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OPINIÓN

Construir la alternativa

El PSOE se ahogó nadando en las mismas aguas que el PP y los partidos ascendentes no configuran de momento un proyecto real

La polarización derecha/izquierda ha sido la base del desarrollo de la democracia. Algunos autores, como el liberal Ralph Dahrendorf, han llegado a poner en duda su viabilidad sin estas formas de oposición simple. Una democracia sin alternativa es un contrasentido, es un régimen sin vida. La alternativa desaparece cuando la alternancia se limita a un simple cambio de personas, sin diferencias sensibles en las políticas. Del 25-M sale un partido de Gobierno, el PP, muy debilitado electoralmente, pero salvado por el estado agónico del partido socialista. Tenemos un poder débil sin que se vislumbre un horizonte para la alternancia y sin alternativa política al proyecto de la derecha. El PSOE se ahogó nadando en las mismas aguas que el PP y los partidos ascendentes no configuran de momento un proyecto real. El bipartidismo cojea, pero no sabemos todavía cómo se concretará el paisaje pluripartidista.

Reconstruir la alternativa es una urgencia para la calidad de la democracia, antes de que proliferen los gobiernos de concentración bipartidista que, desde que Alemania optó por esta vía, parecen ser el sueño de los poderes europeos, para impedir el paso a las múltiples expresiones de malestar que recorren Europa. O se reconstruye el juego de las alternativas o se puede entrar en una dialéctica entre el bloque institucional y las fuerzas exteriores que aceleraría la evolución hacia el autoritarismo democrático. Por eso, la renovación del PSOE es una prioridad. Y no puede ser un simple traspaso de poderes orgánicos.

El PSOE es tierra gastada. Sus organizaciones están muy deterioradas en todo el territorio

El PSOE es tierra gastada. Sus organizaciones están muy deterioradas en todo el territorio. Zapatero generó expectativas, causó frustraciones y sucumbió definitivamente en la crisis. Aquel final de mandato está inscrito en los rostros de los que gobernaban entonces. El PSOE necesita nuevas ideas, nuevas caras, nueva organización, nuevo proyecto político. Como toda la socialdemocracia europea debe despertar del espejismo de los años locos en que se quiso hacer creer que la sociedad era una inmensa clase media en que las marcas eran el único factor diferencial de un mismo estilo de vida, fantasía que la crisis ha hecho añicos. El guion exige renovación ideológica, diferenciación de la derecha, puertas abiertas a nuevos liderazgos y una reforma sin contemplaciones de un partido muy anquilosado en los territorios, en manos de núcleos casi familiares más preocupados en defender sus intereses que los del partido.

Toda organización es un sistema de relaciones de poder. El eje del PSOE pasa hoy por Andalucía y el peso de Susana Díez es innegable, pero el futuro está en saber redistribuir. Ha sido necesario que los votantes dijeran basta para que se abriera una crisis anunciada desde 2011. O el PSOE construye, sobre el socavón en que está metido, una plataforma de lanzamiento o los electores se irán definitivamente a otra parte. La democracia española se juega mucho: la alternativa al PP es una necesidad imperiosa.

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