REPORTAJE

La España de Felipe VI

Crecidos en democracia. Más abiertos, más preparados, los coetáneos del nuevo Rey se muestran dispuestos a tomar los mandos de un país enfrentado a grandes retos El especial al completo, este domingo en El País Semanal

Como si la biología y la sociología fuesen una ciencia unísona, el país que hereda Felipe VI posee un consecuente sentido paralelo entre su cuerpo físico y su medida social. Si las generaciones anteriores, con las que convivió su padre, llegaban con ganas de reconciliación y la bandera blanca en alza después de haber padecido una guerra y una dictadura que se alargaron demasiado, el nuevo Rey se corona en un territorio que ha superado lo peor de sus traumas. En plena madurez y con una salud considerable, en este su reino, a las tragedias les han sucedido ciertas tensiones superadas razonablemente en condiciones y reglas de juego amparadas por el Estado de derecho.

La generación de Felipe VI se autodefine inquebrantablemente abierta a la tolerancia, se ha cargado de razones anteriormente para ser optimista aunque ahora contemple el futuro con una creciente y lógica preocupación. Surfeó con la ola democrática; supo crecer, ver, compararse y equipararse a sus hermanos europeos sin complejos de inferioridad, y afronta el cénit de su existencia en un país más viejo, con una pirámide de edad cuya mayoría de 7,9 millones de habitantes tienen entre 35 y 44 años frente a las casi 20 primaveras menos que tenían dentro de la franja más numerosa de 5,2 millones de españoles en 1975. Hablamos de una sociedad en proporción más rica, donde el sueldo medio en su capital asciende a 1.900 euros al mes frente a los 132 euros del pasado. Más preparada, con un incremento de titulados superiores que pasan de largo los 324.036 (12,66%) a mediados de los setenta y se sitúan en los 1,5 millones de ahora. Eso sí, obligados a afrontar una lacra como la del paro –25,93% de la población activa frente al 3,8% entonces– empeñada en gangrenar las articulaciones de un país lastrado por esos efectos.

La inactividad no es el caso de Pedro González León. Este médico que ha liderado la marea blanca, poniendo en su sitio la tentativa privatizadora de la sanidad pública en la Comunidad de Madrid, se enteró de la abdicación del Rey mientras operaba un tumor cerebral en el hospital Doce de Octubre. El neurocirujano de 46 años y 20 de experiencia en su especialidad, nacido el mismo año que el hombre que sucede en el trono a don Juan Carlos, tenía algo demasiado importante en sus manos como para desviar la atención cuando un compañero entró en el quirófano anunciando aquella formidable noticia la mañana del pasado 2 de junio.

“¡Anda ya! No puede ser”. Y siguió con la operación, que salió bien y se prolongó hasta cerca de las dos de la tarde. Fue al despojarse del uniforme de color verde cuando empezó a ser consciente del revuelo que se había formado. Mencionar la sanidad estatal no es baladí en la historia de Pedro González León. Desde hace dos años ha dedicado gran parte de su tiempo a defenderla al frente de una de las movilizaciones españolas más contundentes de los últimos tiempos. Liderando la Asociación de Facultativos Especialistas de Madrid (AFEM), su colectivo logró una sonada victoria a principios de año cuando el presidente autonómico Ignacio González anunciaba la renuncia a la privatización hospitalaria, tras sucesivos reveses judiciales que culminaron con el rechazo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid al recurso del Gobierno regional contra la paralización cautelar del proceso privatizador dictada en septiembre de 2013.

Al frente del barco han de estar otros capitanes. Aparte de banderas que debe arropar como la educación, entre los grandes logros del nuevo Monarca debería estar prestar atención a la presencia de multinacionales en España", dice María Garaña, presidenta de Microsoft Ibérica

“Implicarme en esta movilización”, recuerda hoy el doctor González, “fue fruto de reflexionar que ser médico no implica solo hacer tu trabajo y lo que te diga tu jefe. Curar también es exigir que los medios se utilicen de manera eficiente, que un sistema sanitario ofrezca respuesta a las necesidades de los pacientes. La sanidad pública ha garantizado en este país la igualdad social y ha propiciado una de las más altas expectativas de vida del mundo”. Por eso este neurocirujano reclama al nuevo Monarca “el impulso de un consenso político en materia sanitaria que nadie pueda tocar y sobre el que todos trabajemos en la misma línea”.

