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Columna
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El Gobierno balear ha decidido que la única manera de generar empleo es destrozar la costa sur

Elvira Lindo

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Si el hombre es ese animal que tropieza dos veces con la misma piedra, empieza una a pensar que el español es el animal que ha convertido el acto de tropezar en una misma piedra en seña de identidad. Pero puede que eso de juzgar al español por lo que hacen unos pocos españoles sea injusto, así que procedamos a la concreción: el Gobierno balear, por conocidas razones, debería ser especialmente prudente y reflexivo con las obras que permite en su tierra. Se supone que esta crisis iba a tener, al menos, una consecuencia deseable, la de entender que había que cambiar el modelo productivo, dado que la riqueza de la construcción inmobiliaria ha sido pan para hoy y hambre para mañana. Pero no. El Gobierno balear ha decidido que la única manera de generar empleo en la isla es destrozar la costa sur, donde se encuentra la playa de Es Trenc, una playa tan virgen que parece de otro país, no de este nuestro en el que llevamos años trabajando a fondo para cargarnos nuestros paraísos naturales. Más hoteles, más polideportivos, más campos de golf.

Pero nosotros, los ciudadanos, también deberíamos demostrar que algo hemos aprendido y negarnos a que algo tan irreversible como la destrucción de un ecosistema dependa de un Gobierno autónomo. Hay que exigirle al Gobierno español una explicación: ¿es este el cambio de modelo que nos prometían? Porque se parece bastante al que hemos venido padeciendo durante años. Casinos, campos de golf, complejos hoteleros, apartamentos que invaden las costas. Apartamentos que, en muchas de esas costas ya vulneradas, están ahora mismo vacíos, sin inquilinos ni dueños. Para qué más de lo mismo.

Una playa que de milagro sobrevivió a los años del desarrollismo y luego a la excavadora de la burbuja, puede perderse ahora, en este presente en el que la clase política nos insta a reinventarnos. ¡Que se reinventen ellos!

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Sobre la firma

Elvira Lindo
Es escritora y guionista. Trabajó en RNE toda la década de los 80. Ganó el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por 'Los Trapos Sucios' y el Biblioteca Breve por 'Una palabra tuya'. Otras novelas suyas son: 'Lo que me queda por vivir' y 'A corazón abierto'. Su último libro es 'En la boca del lobo'. Colabora en EL PAÍS y la Cadena SER.

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