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EDITORIAL

Interinidad bancaria

La crisis continúa por la imprecisión del banco malo y el retraso en recapitalizar las entidades

El sistema bancario español sigue inmerso en la interinidad que se abrió, el pasado mes de junio, con la solicitud por las autoridades españolas de ayuda financiera europea para la recapitalización de las entidades. Dos aspectos subrayan la prolongación de esa transición: la falta de concreción de algunos aspectos centrales del Memorando de Entendimiento, en especial los relativos al llamado banco malo, y el acuerdo de la reciente cumbre de la Unión Europea, que aplaza hasta 2014 la recapitalización directa de la banca. El resultado de ambas situaciones no favorece precisamente la eliminación definitiva de una de las amenazas que siguen pesando sobre la recuperación de la economía española.

La creación de la Sociedad de Gestión de Activos (SGA) es una de las condiciones de la línea de crédito para recapitalizar a las entidades en dificultades. A ese banco malo deberán transferirse todos los activos real o potencialmente dañados como consecuencia del desplome de la actividad y de los precios inmobiliarios. A día de hoy, sin embargo, las autoridades mantienen importantes zonas de imprecisión acerca del funcionamiento de la SGA, de sus accionistas, de sus órganos de gobierno y, quizás lo más relevante, del valor al que se transferirán los activos. Esto último condiciona, lógicamente, las decisiones de eventuales inversores en los activos dañados que habrá de comercializar el banco malo.

A la inconcreción en los planes del Gobierno para la definitiva normalización de la actividad bancaria se añade ahora el revés que las autoridades alemanas han dado a los calendarios de implantación de la unión bancaria, y en concreto a la posibilidad de que esas ayudas a los bancos se contabilicen como deudas de los receptores en lugar de deuda del Estado. No deja de sorprender la ligereza con la que el presidente del Gobierno español ha interpretado esa decisión, minimizando el aumento de la deuda pública española, al menos en 40.000 millones de euros; a los que pueden añadirse los fondos derivados del rescate genérico al Tesoro español para estabilizar las cotizaciones de la deuda pública.

La conclusión de la crisis bancaria no significará el inicio de la recuperación de la economía, pero esta no llegará hasta que hayan desaparecido los focos de incertidumbre que el sistema bancario sigue proyectando.

 

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