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Así están hoy las instalaciones olímpicas del pasado

Un libro fotografía los escenarios de los Juegos Olímpicos de hace décadas, mostrando historias de ambición, esfuerzo, dinerales y decadencia

Acumulación de mascotas olímpicas en las calles de Pekín (sede olímpica de 2008)
Acumulación de mascotas olímpicas en las calles de Pekín (sede olímpica de 2008)

El sueño olímpico supone años de esfuerzos que, espera uno, darán a luz una dosis de regeneración urbana con guarnición de de repercusión mediática global y postre de turismo. Pero, ¿qué sucede cuando pasa el éxito? Cuando las medallas y los trofeos se han entregado, cuando los atletas han regresado a sus hogares y la atención se posa ya en lo que ha de venir, ¿qué queda y qué se va en aquella ciudad que una vez fue el centro del mundo?

Pista de bobsleigh en Sarajevo (juegos olímpicos de invierno de 1984) reconvertida en trinchera para guerras posteriores. ampliar foto
Pista de bobsleigh en Sarajevo (juegos olímpicos de invierno de 1984) reconvertida en trinchera para guerras posteriores.

La idea es ver qué ha pasado con esas infraestructuras que tanto gasto supusieron para los gobiernos, y si han afectado a la gente: ¿se han beneficiado de los Juegos?

Jon Pack, fotógrafo y co-autor de The Olympic city

Esa pregunta ha llevado a un fotógrafo neoyorquino llamado Jon Pack y a su socio, un cineasta llamado Gary Hustwit, a hacer The Olympic City, en el que han documentado los paisajes que en su día acogieron la gloria olímpica y ahora ya no. Esta pareja lleva desde 2008 visitando ciudades olímpicas (de verano e invierno), retratando las infraestructuras edificadas ex profeso para los Juegos y plasmando así la historia que cuentan. Una de decadencia y renacimiento. De progreso, de promesas rotas, de cómo el tiempo empequeñece las grandes ideas que, en su día, agraciaron Barcelona, Beijing, Berlín, Helsinki, México D.F., Moscú, Londres, Los Ángeles, Montreal, Lake Placid, Roma y Sarajevo.

"Estos lugares cuentan algo muy interesante a nivel arquitectónico y cultural", cuenta Hustwit. "Cuando vamos a estas ciudades, somos casi como arqueólogos. En muchas ocasiones, ni los propios residentes saben que tal edificio o tal carretera o tal escultura fue construida específicamente para los Juegos: pasan por esos sitios cada día y nunca se lo preguntan. Y a mi siempre me ha gustado la idea de descubrir las historias de las cosas que damos por sentado".

El parque olímpico de Los Ángeles (sede olímpica en 1932 y 1984) ampliar foto
El parque olímpico de Los Ángeles (sede olímpica en 1932 y 1984)

En Atenas la gran mayoría de los sitios estaban abandonados y cubiertos de maleza. había guardias vigilando que se fotografiara su brutal estado de deterioro

Jon Pack tras visitar Grecia en 2008, ni diez años después de los Juegos

Pero para Pack la cosa no va de hacer pornografía de ruinas sino de otra cosa: “Registrar qué ha pasado con todas esas infraestructuras que supusieron un enorme gasto por parte de los gobiernos, pero también cómo ha afectado a la gente.” Y, además, se pregunta: “¿Se han beneficiado de haber formado parte de unos Juegos Olímpicos? ¿Son los Juegos algo de lo que estar orgulloso o arrepentido? Todos los países que han albergado unos Juegos tienen sus propios motivos para luchar por ellos, creen que así van a volver a ser el centro del universo. Y claro que eso pasa pero por un período muy corto de tiempo”.

Su investigación está repleta de ejemplos tan sorprendentes como dramáticos. Es el caso de Lake Placid, una pequeña ciudad al norte del estado de Nueva York sede de los Juegos Olímpicos de invierno de 1980 que no logró la ansiada financiación federal para completar las obras de la residencia para los deportistas y que utilizó una prisión recién construida para ubicarlos. De hecho, “Algunos de los reclusos ayudaron a levantar las pistas de esquí del complejo. Una vez concluidos los Juegos, los prisioneros regresaron a esa cárcel”, asegura Pack.

Hackney, en Londres (sede olímpica en 2012) ampliar foto
Hackney, en Londres (sede olímpica en 2012)

O como el ejemplo de Atenas, uno de los grandes fracasos posOlímpicos que aún resuena en la memoria colectiva. “La visitamos sólo ocho años después de los Juegos, y la gran mayoría de los sitios estaban cercados, abandonados y cubiertos de maleza. En muchos había guardias apostados, vigilando los recintos para evitar que se fotografiara el brutal estado de deterioro de esos espacios. Los guardias nos paraban cada día y fue gracias a un guía local que se llamaba Teo que finalmente pudimos acceder a esos lugares”, recuerda el fotógrafo.

