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Nollywood, un arma de construcción masiva

Nollywood, un arma de construcción masiva

Autor invitado: Sebastián Ruiz (texto y fotos, redactor en Wiriko, revista de artes y culturas africanas)

El cine ejemplifica dos formas de estar en el tiempo que son muy corrientes hoy en Nigeria: el mañana te pertenece y, cada uno lleva en sus manos las llaves del futuro. Shakespeare, en su obra La tempestad, ya lo mencionaba: “Me habéis enseñado a hablar y mi gran ventaja es que ahora puedo insultaros”. Con todos los honores, el pasado fin de semana en la capital francesa tuvo lugar la primera edición del festival Nollywood Week Paris, una oda al cine nigeriano que se erige como la segunda gran industria del mundo en producción de películas por delante de la todopoderosa Hollywood. Durante cuatro días cerca de 2.000 espectadores tuvieron la oportunidad de ver cine made in Africa y asistir a mesas redondas especializadas para debatir sobre el futuro cinematográfico nigeriano en la cuna del cine: París.

Ha llovido desde que los hermanos Lumière encendieron por primera vez el motor del considerado séptimo arte el 28 de diciembre de 1895 y desde entonces, la ciudad de la luz despierta un halo de respeto cuando se habla de cine. Y ahora, más de un siglo después, siete cineastas nigerianos han planteado una nueva forma de mirar en 35mm., un nuevo concepto para entender Nigeria, para acercarnos a África. La importancia del primer festival de Nollywood en París tiene varios puntos de análisis: el primero, inevitablemente, es el acercamiento del público parisino a un cine inusual en las carteleras convencionales; el segundo es la reivindicación de facto de que no toda la producción realizada en Nigeria tiene una calidad mediocre como se le atribuye a esta industria; y, por último, la búsqueda de un mercado centrado en la diáspora nigeriana en Francia.

Con este contexto en mente se presentaron hace unos días en París, cinco conferencias que examinaban individualmente el fenómeno de una nueva cultura popular panafricana que tiene implicaciones potencialmente subversivas y significantes para la política económica y la globalización de los medios. Los conferenciantes, profesores universitarios, directores y actores, expusieron sus propuestas, algunas de ellas inspiradoras, y examinaron de forma colectiva qué nos puede enseñar el fenómeno de Nollywood en el s.XXI.

La primera en romper el hielo fue la profesora Moradewun Adejnmobi, del departamento de Estudios Africanos de la Universidad de California, especialista en cultura popular africana y en manifestaciones artísticas, quién subrayó la importancia de esta industria “como piedra angular en el proceso de globalización y de la cultura popular que se está dando en centro África. Es necesario contextualizar estas películas en Nigeria para acercarnos de una manera más real a las problemáticas que abordan”. En este sentido, el profesor John McCall, de la Universidad de Illinois, recogía el testigo y explicaba que Nollywood es relevante porque reúne tres elementos imprescindibles en la era capitalista actual: “Está claro que el foco se centra en Nigeria porque hacen películas, ganan dinero y generan cultura, tan preciada por los grandes focos de poder”, sentenció McCall. Pero quizás, el momento más emotivo fue cuando Emil Abossolo, una de los actores en la premiada Ezra, del director Newton Aduaka, explicó que “sea como sea, desde Fela Kuti [padre del afrobeat] ¿Quién ha oído hablar positivamente de los nigerianos más allá de casos puntuales en el deporte? Por primera vez hemos recolonizado nuestras imágenes y nos hemos hecho dueños de nuestro futuro”.

Las opiniones positivas no sobraban durante el festival celebrado en el Teatro L’Arlequin. Pero no todo son elogios. Voces críticas como la de Odia Ofeimun, poeta y periodista nigeriano, rechazaba por completo, en una entrevista radiofónica difundida en octubre de 2012 en los Estados Unidos, la mirada nollywodiense sobre sus compatriotas: “Si quieres saber verdaderamente qué no pasa en África, entonces mira las producciones de Nollywood”.

El noviazgo de fin de semana parece que ha sido una apuesta de largo para futuras ediciones. El domingo, tras la proyección de la mejor película elegida por el público Phone Swap, del director Kunle Afolayan, la satisfacción de los deberes bien hechos era evidente. Hay que mejorar. Claro. Y Noukoué era consciente: “Hemos puesto la primera piedra para dar a conoce este tipo de cine en Francia. Ahora, solo falta dar el paso de los festivales de cine a las programaciones habituales de las salas de cine”.

- El término Nollywood se forjó en los años 90 y su nombre proviene de la unión de la ‘N’ de Nigeria y la palabra Hollywood. Es parecido a Bollywood, la industria de cine de Bombay, en la India.

- Con más de 2.000 películas al año, Nollywood es la segunda industria cinematográfica del mundo, por detrás de Bollywood y delante de Hollywood. Genera 200.000 empleos directos según cifras del gobierno nigeriano, que proporcionan unos ingresos de 450 millones de euros al año.

- El presupuesto mediano de una película es de 12.000€ y el tiempo de producción es de 7 a 10 días; por establecer una comparación con Hollywood, una gran producción necesita algunos cientos de millones de euros. Las películas, generalmente, son filmadas con una cámara digital para salir directamente al mercado de los DVD, ya que la mayor parte de las salas de cine han tenido que cerrar debido a la inseguridad.

- Finalmente, aproximadamente solo un 0,5% de todas las películas que se graban tienen como objetivo final la gran pantalla, como es el caso de las selección realizada por el festival Nollywood Week Paris. El resto de filmes son distribuidos en DVD desde la salida y circulan en versión pirata. Precisamente, una gran parte de este producto es generado para la diáspora nigeriana especialmente en los Estados Unidos y en el Reino Unido.

Una retrospectiva sobre las 4 películas que han marcado Nollywood

Living in Bondage, de Chris Obi Rapu (1992). Fue la película que marcó el nacimiento oficial de Nollywood. Fue el primer vídeo grabado en lengua igbo (subtitulada al inglés) y que salió al mercado en VHS. Hasta la fecha se han vendido 500.000 ejemplares.

Osuofia in London, de Kingsley Ogoro (2003). Esta comedia que narra los infortunios de un nigeriano en Londres cuenta con el récord de ventas en VHS (800.000 ejemplares).

Ije, de Chineze Anyaene (2010). Programada en Paris, fue la primera película en participar en festivales de cine internacionales.

Inale, de Jeta Amata (2010). Programada también en la Nollywood week de Paris, es la primera gran producción musical de esta industria.