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Orgulloso de la doctora Chan

Así ha declarado sentirse Mark Zuckerberg sobre su esposa, recién licenciada en medicina

Su misteriosa figura se alza como una gran influencia sobre el fundador de Facebook

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Priscilla Chan y Mark Zuckerberg, en un viaje a Shangái el pasado marzo, dos meses antes de su boda.

A la pregunta de quién es Priscilla Chan, la mayoría de los consultados responden con un crudo “ni idea”. Si se les explica que ha sido la novia durante más de nueve años —con algún alto en el camino en el que al menos a él le dio para intimar con otras mujeres—, y hoy es esposa, del fundador de Face­­book, entonces ya se escucha un obvio “¡aaahhh, ella!”.

El príncipe de Silicon Valley, Mark Zuckerberg, 28 años, conoció a la mujer por la que ha cambiado su estatus de Facebook de soltero a casado de la manera menos romántica posible: mientras ambos guardaban riguroso turno para el baño en una fiesta de fraternidad en Harvard en 2003 —faltaba todavía un año para que el genio de Mark fundase Facebook en la habitación de su colegio mayor—. “Mark era el clásico empollón”, explicaría en 2010 la hoy señora de Zuckerberg en un perfil escrito para la revista The New Yorker.

Poco o nada sabía el mundo de Chan hasta que saltó la noticia de su boda con uno de los hombres más ricos del mundo. No es que ahora se logre saber mucho, porque la pareja es hermética y su círculo más íntimo vive bajo el mismo jurado secretismo, según atestiguan los medios de comunicación que han intentado entrevistar a la joven esposa —este diario incluido—.

Según su perfil de Facebook, a Chan le gusta cocinar, leer, la fotografía y estudiar español. Es fan de los cantantes James Taylor y John Mayer y de grupos como Red Hot Chili Peppers y Green Day —cuyo líder, Billie Joe Armstrong, amigo de Zuckerberg, cantó gratis en la boda—. Adora la saga Harry Potter y su libro favorito es La Casa de los Espíritus, de Isabel Allende.

Atendiendo a su biografía oficial, Priscilla Chan nació el 24 de febrero de 1985 en un suburbio de Boston, tiene hoy 27 años y se licenció en Medicina por la Universidad de San Francisco pocos días antes de su boda, el pasado 19 de mayo. De hecho, gran parte de los solo 100 invitados a la ceremonia creyeron que iban a celebrar su título como médico. Cinco días antes de la boda, Zuckerberg escribió en su perfil de Facebook: “Estoy tan orgulloso de usted, doctora Chan”.

Las contradicciones de Zuckerberg

Foto proporcionada por Facebook de la boda de Zuckerberg y Chang en Palo Alto, California.

Tom C. Avendaño

Priscilla Chan no sale en La red social, la película que cimentó el mito fundacional de Facebook y la celebridad de Mark Zuckerberg como genio misántropo. Quizá ese detalle explique por qué el precoz programador ha centrado lo poco que se sabe de su imagen pública en su relación con ella, acaso en un intento de romper con esa versión de sí mismo que siempre le ha molestado notoriamente. Su escudadísimo perfil de Facebook solo se abre ante sus 15 millones de suscriptores para hablar con cariño de Beast, el perro que comparten desde hace poco más de un año, y, más recientemente, para que Zuckerberg muestre algo de corazoncito ante la graduación de su novia (ese lacónico y paternal “estoy muy orgulloso de ti”). El anuncio de la boda, sin palabras, tampoco resuelve si esta cerrazón es una contradicción con los principios exhibicionistas de Facebook, una declaración de lo hermética que puede resultar la red social, o sencillamente una muestra de que no es la persona más emotiva del mundo. Pero a Zuckerberg le gusta el anonimato. Escudado detrás de su consorte, sabe que, como siempre, la ambivalencia le salvará de su propio mito.

La joven planea ser pediatra y optó por quedarse en Harvard cuando su novio le propuso hace ya casi una década abandonar los estudios y lanzarse a la aventura de Facebook con él. “Me encantaría un empleo en Facebook”, le había dicho Chan a Zuckerberg en 2007, mientras le pasaba una barra de regaliz. Parece que finalmente todo se quedó en un no, gracias. Aun así, la flamante esposa mantiene una notable influencia sobre la red social. Se cree que a ella se debe, entre otras ideas, la inclusión de la herramienta de registro de donación de órganos en Facebook.

Dicen las fuentes mejor informadas que Chan trazó las líneas que seguiría la relación de ambos después del estancamiento que sufrió cuando Zuckerberg cruzó el país de costa a costa para instalarse en Palo Alto y centrarse en Facebook: si volvían a estar juntos, más antes que después, habría boda; al menos una vez a la semana tendrían una cita a solas y él se comprometía a estar alejado de la red social —en todas sus versiones, oficina, Internet— 100 minutos cada semana. Parece ser que Zuckerberg cumple: ha habido boda, y según relata David Kirkpatrick en su libro El efecto Facebook, el fundador de la red social con más de 800 millones de socios abandonó en una ocasión un retiro, ofrecido por el dueño de News Corp, Rupert Murdoch, en el que se encontraba, porque tenía una cita para llevar a Chan al cine.

Una vez al año, la pareja se va dos semanas de vacaciones al extranjero. Hasta ahora han visitado Dubai, Bombay y algunas capitales de China. Un amigo asegura al diario The New York Times que este año están considerando Perú.

Chan ha logrado que Zuckerberg aprenda algo de mandarín —recibe las clases después de desayunar y antes de entregarse a la empresa que le ha dado fama, poder y dinero—, según ha constatado el propio Zuckerberg en declaraciones a la cadena ABC, para poder comunicarse con la abuela de su esposa.

La última primera dama llegada al universo de la tecnología de la mano de su marido —existen otras, Melinda Gates, mujer de Bill Gates (Microsoft); Anne Wojcicki, esposa de Sergey Brin (Google); Laurene Powell, viuda de Steve Jobs (Apple)— fue dejada notablemente fuera del guión en la película sobre Facebook y solo se la menciona un par de veces en el libro Multimillonarios por accidente, donde se la describe como una “bonita chica asiática al lado de Mark; alta, china, con largo pelo negro y una linda sonrisa”. En definitiva, Priscilla Chan. Queda presentada.