González de León cree que le unen varios lazos con Felipe VI: “Ambos somos hijos de los que llevaron a cabo la Transición española. Y eso es importante porque yo siento a este país como mío, no como un modelo de nación heredado. Por eso no me provoca ningún problema debatir sobre el modelo de Estado que queremos. Entre las cosas que el nuevo Rey puede aportar está una regeneración en la crisis de valores que vivimos y ha afectado especialmente a la Monarquía en los últimos tiempos. Escándalos como los de la Infanta y Urdangarin no pueden volver a suceder. Necesitamos estabilidad”.

Es la hora de los hijos de la Transición. Uno de los aspectos clave que comparten los protagonistas de este reportaje, miembros del baby boom nacidos en la España franquista y contemporáneos de Felipe de Borbón, que encarnan el salto generacional reclamado por don Juan Carlos en su anuncio de abdicación a favor de su hijo.

“A nosotros nos ha pasado lo que a la democracia: hemos crecido con ella”, argumenta María Garaña, presidenta de la multinacional tecnológica Microsoft en España. “Nuestra generación ha sido testigo de la evolución del país y de la entrada en la democracia; del paso de una España de esfuerzo, trabajo y sacrificios que dio el salto a la primera línea y ha llegado a conocer un periodo boyante hasta la crisis”, afirma el exjugador del Real Madrid y excapitán de la selección española Fernando Hierro. “Bueno, en realidad se habla mucho de generaciones como si todas las realidades fueran iguales”, tercia el cantante de fama planetaria Alejandro Sanz, de la misma edad que el nuevo rey. “Felipe tuvo una preparación que nada tenía que ver con la educación que recibimos el 90% de los españoles. La mayoría de la juventud nos manifestábamos en la Gran Vía por un cambio de la ley educativa… sí, ya existían los bandazos políticos en ese terreno. Nosotros recibíamos una formación muy precaria, los profesores hacían esfuerzos sobrehumanos por impartir materias para las que no estaban ni remotamente preparados y el príncipe Felipe estudiaba en Georgetown. En fin, no es justo hablar de coincidencias generacionales para la igualdad de oportunidades; yo hablaría más de sociedad y menos de generaciones”.

Sería bueno que sea el Rey de todos, también de los más vulnerables", pide el senegalés afincado en España Ngalla Fall

Sobrevolando esa perspectiva histórica hasta hoy, la llegada al trono con 46 años de un nacido el 30 de enero del emblemático año de 1968 coincide con los actuales estragos de una Gran Recesión y una debacle del prestigio político e institucional entre la percepción ciudadana que ha tocado también de lleno en la línea de flotación de la propia Monarquía, con apenas un 3,72 (sobre 10) de popularidad según el último barómetro del CIS, cuando hace sólo unos años se encontraba entre las instituciones mejor valoradas. Otra medición de Metroscopia reciente para EL PAÍS reflejaba que la mayoría de los españoles (62%) desea una consulta sobre el modelo de Estado.

Son apenas algunos retos que afronta Felipe VI, ante un país que durante la próxima década verá descender la natalidad hasta que, por primera vez desde la Guerra Civil, se producirán más defunciones que nacimientos. Una nación de súbditos progresivamente envejecidos cuya esperanza de vida en 2022 será de 87 años para las mujeres y 81,8 para los varones, y que hoy alberga a casi seis millones de parados mientras que el PIB real por habitante ronda niveles de hace una década y el Estado de bienestar se ve menguado por los recortes que amenazan a la educación y la sanidad públicas por la reducción de partidas presupuestarias (hasta 7.300 millones menos de presupuestos públicos para escuelas y universidades en los últimos cuatro años y 6.875 millones menos en materia sanitaria durante el mismo periodo). Un pueblo que afronta, en suma, una salida de la crisis que los expertos vislumbran “lenta y dolorosa”.

