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COLUMNA

Tragar

El informe sobre la mala calidad de las hamburguesas llega en un momento en que, por lo menos a mí, no me surte ya el menor de los efectos

El informe de la OCU sobre la mala calidad de las hamburguesas nos llega en un momento en que, por lo menos a mí, no me surte el menor de los efectos. Tengo el paladar insensibilizado a fuerza de tragar ruedas de molino y una serie de camiones con tráiler. Por ejemplo, estoy tan curtida —esos suizos avisando a Bárcenas de que se le estaba investigando, ese caballerete afín a las infantas insinuando, con su presencia en las operaciones del yerno, que la Casa del Rey le apoyaba; tanta ocultación, tantos enjuagues—, que empiezo a creer a pies juntillas que Gas Natural se propone dejar Doñana como un queso, al tiempo que respeta la sostenibilidad del parque natural y la vida en libertad del muy preciado lince ibérico. Es más, estoy decidida a admitir que los efluvios de gas que puedan producirse colocarán al lince y le darán una vida mucho más agradable que la nuestra, que se produce a pelo, todos los días y sin marihuana.

Por consiguiente, que decía Felipe González, estoy dispuesta a aceptar que el hecho de que el expresidente socialista esté ahora en Gas Natural, aportando su ciencia infusa, no tiene nada que ver con que hasta hace poco cultivara bonsáis, o lo que hiciera o hiciese, en el patronato de Doñana, por no hablar de sus anteriores periodos vacacionales. En realidad, si una se mete en las páginas que la mencionada multinacional energética mantiene en la Red, coge un violín y, haciendo sonar una melodía bucólica, mira el apartado “Nuestro compromiso con el medio ambiente”, una descubre que aparece la foto de unas manos sosteniendo una planta enana. ¿Es el propio Felipe?

De modo que, por mí, no se preocupen los fabricantes y expendedores de hamburguesas-basura. Vivo una vida basura. Trago mierda todos los días.

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