Fever, el gran zoco digital del ocio ya vale 1.000 millones

La plataforma fundada en Barcelona en 2011 y especializada en concentrar ofertas para el tiempo libre, alcanza la categoría de ‘unicornio’

Desde la izquierda, Francisco Hein, Alexandre Pérez Casares e Ignacio Bachiller, fundadores de Fever.
Desde la izquierda, Francisco Hein, Alexandre Pérez Casares e Ignacio Bachiller, fundadores de Fever.

Tras Travelperk, especializada en la venta de viajes corporativos, Fever se ha convertido en la segunda compañía de origen español que este año se convierte en un unicornio, como se conoce en el argot de las start-ups a aquellas que alcanzan una valoración superior a 1.000 millones de dólares. La historia de esta empresa fundada en 2011 en Barcelona —que se trasladó a Madrid en 2013 y desde 2019 tiene su sede en Delaware, uno de los Estados de EE UU con mayores ventajas fiscales— se resume en el despliegue de una intuición, la de que agrupando en una plataforma digital de compra la oferta de ocio y eventos disponible en una ciudad era posible incrementar su demanda e incluso llegar a canalizarla.

El planteamiento tenía al menos un antecedente. Netflix había demostrado, aunque limitándose a lo audiovisual, que la concentración en línea de películas y series estimulaba el consumo, y en Fever se convencieron de que lo mismo podría ocurrir si ofertaban desde entradas para conciertos y exposiciones hasta experiencias gastronómicas y actividades deportivas. Que en un caso el contenido se disfrutara desde casa y en el otro en el exterior les pareció irrelevante. Además, plantearon un segundo elemento para apuntalar la apuesta: el conocimiento de los usuarios a partir de sus datos. “Nuestra idea era no solamente ayudar a los creadores a distribuir su contenido, sino también a que tomaran mejores decisiones acerca de cómo crear”, recuerda por videollamada el actual consejero delegado de la compañía, Ignacio Bachiller.

Aterrizaron en primer lugar en Madrid, Londres y Nueva York, y hoy están presentes en más de 60 ciudades de 21 países. “Precisamente esta actividad global ha sido uno de nuestros mayores reclamos”, sostiene Bachiller, que atribuye también el interés de los inversores a la “ausencia de una tensión competitiva muy elevada” en el sector. En enero, la compañía anunció que había alcanzado un valor milmillonario tras captar 201 millones de euros en una ronda de financiación en la que participaron varios fondos y que estuvo liderada por la división de gestión de activos del banco de inversión estadounidense Goldman Sachs, que se unía al grupo audiovisual Atresmedia como principal accionista. Una financiación con la que podrán “expandir mercados” y “continuar desarrollando tecnología útil para creadores y usuarios”, afirma de forma escueta el directivo.

Fever no informa de su facturación ni de otras cifras económicas y mantiene su plan de negocio bajo candado. En 2019 facturó 19,5 millones de euros en España a través de dos sociedades, Kzemos Technologies y Eventos Singulares Flander, y obtuvo unas ganancias de 260.000 euros, aunque Bachiller señala que los números actuales de la compañía son muy superiores. De su modelo de negocio aseguran que se basa en exclusiva en cobrar una comisión al organizador por cada compra. Y en cuanto al posicionamiento, el consejero delegado habla de un “ecosistema que pone a disposición todo lo necesario para lograr que un evento tenga éxito”, con la única excepción de las tareas de producción. En esa red de recursos se inscribe también el centenar de portales digitales locales desde los que siguen el pulso al ocio de las ciudades donde operan y prescriben planes.

El empresario explica que la plataforma “tal y como se conoce hoy” surgió en 2014 con él, los otros dos codirectores actuales, Francisco Hein y Alexandre Pérez Casares, y el emprendedor en serie Pep Gómez, primer consejero delegado, “igualmente alineados en el proyecto”. Sin embargo, existe una etapa anterior de la compañía, confirmada por Gómez, en la que este es reclutado en un congreso de emprendedores por Bernardo Hernández, exdirector de producto de Google y fundador de varias compañías digitales, para incorporarse a Solon Inversiones, empresa con la que Hernández comenzó en 2005 a promocionar y asesorar a proyectos incipientes del sector tecnológico. Gómez se muda entonces a San Francisco y, al no contar aún con la edad legal para acceder a locales de ocio nocturno, comienza a fijarse en los mapas de calor o fiebres con los que Facebook destaca las fiestas y eventos privados más concurridos. A partir de ahí, desarrolla un algoritmo que vincula los perfiles de quienes se registran en él con los eventos que más les pueden interesar, una primera utilidad que dejaba entrever ya la posibilidad de obtener una ganancia por la intermediación.

Gómez, que permanece en el consejo de la compañía, sumó después al resto de emprendedores al proyecto. A Bachiller, que contaba con una breve experiencia como analista de negocio en McKinsey, lo incorporó tras conocerlo a través de Hernández; a Pérez Casares, que había trabajado como ejecutivo de inversiones en el gigante del capital riesgo KKR, después de coincidir con él en una cena, y a Hein, a partir de que este contactara con Fever como jefe de expansión de Happn, aplicación similar a Tinder, para explorar una colaboración. Los tres se sumaron también al accionariado de la empresa, con participaciones que Bachiller no aclara si son significativas. “Nos permiten estar contentos”, sortea.

Consumo uniforme

En la firma creen que en el mercado del entretenimiento hay cada vez menos incertidumbre. En especial, porque el consumo de contenidos es más uniforme, lo que hace que muchos proyectos sean exportables. “En el streaming, por ejemplo, se ve muy fácilmente que el comportamiento del usuario no depende de la geografía, es global”, razona Bachiller, y argumenta que por esa razón una recomendación que prescriben a menudo a sus asociados es llevar espectáculos a otras ciudades. Su principal mercado es el estadounidense, con un 40% de la facturación total, y aseguran que no hay un tipo de experiencia que genere muchos más ingresos que el resto.

Pese al parón de los espectácu­los en directo, Fever no sufrió “demasiado” por la crisis sanitaria. “En septiembre de 2020 ya estábamos en cifras prepandemia”, justifica el empresario. Antes, con la llegada de las restricciones, en la compañía diseñaron dos estrategias: ayudaron a sus socios a adaptarse a formatos virtuales y pensaron con ellos nuevas fórmulas. Sin embargo, Bachiller cree que ahora solo el segundo de estos planteamientos tiene continuidad. “El ocio virtual desapareció tan pronto como dejó de ser obligatorio”, resume. De hecho, ni siquiera los avances en el metaverso cree que amenacen la preferencia por los planes fuera de casa. “En todo caso”, esta evolución de internet hacia lo inmersivo “ofrecerá un complemento al disfrute presencial”.

Aunque con el anuncio de la nueva financiación dejaron caer que preparaban una salida a Bolsa, el directivo de Fever aleja ese escenario. “No está discutido cuándo ni de qué manera”, afirma. Sí se han propuesto, ya este 2022, superar el millar de empleados (ahora son unos 700). Un escalón más para demostrar que su intuición original era la acertada.

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