“El Rey no podrá ser una figura de etiqueta; ha de tomar banderas concretas como la educación para apoyar al país y a la propia institución a la que representa”, incide la presidenta de Microsoft Ibérica, María Garaña. “Él sí puede establecer una carta de navegación en esta materia y pensar más en el medio y largo plazo. La mejor manera de hacerlo es promoviendo un pacto de Estado sobre educación que siente las bases del país para los próximos 40 años”. A sus 44 años, Garaña cree que ahora sí ha llegado el momento para las personas de su generación de pilotar el futuro. “Eso no significa dejar de lado la experiencia, pero al frente del barco han de estar otros capitanes. Aparte de banderas que debe arropar como la educación, entre los grandes logros del nuevo Monarca debería estar prestar atención a la presencia de multinacionales en España. No sólo es importante buscar inversores desde dentro hacia fuera, sino también desde fuera hacia dentro, algo para lo que don Felipe está sobradamente capacitado”.

La necesidad de incidir en temas clave como la investigación es algo que también reivindica Teresa Estrada. Esta científica santanderina de primer nivel, toda una autoridad mundial en física, puede ser una de las responsables de que, dentro de algunos años, quizá la generación de la princesa Leonor pague un recibo de la luz considerablemente más barato si prende la fusión nuclear: una alternativa que Estrada investiga junto a un equipo internacional desde su puesto del Ciemat madrileño. “Creo que la ciencia es fundamental para el futuro de este país. El desarrollo de la misma podría resolver muchos de los problemas que ahora tenemos ayudándonos a crear una nación competitiva y a la vez sostenible”, afirma Estrada.

Le pido que se deje la piel en su puesto, que llene de argumentos a la sociedad que le ha respaldado y respetado tanto a él como a su padre durante 40 años para no arrepentirnos de haberlo hecho", dice el cantante Alejandro Sanz

Su posición como coordinadora en la participación española del diseño y desarrollo de un reflectómetro de microondas para el International Thermonuclear Experimental Reactor (ITER; en español, Reactor Termonuclear Experimental Internacional) le da una posición observadora de privilegio. “De este plan dependen en gran medida la salud, la riqueza y el bienestar de toda la sociedad. Sin embargo, el papel que desempeñe la ciencia en las próximas décadas tiene que ver con que seamos capaces de revertir cuanto antes la situación que vivimos ahora”, alerta Teresa Estrada. “Los recortes en ciencia e investigación llevados a cabo en los últimos años han expulsado del país a nuestros mejores futuros científicos. Seguramente aún estemos a tiempo, y si se diera un cambio real, podríamos conseguir que muchos que están deseando volver puedan hacerlo. Si, por el contrario, esta situación se dilatara aún más en el tiempo, la pérdida sería irreversible, lo que supondría perder en muy poco tiempo lo que se ha creado con mucho esfuerzo económico y humano durante las últimas tres décadas”.

La ciencia es un faro que podría servir a Felipe VI para que tomaran fuera de España con más conciencia de modernidad lo que el país puede dar de sí. Y si en algo ha desarrollado el nuevo Rey su perfil es en la esfera diplomática. ¿Cómo ven a Felipe VI por el mundo? Fernando Hierro, excapitán de la selección española de fútbol y exjugador del Real Madrid, recuerda numerosos encuentros con el príncipe de Asturias en los viajes internacionales con el equipo de La Roja. “Me consta que en muchos lugares de Latinoamérica lo quieren y lo respetan. Tiene mucha personalidad y una gran formación. En lo que yo he podido vivir más de cerca, siempre le he sentido muy ligado al deporte. Y no olvidemos que él ha sido y seguirá siendo deportista. Recuerdo innumerables veces en las que venía a vernos al vestuario de la selección antes de partidos importantes. Siempre he sentido su cariño y amabilidad natural. Si al rey Juan Carlos le tocó iniciar la Transición en España, quizá el reto más difícil al que se enfrenta ahora su sucesor es consolidar el país. En este sentido, no está de más recordar que el deporte ha hecho mucho por esa unificación, ha servido de vehículo fantástico de unión en torno a los éxitos internacionales”.

