se convive con un motor de combustión. Y como los nuevos conductores no se conforman y quieren más, la industria no va a dejar pasar la ocasión de ofrecerles lo que desean.

Esta información, patrocinada por Audi, ha sido elaborada por un colaborador de EL PAÍS.

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