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CARTAS AL DIRECTOR

El mercado del arte

Congratula que, de vez en cuando, los artistas hablen del mercado del arte. El artículo De IVA y vuelta, publicado el pasado día 25, del pintor y escritor Eduardo Arroyo (Madrid, 1937) es bastante elocuente. Es cierto que, desde hace siglos, la formación de la burguesía industrial, comercial y financiera española no siguió los mismos pasos de la europea. Arroyo lo sabe bien. Él se formó como pintor en Milán y París. Pero, un día, tras la Transición democrática, decidió fijar su residencia en Madrid. Así vio crecer las galerías madrileñas, las ferias de arte, los centros de arte contemporáneo, etcétera. En algunos casos, nutrió con varias de sus mejores obras las colecciones del IVAM y el Reina Sofía, sin olvidar que una de sus pinturas más emblemáticas (Diferentes tipos de bigotes…, 1970) se la compró, por cierto, un modesto Museo Municipal de Madrid. Arroyo afirma en su artículo que “el mercado del arte no existe” en España. ¿Cierto o no? Hombre, el hecho de que la feria de ARCO haya resistido más de tres décadas es un síntoma de que el mercado existe. Es cierto que España no es Suiza. Cuando en Suiza compraban a Ernst Beyeler los primeros calder, giacometti, kandinski, klee, picasso, etcétera, aquí, en España estaban comprando obras a Zuloaga, Nonell o Sorolla. Una importante diferencia. Respecto al varapalo que da a las galerías, los centros de arte autonómicos y “curadores” españoles no anda exento de razón el artista. Pero, el modelo de museo de respeto —el Prado, el Reina Sofía y el Museo de Bellas Artes de Bilbao— que dice Arroyo es un tema de debate. El IVAM, por ejemplo, en la etapa Carmen Alborch-Vicente Todolí, hizo posible una colección de arte internacional, que no tiene ni el Reina Sofía de Madrid ni el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Quizás habría que recordarle a Arroyo que el problema del arte en España se produce cuando la clase política asalta los museos.— Manuel García. Crítico de Arte.

 

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