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TRIBUNA

Cuando los parlamentarios no tenían sueldo

No remunerar la labor política es volver a incentivar la corrupción

Desde el pasado 1 de enero, los diputados de Castilla-La Mancha no reciben retribuciones por su trabajo parlamentario y, según leo en la prensa, el proyecto de ley para la reforma de las Administraciones públicas dejará sin sueldo al 82% de los concejales del país. Hubo una época —La Restauración (1876-1923)— en la que parlamentarios y concejales no cobraban del Estado. En el archivo del Círculo Minero de Bilbao y en el del Crédit Lyonnais de París he encontrado una documentación que ilustra lo que ocurría entonces.

El Círculo Minero de Bilbao fue un grupo de presión del que formaban parte los grandes mineros vascos y las empresas extranjeras que explotaban minas de hierro en Vizcaya. En mayo de 1899, varios de sus socios viajaron a Madrid para “designar a un diputado que, junto a Antonio Comyn, ejerza el cargo de agente en el congreso”. Unos días más tarde, el presidente del círculo comunicaba por carta a los socios que “consultado el diputado don Francisco de la Iglesia, ha manifestado que ocupará el cargo de agente con mucho gusto”. Estos agentes y otros que aparecen en la documentación cobraban del círculo entre 1.500 y 3.000 pesetas anuales más gratificaciones.

Merece la pena reproducir parte de la correspondencia que De la Iglesia y el círculo mantuvieron entre junio de 1899 y mayo de 1900, cuando se discutía en cortes la reforma fiscal de Villaverde. De la Iglesia al círculo: “Les comunico que sus intereses se hallan amenazados por los nuevos impuestos que el ministro ha preparado”. “Sería muy conveniente que estudiaran el asunto y me sugirieran los pasos a seguir”. El círculo a De la Iglesia: “Aceptamos un aumento de los impuestos dada la necesidad de contribuir a mayor escala en un momento en el que el Estado atraviesa por críticas circunstancias, pero le pedimos que la reforma se efectúe con moderación”. De la Iglesia al círculo: “He acomodado a los diputados afines de la comisión a fin de que influyan para que los recargos no sean onerosos” (…) “También trato de acomodar a otros no afines explicándoles que negarse a reformar la propuesta del ministro podría desembocar en sensibles movimientos de protesta con paralización del trabajo de las minas”. De la Iglesia al círculo: “Las razones que he ido aduciendo a favor de la minería ante los miembros de la comisión y el propio ministro me hacen ser optimista. Los impuestos se reformarán con un amplio sentido de conciliación”. El círculo a De la Iglesia: “La reforma de los impuestos mineros satisface nuestros intereses, por lo que hemos decidido girarle 5.000 pesetas en concepto de honorarios por servicios extraordinarios”.

"Entre los políticos hay aquellos de los que podemos lograr apoyo a cambio de remuneraciones"

En el archivo histórico del Crédit Lyonnais de París he hallado un documento de 1901 firmado por los agentes del banco en España que se titula —traduzco al castellano— Sobre la posibilidad de crear en España un grupo de presión que se oponga a la depreciación de la peseta. El Estado español financió la guerra de Cuba endeudándose con el Banco de España que, a su vez, aumentó la oferta monetaria provocando una inflación que depreció la peseta. Esto perjudicó a los numerosos accionistas franceses de empresas con negocios en España y de ahí el interés del Crédit Lyonnais en que la peseta se apreciara. Reproduzco un párrafo del documento:

“Es preciso lograr el apoyo de políticos influyentes y de la prensa. Entre los políticos existen dos grupos. El primero es el de aquellos de los que podemos conseguir apoyo a cambio de remuneraciones. Los principales de estos políticos influyentes serían: en la primera línea, don Segismundo Moret, presidente del Congreso de los Diputados, antiguo ministro liberal, muy influyente entre los medios liberales, susceptible de rendir un gran servicio, inteligente, manipulable y capaz de servir a quien le pague bien. Después, don Eduardo Dato, antiguo ministro conservador, muy influyente en los medios conservadores y con relaciones muy estrechas con la Casa Rocthschild. Finalmente, Fernando Merino, yerno del señor Sagasta, hombre de negocios ambicioso de dinero y de poder. A estas tres personalidades, podemos añadir diputados de segundo orden (…). Un segundo grupo es el de políticos influyentes que estarían dispuestos a colaborar (…), entre ellos Francisco Silvela, líder del partido conservador, abogado de las compañías de ferrocarriles, que podrían influir sobre él. (…) Habría que entrar además en contacto con los redactores de los principales periódicos que, por sumas mínimas, sostendrían las tesis que les proporcionáramos”.

También sabemos por las investigaciones de Pablo Díaz que el empresario vasco Horacio Echevarrieta tuvo cuatro diputados a sueldo (Mariano Tejero, Manuel Rodríguez Piñero, Luis Capdevila y José Buylla), pagando 1.000 pesetas mensuales a José Sánchez Guerra, que fue ministro y jefe de Gobierno.

Todo esto sucedía cuando los parlamentarios no tenían sueldo. Volver a ello no hará otra cosa que crear incentivos a la corrupción.

Antonio Escudero es catedrático de Historia Económica en la Universidad de Alicante.

 

 

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