Dentro de otro campo juega Isabel Mancha. Agricultora de 44 años en Puebla de la Reina (Badajoz), reparte su tiempo entre las tierras que labra con su marido, Diego, y el cuidado de su padre, su madre y su tío, de 87, 85 y 81 años, respectivamente. “Y de un marido y un hijo de 11 años”, apunta Isabel. “El campo nos da lo justo para vivir. Y mi marido es mi empleado allí. Yo estoy más pendiente de la siembra y de la recogida de aceituna. Tenemos unas siete hectáreas de labor y otras tantas de olivar. Estamos asociados a una cooperativa y vamos tirando a duras penas. El campo está abandonado, pero el que nos achucha es el Gobierno con los impuestos. El kilo de grano lo vendemos a 30 pesetas. ¿Qué le pido yo al nuevo Monarca? Pues que al menos sea justo. Y que aquí se respete más el principio de igualdad”.

Ser el Rey de todos. “También de los más vulnerables”, apunta Ngalla Fall, senegalés de 44 años e hijo de una familia de clase media que abandonó sus estudios universitarios de Filología Inglesa antes de la licenciatura y partió hacia Europa en busca de una vida mejor. Hoy es uno de los cinco millones de extranjeros censados en España. Llegó con el cambio de milenio y, tras vender collares y bolsos por la calle, se especializó en la limpieza de cocinas y en las labores de pinche y platero. Consiguió papeles en 2005, con la ayuda de la ONG Ascore que lleva su cuñado, y hoy tiene esposa e hijos esperándole en Senegal. “Me gustaría volver, pero por ahora no puedo. Es cierto que África va a ser el futuro, pero aún no hay futuro”. Mientras tanto, hoy busca trabajo y comparte habitación con un amigo en un piso del madrileño barrio de Aluche por la que pagan 300 euros mensuales. Ngalla comenta que desde su país se tenía últimamente la percepción sobre el rey Juan Carlos como “alguien enfermo y cansado, muy diferente a la de Felipe VI, que sí puede realmente cambiar la imagen de España. La figura de su hijo puede atraer a gente importante e inversores internacionales”.

O estar al tanto de una mejora en la profundización de los resortes democráticos. Es lo que desea Pedro Rollán, nacido en 1969 y hoy el alcalde más votado de España en localidades de más de 50.000 habitantes, como es el caso de Torrejón de Ardoz (Madrid), donde en las últimas elecciones consiguió (con su partido, el PP) el 68,5% de los sufragios: “Cuando está tan cuestionada la clase política es necesario, más que nunca, seguir dando pasos para fomentar la participación directa de la ciudadanía a través de sus asociaciones o movimientos representativos, pero también éstos tienen que asumir que si no están de acuerdo con algo, deben concurrir a las elecciones para cambiarlo si la mayoría así lo decide. No por el hecho de elevar mucho la voz pueden cuestionar todo el sistema democrático que nos hemos ganado durante todos estos años en garantías y libertades para los 47 millones de españoles. Cuanto mayor sea la participación de la ciudadanía, mejor nos irá”.

