Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
EDITORIAL

Alarmante deriva egipcia

El anteproyecto constitucional aprobado por los islamistas dista de ser democrático e incluyente

Si inquietante resulta que el presidente egipcio decidiera la semana pasada adjudicarse poderes tan amplios que en la práctica lo colocan por encima de la ley, más alarmante para el futuro de Egipto es la aprobación contra reloj y en una sola sesión maratoniana, siguiendo órdenes presidenciales, de la nueva Constitución por una Asamblea copada por los Hermanos Musulmanes y sus aliados islamistas. Mohamed Morsi podría aprobar hoy el anteproyecto de Carta Magna, que será sometida a referéndum este mismo mes.

Los acontecimientos de la última semana en Egipto alimentan las peores sospechas sobre las intenciones de Morsi, un jefe de Estado elegido sin que antes sus poderes estuvieran definidos constitucionalmente. Y justifican las crecientes protestas callejeras ante lo que muchos egipcios consideran un asalto al poder sin miramientos por parte de los Hermanos Musulmanes. Si no es admisible el decreto de Morsi atribuyéndose facultades dictatoriales —por más provisional que se pretenda y pese a escudarse en preservar la democratización frente a las embestidas de un poder judicial leal a Mubarak— lo es menos el fulminante visto bueno a los 234 artículos de la ley fundamental con el pretexto de que un Tribunal Constitucional hostil podría invalidar mañana mismo el anteproyecto aprobado. La legitimidad del documento fundacional del nuevo Egipto nace herida de muerte por el hecho de que los representantes de amplios sectores sociales se han retirado de una Asamblea que ha ignorado sus aspiraciones. No fue eso lo prometido por Morsi y los suyos cuando avizoraron el poder tras décadas de clandestinidad.

Ni la democracia se construye con medidas dictatoriales ni una victoria electoral otorga el monopolio constitucional.Egipto es referencia y espejo donde se miran otros países árabes levantados contra sus tiranos. Su Constitución podría haber sido democrática e integradora, pero no es el caso de un texto que mantiene los principios de la sharia como principal fuente de legislación, ignora la protección de la igualdad de las mujeres o restringe a tres religiones la libertad de culto. Es verdad que se fija el mandato presidencial en un máximo de ocho años, pero a la vez Morsi mantiene los privilegios de los todopoderosos militares, que ocuparán la cartera de Defensa, seguirán enjuiciando a civiles y blindados ante el escrutinio parlamentario mediante el secreto de su presupuesto.

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.