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Tribuna:

Cerrar Garoña ya, única decisión posible

Carlos Bravo es responsable de la campaña de energía nuclear de Greenpeace

El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) ha emitido ya su informe sobre la prórroga de funcionamiento solicitada por Nuclenor, el propietario de la central nuclear de Garoña, cuya licencia de explotación vence el próximo 5 de julio.

Apurando al máximo el plazo legal que tenía para ello y haciendo gala de su habitual opacidad, el CSN no ha dado oficialmente ninguna explicación al respecto, lo que ha pospuesto hasta el lunes 8, justo después de la celebración de las elecciones europeas. Un secretismo absurdo, pues, como era previsible, pocas horas después ya todo el mundo conocía las líneas principales de lo que el CSN ha decidido.

Como era de esperar, dado el carácter pronuclear del CSN, y era un secreto a voces desde hace meses entre el lobby nuclear, este organismo ha aceptado conceder la prórroga pedida por Nuclenor, a pesar de que la central de Garoña ha incumplido varios de los requisitos que el CSN previamente les había exigido para prorrogarle la licencia: la substitución del cableado eléctrico y solventar los reiterados problemas de la ventilación de emergencia de la contención. Es decir, el examinado no ha cumplido ni siquiera con los mínimos requisitos técnicos exigidos por el examinador, y éste, en una lamentable decisión, política (de apoyo a la industria nuclear) y no técnica, decide hacer la vista gorda ante esos incumplimientos y darle el aprobado.

Dejando al margen la falta de rigor e independencia de este organismo, hay que recordar que el informe del CSN no es vinculante para el Gobierno, el cual por su parte tiene el compromiso de cerrar las centrales nucleares. En efecto, el PSOE incluyó en su programa electoral y de gobierno el compromiso de "sustituir de forma gradual la energía nuclear en España por energías seguras, limpias, y menos costosas, cerrando las centrales nucleares de forma ordenada en el tiempo al final de su vida útil, dando prioridad a la garantía de seguridad y con el máximo consenso social, potenciando el ahorro y la eficiencia energética y las energías renovables, la generación distribuida y las redes de transporte y distribución local".

El pasado 12 de mayo, durante el Debate del Estado de la Nación, preguntado en concreto sobre si iba a ordenar el cierre de la central nuclear de Garoña al vencimiento de su permiso de explotación, el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, respondió que sería coherente con sus convicciones y sus compromisos. Podemos asegurar que se dan las condiciones para que el Gobierno socialista y su Presidente sean coherentes y cumplan este compromiso.

La contribución energética de la central nuclear de Garoña es escasa (el 1,2% del total, en 2007) y está sobradamente compensada por la aportación de las energías renovables (éstas aportaron en 2007 un 23% del total de la electricidad generada). Simplemente el incremento de la producción de electricidad renovable en 2007 con respecto al 2006 supuso casi el doble de la aportación anual de Garoña. Otro dato: en 2008, descontadas las importaciones, finalmente España exportó una cantidad de electricidad equivalente a la producida por tres centrales nucleares como la de Garoña. Es decir, Garoña ha sido sustituida ya por las energías renovables. Sin Garoña, la seguridad del suministro estará garantizada.

Así lo han reconocido el Secretario de Medio Ambiente de la Ejecutiva Federal del PSOE, Hugo Morán, y la Fundación Ideas (el think-tank del PSOE) que ha recomendado al Gobierno que no se renueve el permiso de explotación de Garoña, en el marco de un plan de cierre progresivo de las centrales nucleares. Existe además un amplio consenso social a favor de su cierre. Numerosas organizaciones sociales, ecologistas, sindicales, vecinales y políticas vienen reclamando desde hace años el cierre de Garoña, petición hecha también desde instituciones como el Gobierno Vasco y la Diputación Foral de Álava.

Tampoco hay obstáculos económicos para su cierre, pues esta central está ya más que amortizada desde hace años. Además su funcionamiento es peligroso. Conocida como la "central de las mil y una grietas", su vida útil está ya más que agotada, como demuestran los graves problemas de agrietamiento por corrosión que afectan a diversos componentes de la vasija del reactor y del resto del circuito primario. Dado que no hay ningún obstáculo energético, técnico ni económico que impida su cierre inmediato y definitivo, la decisión que debe tomar Zapatero es puramente política. En breve veremos si el Presidente muestra su coherencia o, por el contrario, cede a las presiones del lobby nuclear.

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