La participación y la implicación en resolver por uno mismo y en grupos perfectamente orquestados problemas como el paro. Es lo que trata de hacer en su última iniciativa social el dibujante y arquitecto José María Pérez, Peridis, a través de la Fundación Santa María la Real, con las Lanzaderas de Empleo. Las ha puesto en funcionamiento en todo el país y en año y medio han conseguido proporcionar trabajo al 70% de sus integrantes. A ellas pertenece Guadalupe Seoane en Piélagos (Cantabria). A esta mujer todoterreno le gustaría contagiar cierto positivismo al Rey: “¡Felipe, ánimo! Juan Carlos contaba con la simpatía del pueblo, pero esa estima y reconocimiento ha ido deteriorándose por las sombras de la corrupción, que en este país planean sobre todos los ámbitos gubernamentales. La Monarquía está cuando menos desgastada. Pese a todo, deposito en él mi total confianza; este país ha invertido mucho en su educación y le entiendo mejor como Monarca que a otros como presidentes de una república. Le considero un buen embajador y le presupongo la capacidad de restaurar la honestidad y la honradez en la institución. Ojalá no me defraude, tiene mi confianza”.

Creo que está preparada y no dispuesta a dejarse engañar. No se la va a poder comprar con zanahorias o distraer con cortinas de humo”, asegura Rosales

Más bien, Seoane apunta como causa de los males de hoy a otros: “El tándem banca-Estado, que aplasta sin escrúpulos a ciudadanos endeudados hasta el tuétano, víctimas de la burbuja inmobiliaria que ellos han creado y de la que no quieren hacerse responsables. Pretenden seguir sacando tajada al ciudadano como sea y con total impunidad. Y todo con una generación que sigue anestesiada por un estado de depresión general que hace difícil la motivación cuando se mira al futuro”.

¿Podrá demostrar Felipe VI que su papel institucional puede beneficiar al conjunto de la sociedad? Para el cantante Alejandro Sanz, ese es el principal reto del nuevo Monarca: “Decía Ortega y Gasset que si se tiene un objetivo común, se mantiene al pueblo unido, que el objetivo es como la diana que tensa el arco y apunta la flecha… (que debe ser lo que pensó el que puso el aeropuerto de Castellón)… Y no menciono esto sólo por estética emocional: uno de los grandes frentes es la corrupción. La paciencia del pueblo tiene un límite y parece que no está dispuesto a que le sigan robando. Otro gran desafío es la relación con Cataluña, y suma y sigue… hay mucha agitación. El Príncipe, si es listo, se pondrá del lado de su pueblo y, siempre dentro de los límites que le marca su función institucional, trabajará para recuperar la paz social”.

Natural y cercano, “simpático sin resultar sobreactuado”. Así define Alejandro Sanz a Felipe VI en la distancia corta. Entre los muchos momentos que ha compartido con él, recuerda con especial cariño haberle visto en el reciente velatorio del guitarrista Paco de Lucía. “En su cercanía con la familia, se notaba su emoción. A eso me refiero, él mostró una sensibilidad que sin querer impregna a su institución. En ese velatorio contrastó la emoción del Príncipe con la pose insustancial y vacía del ministro de Cultura”.

Pero Sanz se muestra exigente: “Le pido que se deje la piel en su puesto, que llene de argumentos a la sociedad que le ha respaldado y respetado tanto a él como a su padre durante 40 años para no arrepentirnos de haberlo hecho. Que use en beneficio de nuestro país toda esa educación que los demás no pudimos tener. Yo era muy pequeño cuando descubrí que no se podía decir cualquier cosa, mi madre nos mandaba callar con toda su intensidad andaluza cuando mi hermano y yo hacíamos alguna broma sobre Franco… tendríamos cinco o seis años. Nosotros nos dedicábamos a sobrevivir. Después de la muerte del dictador comenzamos a mejorar en términos económicos y de una cierta felicidad que se instaló en la sociedad, había una especie de agitación general, pero la gente se dedicaba a triunfar en lo suyo, todo el mundo se afanaba en ser mejor, en hacerlo mejor. Hemos pasado crisis, golpes de Estado, burbujas, pompas, explosiones, crispación, ocupación, la movida, el movidón… pero hoy hay algo que nunca había visto hasta ahora y es la ingratitud a todas aquellas instituciones que hicieron posible que hoy podamos manifestarnos y participar activamente de nuestra sociedad. No son perfectas y hay mucho barro que limpiar, pero, independientemente de lo que pase, al menos a nuestra democracia hasta ayer le debemos un gracias y un poco de respeto, algo de mesura, y luego centrarnos en el que para mí es el principal problema de este país: la educación. Necesitamos un pacto por la educación”.

