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Salario mínimo interprofesional
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La subida del SMI y su impacto en el empleo y la desigualdad

La clave será no sobrepasar el nivel a partir del cual los beneficios dejen de ser significativos

El impacto del salario mínimo
Tomás Ondarra

En las últimas semanas hemos asistido a una controversia en medios y redes sociales a raíz de la publicación de un informe que el Ministerio de Trabajo encargó a la Fundación ISEAK en 2021 sobre el impacto de la subida en el salario mínimo interprofesional (SMI). Este encargo buscaba complementar los estudios anteriores en la materia para obtener evidencia sobre la preocupación clave en el debate del SMI: la posibilidad de que la reducción de empleo y contrataciones generada por un mayor SMI supere los beneficios de mejores salarios para buena parte de las personas trabajadoras. Con el objetivo de analizar más profundamente estos costes y beneficios, nuestro informe pretendía incorporar así varios elementos que una evaluación previa muy rigurosa del Banco de España no hacía. Por una parte, buscábamos incluir por primera vez a colectivos especialmente afectados por las subidas del SMI como son las personas trabajadoras a tiempo parcial, personas que no trabajan el mes completo o que están empleadas en sectores como la economía doméstica y la agricultura. Por otra parte, se establecía el objetivo de relacionar la subida del SMI con la desigualdad de ingresos y, de esta forma, poder ponderar también los posibles beneficios de la reforma. Nuestra tarea era, por tanto, poner más evidencia sobre la mesa y ofrecer la fotografía más completa y honesta posible de lo que muestran los datos disponibles.

Tras recurrentes solicitudes al Ministerio de Trabajo por parte de diferentes agentes, un año después, el informe finalmente ha salido a la luz. Desde ISEAK nos alegramos de que esto haya sido así, pues se trata de un ejercicio de transparencia, pero lamentablemente nuestra experiencia nos dice que esto no es lo habitual. Más allá de este aspecto, nos ha resultado llamativo que de un mismo estudio se hayan extraído conclusiones en ocasiones contradictorias. Por esta razón, nos gustaría aclarar, de un lado, que la vocación de ISEAK y de este trabajo es la de aportar conocimiento científico y no avalar o desacreditar posibles subidas del SMI. De otro lado, creemos necesario compartir con la sociedad nuestra propia lectura de los resultados, en un ejercicio de divulgación económica que consideramos vital para aclarar matices que naturalmente se pierden en los medios y, así, evitar posibles malinterpretaciones.

¿Cómo hemos evaluado el impacto sobre el empleo de la subida del 22% que experimentó el SMI en 2019? Nuestra estrategia empírica se basa en comparar las transiciones laborales de un grupo de personas trabajadoras que antes de la subida salarial cobraban menos que el nuevo SMI, es decir, las personas afectadas o grupo de tratamiento, y un grupo de personas “gemelas” (con las mismas características) que cobraban ligeramente por encima del nuevo SMI y que, por tanto, no estaban directamente afectadas por la reforma (grupo de control). Para estudiar si el aumento del SMI produjo una pérdida de empleos para las personas afectadas, nuestra metodología consiste en seguir mes a mes a ambos grupos y evaluar si las personas del grupo de tratamiento sufren mayor riesgo de perder sus empleos o de reducir las horas trabajadas que sus gemelos del grupo de control. Los datos empleados para el estudio provienen —al igual que algunos estudios previos, también el del Banco de España— de la Muestra Continua de Vidas Laborales, que incorpora una muestra representativa de personas afiliadas a la Seguridad Social.

El resultado fundamental del estudio es que, en los primeros seis meses tras la reforma, ambos grupos se comportaron igual, lo que permite concluir que a corto plazo la subida del SMI no aumentó el riesgo de pérdida de empleo o de reducción de la jornada. Entre los meses 6 y 12, sin embargo, sí se observa un ligero crecimiento de este riesgo para el colectivo afectado por la subida salarial. Con todo, el impacto es modesto: en torno a dos puntos porcentuales en el caso de la probabilidad de perder el empleo al cabo de un año y ni siquiera 1 punto en el caso de una reducción en las horas trabajadas. Para poner en contexto la magnitud de estos resultados, nos gustaría destacar otro resultado de este estudio: alrededor de un 25% de las personas tanto del grupo de tratamiento como del grupo de control pierden su puesto de trabajo por la alta inestabilidad de los puestos de trabajo. Por esta razón, encontrar que la subida del SMI supuso una pérdida de empleo para el 2% (y una reducción en horas para menos del 1%) de las personas afectadas puede considerarse un efecto ciertamente modesto. Otra cuestión diferente es la que considera la posibilidad de que la reforma frenara la creación de nuevos empleos, que no se aborda en este estudio y, sin embargo, sí se aborda en el informe mencionado del Banco de España, con unos resultados que estiman un impacto negativo de entre 6 y 11 puntos porcentuales sobre los niveles de afiliación de 2019.

Del lado de los beneficios de la reforma, el estudio evidencia una ligera reducción de la desigualdad de ingresos al cabo de un año. Si bien en este caso no es posible confirmar que la causa de esta mejora sea exclusivamente la subida del SMI, los datos indican que, tras la subida, las mujeres y las personas extranjeras —así como las personas situadas en la parte baja de la distribución de ingresos— reciben mayor parte del “pastel” de los salarios y de las rentas. Además, es necesario poner en valor cómo la subida del SMI de 2019 ha supuesto una mejora muy significativa de los salarios para muchas familias que se encuentran en esa parte baja de la distribución, con implicaciones en la reducción de las tasas de pobreza.

Con estos resultados encima de la mesa, muchos se preguntarán: ¿debemos subir o no el SMI? La respuesta a esta pregunta depende de las preferencias de la ciudadanía y de cómo cada cual pondera los costes y beneficios asociados a las subidas del SMI. Nuestro estudio se ciñe a las consecuencias de la subida del SMI en 2019 y, por tanto, resulta aventurado extrapolar resultados a posibles reformas futuras. La intuición nos dice que la clave será no sobrepasar ese nivel a partir del cual los beneficios dejen de ser significativos y los efectos perversos se disparen. La relevancia de este tipo de evaluaciones surge precisamente de la necesidad de conocer estos efectos, ya que solo con la evidencia en la mano podremos debatir entre todos qué es lo que queremos como sociedad.


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