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Tenso interrogatorio del juez Fernando Andreu al millonario ruso Deripaska, imputado por blanqueo

El magnate asegura que pagó a organizaciones criminales, pero sólo para proteger sus empresas

El comunicado hecho público el miércoles por el magnate ruso Oleg Deripaska, manifestaba que su intención era colaborar y prestar cualquier tipo explicación a la justicia española. Pero su encuentro con el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu y el fiscal José Grinda, que le tomaron declaración como imputado en Moscú por su supuesta implicación en una trama de blanqueo de dinero procedente de la mafia rusa que operaba en España, fue cualquier cosa menos cordial.

El millonario, la quinta fortuna de Rusia y uno de los hombres más influyentes del país, acudió a la cita con seis abogados, de los que dos eran españoles. El interrogatorio, que duró cinco horas y media y en el que estuvieron presentes un fiscal y un juez ruso, comenzó con un ataque directo del oligarca al magistrado español. Nada más formular Grinda la primera pregunta, Deripaska plantó sobre la mesa un artículo de un diario español sobre su caso alzando la voz y recriminando a Andreu: "¿Qué pasa con mi prestigio?". El magistrado español se dirigió a su colega ruso para advertirle que si el interrogatorio continuaba en esos términos, lo daba por terminado y se volvía a Madrid.

Los ánimos se calmaron y el millonario ruso comenzó a responder. Su estrategia fue presentarse como víctima de una extorsión del israelí Mijaíl Chernoi, en busca y captura internacional por ser el propietario de Vera Metallurgica, la empresa radicada en Alicante a través de la cual presuntamente se blanqueaban fondos de la organización mafiosa Ismailóvskaya. La investigación vincula a Vera Metallurgica con el combinado Metalúrgico de los Urales (UGMK) y con Deripaska, en su condición de supuesto copropietario de esta última entidad junto a Chernoi. Sin embargo, el magnate ruso, como ya hizo en otras ocasiones, se desvinculó de ambas empresas.

El empresario sólo admitió que había pagado ciertas cantidades a organizaciones criminales, pero con la única intención de proteger sus empresas, pero nada de lavado de dinero. Deripaska controla un imperio (Basel Element) que emplea a 200.000 personas y la mayor compañía de aluminio del mundo (Rusal). Posee una fortuna de 10.700 millones de dólares según el baremo Forbes para 2010 y estuvo casado con una hija de Boris Yeltsin, el primer presidente ruso tras la caída de la URSS.

El interrogatorio se desarrolló atropelladamente. Cada una de las respuestas del magnate fue analizada sistemáticamente por sus seis abogados, según fuentes de la investigación. Algunas de sus contestaciones fueron directamente reelaboradas por éstos en una práctica que dilató en exceso la declaración e impidió que se desarrollara con naturalidad.

En mitad del acto, la defensa del magnate intentó presionar a Andreu y Grinda al asegurar que la prensa española ya publicaba que el fiscal había terminado sus preguntas, aunque ninguno de éstos había salido de la sala en la que se practicó la declaración. El encuentro terminó con una declaración final del fiscal ruso, advirtiendo a todos los presentes de que lo que había ocurrido en ese acto tenía carácter secreto.