Consolidación de la educación, sanidad, derechos sociales, amplitud de miras, ansias de cambio y de futuro. Son solo algunas de las inquietudes que comparten los compañeros de generación de Felipe VI. La de los hijos de la Transición que pilotó su padre. Entre ellos no son pocos quienes, como el neurocirujano y líder de la marea blanca Pedro González León, se muestran convencidos de que ha llegado el momento de que sus contemporáneos tomen los mandos del futuro del país. “Debemos afrontar nuestra responsabilidad de hacerlo. No podemos esperar a que nos digan que tomemos las riendas del cambio”.

Y emprenderlo con una sensata y constructiva apuesta por el compromiso colectivo. Desde el arte, en su papel de cineasta del momento, Jaime Rosales, con una película en cartel que desgrana y pone sobre la mesa las magulladuras de la generación más vapuleada por el paro bajo el título de Hermosa juventud, la única que ha representado a España en el pasado Festival de Cannes, pondera sus análisis y realiza un retrato generacional propio: “La generación en torno al 68 se caracteriza, en mi opinión, por tres cosas: en primer lugar y en clave política, por haber sido educada en democracia; en segundo lugar y en clave económica, por haber crecido dentro del milagro económico español a raíz de la entrada de España en la UE; en tercer lugar y en clave social, por haber crecido dentro de la revolución informática y digital”.

Pero llegaron las sombras y luego las oportunidades, sobre las que hubo que aplicar sabiduría y experiencia. “Es una generación que ha vivido la llegada de la crisis de 2008 y todas las consecuencias de ese cambio de paradigma”, explica Rosales. “Ha crecido en libertad, ha vivido vaivenes económicos y sabe adaptarse a los cambios tecnológicos constantes. Creo que está preparada y no dispuesta a dejarse engañar. No se la va a poder comprar con zanahorias o distraer con cortinas de humo”.

Para eso valen los artistas, para hacernos reaccionar ante el reflejo de lo que somos: “Creo que la creación desempeñará el mismo papel que siempre: de espejo y de huella. Veámonos en ese marco para saber lo que nos gusta, lo que no nos gusta, lo que queremos mejorar. Para las generaciones venideras servirá de registro: así era la sociedad, la vida en esa época. Esa doble faceta es muy importante pues, dentro de la creación, las grandes aportaciones, los grandes hitos creativos, las grandes obras se convierten en guías para seguir evolucionando. Algunas obras maestras nos aportarán conocimiento universal sobre la naturaleza profunda del ser humano”.

Y en torno a eso, seguir hacia delante: “Yo creo en el progreso”, afirma Rosales. “Creo en el progreso técnico, económico, social, y también en el progreso moral. Las sociedades van a mejor aunque no se trate nunca de un avance lineal. Entre la edad de piedra y la Edad Media se mejoró; entre la Edad Media y nuestros días, también. En todos los ámbitos se mejoró. El hombre moderno es un hombre más evolucionado en el plano moral que el de la Edad Media. Dentro de la travesía humana hay turbulencias con avances y retrocesos puntuales. En estos momentos estamos viviendo una crisis que pone de manifiesto cosas que se hicieron mal y que debe servirnos para aprender y corregir el rumbo. Estamos en un periodo muy convulso, en gran medida inquietante. Además, creo que se va a tratar de una crisis larga y que va a afectar sobre todo a la generación de los que ahora tienen entre 20 y 30 años. Pero si se hacen las cosas bien, si se piensa en el largo plazo y se traza el plan adecuado, se aprenderá y se creará una sociedad mejor. Creo, pues, que el futuro inmediato va a ser difícil, pero el futuro a largo plazo lo veo con esperanza” .

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