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EDITORIAL

Traición y silencio

El proceso del mayordomo del Papa deja en la sombra indicios de corrupción en el Vaticano

La sentencia de año y medio de cárcel para el mayordomo del Papa Paolo Gabriele por robar al Pontífice documentos secretos es el supuesto punto final de un oscuro capítulo vaticano del que queda todo por saber. En aplicación del Código Penal de 1889 vigente en el Vaticano, un tribunal de la ciudad-Estado ha condenado a Gabriele a una pena menor —podía haber sido condenado a ocho años— de la que Benedicto XVI podría indultarle. Eso reduciría la sanción a la mera expulsión del Vaticano de un hombre que en las primeras horas de su detención habló de la existencia de cómplices en sus actos delictivos y que al final del proceso se ha abstenido de insistir en esa línea y se ha declarado culpable de haber traicionado la confianza del Papa.

Todo parece indicar que tras este proceso se esconde una descarnada lucha por el poder, acrecentada por la próxima sucesión del Papa, dada su avanzada edad —ya ha cumplido los 85—, y nuevos escándalos financieros. Asuntos, en definitiva, en los que Gabriele sería un minúsculo chivo expiatorio. Alimenta esa tesis el propio contenido de los documentos supuestamente robados y filtrados a la prensa por el exmayordomo. Cheques y documentos que exponen casos de corrupción e intrigas vaticanas. Uno de los más significativos se halla en una filtración hecha con Gabriele detenido. Además de ser prueba en sí misma de que el mayordomo no actuaba solo, los nuevos documentos ponían bajo sospecha a dos estrechos colaboradores del Pontífice, como son su secretario personal, Georg Gäenswein, y el secretario de Estado del Vaticano Tarcisio Bertone. Nada más ha trascendido sobre tales acusaciones, como tampoco sobre la investigación abierta contra el Banco Vaticano por presunto blanqueo de capitales, a pesar de que el mismo día en que fue desenmascarado Gabriele el Vaticano destituía fulminantemente al presidente de la entidad financiera, Ettore Gotti Tedeschi.

El proceso del exmayordomo ha desviado la atención de esos asuntos de mayor enjundia. El Vaticano, que logró este verano frenar las filtraciones de documentos de Gotti amenazando a la prensa, se mantiene así fiel a su acerada cultura de la ocultación y el silencio, evitando la regeneración que tanto necesita y que tímidamente este Papa ha pretendido en ocasiones en asuntos tan espinosos como la pederastia en el seno de la Iglesia.

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