Sin embargo, ningún sitio les impactó tanto como Sarajevo, donde los antiguos recintos olímpicos habían sido reciclados de la manera más devastadora posible. Durante la guerra de Bosnia, explica Pack, “las pistas de bobsleigh se emplearon a modo de trincheras para francotiradores serbios. Los asientos de Zetra Hall (donde se practicaba patinaje de velocidad) se utilizaron para construir ataúdes, y después de que el edificio fuese bombardeado y prácticamente destruido, lo que quedó se usó como morgue improvisada”.

Velódromo en Atenas (sede olímpica en 2008) ampliar foto
Velódromo en Atenas (sede olímpica en 2008)

En Sarajevo, las pistas de bobsleigh se usaron como trincheras para francotiradores serbios. Los asientos de Zetra Hall sirvieron para construir ataúdes, y el edificio se recicló como 'morgue'

Packm, tras visitar la sede de los juegos de invierno de 1984

Aunque los efectos de la historia no son siempre así devastadores. Pack recuerda al menos dos casos que han sobrevivido con éxito a la erosión del tiempo y que se han convertido en paradigma de que tras la fiesta todavía pervive el sueño. “Si por mí fuera, cualquier ciudad interesada en albergar unos Juegos debería enviar delegados a estudiar Barcelona y Los Ángeles", sentencia. "En el caso de Barcelona, muchas de las infraestructuras que se realizaron ya estaban previstas en los planes urbanísticos de hacía 20 años y los Juegos fueron una excusa para llevar a cabo todos esos cambios en la ciudad: que se abriera una playa urbana, que se construyeran nuevas vías de acceso a la ciudad y que se renovaran los barrios. Hablé con mucha gente que me dijo lo mucho que significaron los Juegos para la ciudad y para el país. Pero también hablé con personas que me explicaron que se habían sentido desplazados como ciudadanos y que la economía se había estancado después de los Olimpiadas. Pero la reacción global es positiva. Sin duda es porque parte de las mejoras en la ciudad que se hizo en previsión de los Juegos Olímpicos".

Para Los Ángeles, que  había sido sede de los Juegos Olímpicos de verano en 1932, el reto de volver a acogerlos era considerable. Pack recuerda cómo la ciudad supo en 1984 aprovechar el patrocinio privado para costear los gastos de los Juegos y utilizar infraestructuras previas, sin olvidar el legado una vez la gran fiesta del deporte abandonara la ciudad.  “Los Juegos hicieron que la ciudad ingresara dinero y gracias a ese éxito somos testigos de las batallas entre las ciudades por ser sedes”.

Piscina en Montjuic, Barcelona (sede olímpica en 1992) ampliar foto
Piscina en Montjuic, Barcelona (sede olímpica en 1992)

¿Y que queda de ese triunfo en Los Ángeles? En realidad, poco. De las primeras Olimpiadas, Hustwit explica que el Gran Auditorio Olímpico que se construyó para albergar las competiciones de boxeo es ahora una iglesia que utiliza la comunidad surcoreana. Sin embargo, "¡En los setenta filmaron las escenas de la primera película de Rocky!", asegura. Otro de las edificaciones que han sufrido un cambio sustancial es el estadio de bádminton, reconvertido en el Badminton Theatre; mientras que los pocos resquicios que quedan vivos de los Juegos de 1984 son una serie de murales conmemorativos y que con el tiempo quedaron maltrechos por el desuso y por los graffitis. Actualmente están siendo restaurados.

En su lista de ciudades pendientes, Calgary, Tokyo, Melbourne, Atlanta, Munich, Lillehammer, Nagano, Sochi y por supuesto Río de Janeiro. ¿Se transformará el país carioca en la nueva Barcelona o en la nueva Atenas? “Creo que Brasil tienen por delante una buena oportunidad para frenar el gigantismo arquitectónico a la que se ven abocadas las ciudades olímpicas. Quizá podrían intentar construir sobre estructuras ya existentes y levantar infraestructuras que a la larga fueran beneficiosas para la población. Aunque no creo que eso vaya a suceder. En su momento se dijo que si Río no conseguía acabar a tiempo las obras, Londres iba a ser la ciudad sustituta. Pero finalmente el COI declaró que ya era demasiado tarde para echarse atrás y que sería algo vergonzoso quitarle los Juegos por este asunto”, puntualiza Pack.

La residencia para deportistas de Lake Placid (juegos de invierno, 1980) tuvo que habilitarse en un cárcel: de hecho los propios reos fueron reclutados para terminar las obras. ampliar foto
La residencia para deportistas de Lake Placid (juegos de invierno, 1980) tuvo que habilitarse en un cárcel: de hecho los propios reos fueron reclutados para terminar las obras.

"Las ciudades anfitrionas deberían aprender las lecciones de las ciudades que vinieron antes que ellas", opina Hustwit. "Los países tienen razones distintas para la celebración de los Juegos, y en ocasiones las condiciones de vida de los ciudadanos no son la prioridad. Tienen esta idea de que los problemas pueden ser resueltos por un golpe de magia si tan sólo pudieran albergar los Juegos Olímpicos. Pero como hemos visto, por lo general no es así como funciona".

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