Opinión
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¿Cómo debe ser la vuelta a la escuela?

La tarea será ardua, pero el aplauso hay que ganárselo

Campamento de verano en un colegio de Tíncer, en Tenerife, este verano.
Campamento de verano en un colegio de Tíncer, en Tenerife, este verano.Europa Press

¿Cómo debe ser la vuelta a la escuela? Diversa y flexible: no podrá ser igual en todos los centros, que son muy distintos, ni habrá fórmula definitiva, como no lo han sido siquiera los planes de verano.

Parámetros obligados. No compete a las Administraciones decir a cada centro todo lo que hacer, sino qué hacer en todos ellos, que será solo parte de lo que deba hacer cada uno. Ante todo, fijar parámetros comunes apoyados en datos: protecciones personales, superficie por alumno, márgenes para combinar actividad presencial y no presencial, horario de apertura y horario lectivo...

Recursos adicionales. Materiales y personales, pero sabiendo que no estamos para lujos: reformas interiores donde sea preciso y viable; conectividad, dispositivos, plataformas y capacitación digital; personal temporal de apoyo, sea o no docente.

Planes específicos. Los centros solo son superficialmente iguales; difieren en sus espacios y entornos, las necesidades discentes y las capacidades docentes. Toca a direcciones y órganos colegiados elaborar y actualizar planes sobre el terreno según sus necesidades, recursos y oportunidades, y a las Administraciones ayudar, acompañar, difundir y supervisar.

Espacios y tiempos. Todo espacio es susceptible de otros usos: gimnasios, bibliotecas, capillas (sin por ello renunciar al deporte, la lectura o, en su caso, la fe), porches, carpas... pueden transformarse en espacios ordinarios de enseñanza y aprendizaje. Y flexibilizar tiempos permite desconcentrar (eliminar horas punta) y multiplicar espacios (turnos). Hay límites legales para la jornada laboral docente, pero no para su redistribución interna.

Actividad trimodal. Presencial en la escuela y en línea en casa, como sabemos, pero también en línea dentro de la escuela. Ese tercer modo es factible en espacios más amplios desconcentrados y con ratios superiores: alumnos aprendiendo individualmente o en equipo y educadores supervisando la seguridad y apoyando el aprendizaje. Amplía el tiempo de cuidado, refuerza la sociabilidad y facilita la transición de y al medio digital.

Personalización. Según su edad, madurez y entorno material y cultural, hay alumnos que necesitan poca escuela y otros para los que toda escuela es poca, para quienes aumenta el riesgo o lo reduce, a un lado y otro de las desigualdades digitales de acceso y uso. Las dosis individuales de presencialidad no precisan ser homogéneas ni constantes, y siendo menores para unos podrán ser mayores para otros, pues las escuelas tienen límites. Seguramente eso quieren sus familias.

Siglos de historia han comprimido la escolarización al aula-huevera, decenios de corporativismo han reducido la jornada escolar de la mayoría a la mañana, lustros de dejación han configurado una profesión con poco músculo colectivo. Las comparaciones son odiosas, y más la que nos ofrecen hoy sanidad y educación, los dos grandes servicios del Estado social. La tarea será ardua, pero el aplauso hay que ganárselo.

Mariano Fernández Enguita es catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid y director del Instituto Nacional de Administración Pública.

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