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EDITORIAL

El PSOE gana el debate

Voluntad de mantener al partido en el centroizquierda y no ceder ante el soberanismo

La celebración del debate entre los tres aspirantes a la secretaría general del PSOE representa una primera victoria para un partido político que saca sus problemas al espacio público y los discute en un formato televisado y transmitido por Internet. Representa una experiencia inédita en un país en el que los partidos han acostumbrado a la ciudadanía y a sus bases a resolver las discusiones entre un puñado de notables, con la consiguiente desafección hacia la política de sus propios afiliados. Nada de cuanto se vio ayer hace pensar en un partido de corte asambleario, sino en tres candidatos que hablan y se comprometen delante de las personas llamadas a tomar una decisión, en primer lugar los 198.000 afiliados al PSOE; si ellos no se convencen del proceso en marcha, difícilmente movilizarán a muchos cuando lleguen las urnas.

Los tres candidatos dedicaron demasiado espacio a las cuestiones de procedimiento interno, tal vez por aquello de que el triunfo de uno de los tres depende del voto de la militancia. Eduardo Madina instó a sus compañeros y adversarios a comprometerse a convocar primarias abiertas en noviembre, y los dos lo hicieron. Nada hay que decir sobre la celebración o no de primarias; lo importante es que tengan en cuenta que la dinámica política lanzada por las demás fuerzas no va a esperar a que el PSOE recorra y complete todos los procedimientos.

El tiempo urge. El desafío de los nacionalistas y separatistas catalanes promete un otoño caliente. Cierto que ninguno de los dos aspirantes con mayores posibilidades dice algo que haga dudar de su compromiso con la Constitución ni de su voluntad de reformarla por los cauces legales. Madina se comprometió, en caso de ser elegido, a proponer un diálogo a Artur Mas, sin precisar en qué deba consistir. Pedro Sánchez rechazó la consulta soberanista en Cataluña y su contrincante, sin hacerlo expresamente, matizó que la prioridad es la reforma federal —los tres candidatos están de acuerdo con esa idea—; Madina afirmó también que España es una nación y que no va a decir una cosa los lunes y otra los jueves.

Otras propuestas, como la denuncia de los acuerdos con la Santa Sede o la exigencia de que la Iglesia católica se autofinancie, pertenecen a la categoría de las escuchadas otras veces (e incumplidas siempre). Los tres hablaron poco de Europa y menos aún del modelo social. En todo caso, bienvenido sea el debate público y la discusión en abierto, sin perder de vista que los partidos suelen hacer discursos y gestos contundentes en sus congresos y al día siguiente se encuentran con dificultades muy serias que deben gestionar.

Nada de lo escuchado apunta a un viraje hacia la derecha ni hacia la izquierda. Menos aún hacia el nacionalismo. Más bien se observa la buena voluntad de los tres candidatos de reconstruir el PSOE sobre un espacio de centroizquierda, antes de que otras dinámicas políticas le reduzcan a la marginalidad.

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