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Dakar Fashion Week o el sueño de Adama Paris

Estamos en el Barra Mundi, un local de alto postín de la noche dakarois, en el barrio de Mamelles. Los clientes (algunos han pagado hasta 100 euros por la entrada, otros vienen con invitación) yacen plácidamente en los sillones y sofás de color blanco marfil mientras beben champagne o generosos combinados. A excepción de los periodistas que pululamos por allí vestidos de cualquier manera, el ambiente resulta muy chic. De repente, se corta la música y aparece un chico tocando el yembé y un hombre de unos sesenta años disparando notas con su saxofón. Es el original comienzo del segundo desfile de la Dakar Fashion Week, la semana de la moda que se ha celebrado estos días en la capital de Senegal.

Sobre la improvisada pasarela, las altísimas modelos lucen esta noche las creaciones de cinco diseñadores. Del mosaico cultural del marfileño-libanés Elie Kuame al desparpajo y la originalidad del diseñador egipcio Tito, pasando por la sencillez de las creaciones arabizantes de la marroquí Jamila Lafquir, el colorido y el ritmo de la malí Mariam Bocoum y las amplias faldas y vestidos de la senegalesa Dior Lo. La creatividad de la moda africana con toda su fuerza. Así es la Dakar Fashion Week, una de las pasarelas más importantes del continente africano.

Al frente de todo está Adama Paris, como se conoce en el mundo de la moda a Adama Amanda Ndiaye. Nacida en 1976 en Kinshasa (República Democrática del Congo), esta diseñadora senegalesa de arrolladora energía soñó hace más de una década con crear una gran pasarela en su país en la que se pudiera mostrar lo mejor de la creación africana. ¿Y por qué no? Con mucho tesón y esfuerzo, la idea de Adama Paris vio la luz y ha logrado mantenerse con toda su vitalidad hasta llegar a su décimo aniversario.

Un paréntesis para mostrar su paso por Canarias.

Seguimos en Dakar. El miércoles hubo un desfile en el Bulevar del Centenario, en el que también se pudo disfrutar de las reivindicativas letras del rapero Didier Awadi y de la música pegadiza de Idrissa Diop, y el jueves en Barra Mundi, pero el auténtico show se reserva para el lujoso hotel Radisson Blu, donde Adama se mueve como pez en el agua. Cuando entra en escena suele hacerlo acompañada de un puñado de colaboradores que, móvil en mano, van resolviendo los últimos detalles. Ella, siempre con una sonrisa, saluda a todo el mundo, habla aquí y allá y toma las decisiones. Quizás esta fuerza le venga de su padre, un niño de la calle, un talibé que con mucho sacrificio llegó a ser diplomático del Gobierno senegalés, un referente del que Adama aprendió que casi todo es posible con tesón, esfuerzo y trabajo, mucho trabajo.


“Estos diez años se me han pasado volando”, asegura la diseñadora, “me parece que fue ayer cuando empezamos”. Por eso, para este décimo aniversario se ha traído un poco de cada edición: treinta diseñadores, casi todos africanos, 37 modelos, cuatro desfiles y mucho glamour. “La moda es moda, sin apellidos. Detesto los estereotipos, mis creaciones beben de todas las fuentes. Estoy muy influenciada por lo europeo, pero a la vez soy africana. El mestizaje es el futuro, estoy convencida”, añade Adama Paris aprovechando un pequeño descanso entre tanto trajín.

Siempre viajando entre París, Brasil, Nueva York y Dakar, Adama Paris se ha convertido, a su vez, en un referente de éxito en su país. Emprendedora, dinámica, divertida y también comprometida con los niños desfavorecidos que pueblan las calles de su país, a quienes destina una parte de sus ingresos. Aunque no le gusta entrar en política, “esto es moda y punto”, en su momento, hace menos de un año, defendió la necesidad de que el presidente Abdoulaye Wade dejara el cargo. “Él y su familia han secuestrado a este país”, llegó a decir. Ahora, tras el cambio político, le une una buena amistad con el actual ministro de Cultura y Turismo, el cantante Youssou N’Dour.

Una de sus últimas ideas ha sido la Black Fashion Week, una celebración por todo lo alto de la alta costura con sello africano que ya se ha celebrado en Praga y que próximamente recalará en París para luego dar el salto a Salvador de Bahía (Brasil) y Montreal (Canadá). Toda una oportunidad para presentar en Europa el resultado de una industria que, en África, se enfrenta al problema de la falta de redes de distribución adecuadas, según han denunciado esta semana los propios diseñadores.

El desfile va llegando a su fin. Los diseñadores salen a la pasarela a saludar junto a las modelos y el ambiente es de fiesta. Aplausos, brindis, besos. Al igual que sucede en la pasarela Cibeles de Madrid, en París o en Nueva York, esto es un show, un espectáculo. Pero detrás de todo esto hay un enorme trabajo.

Para los diseñadores, es la oportunidad de mostrar sus creaciones ante posibles financiadores y compradores y de reivindicarse como cabezas visibles de una industria que es generadora de empleo. Para el selecto público, la oportunidad de disfrutar de una moda con sello propio. Para Adama Paris, la continuidad de un sueño que vio la luz hace diez años.