Inteligencia artificial como aliada de la traducción humana

La plataforma Berba registra todo el contenido en el que se trabaja para no cobrar al cliente palabras que ya se hayan traducido

Beñat Espiña, Marguerite Halley, Thomas Trincado y Diego Andrés, fundadores de la plataforma Berba.
Beñat Espiña, Marguerite Halley, Thomas Trincado y Diego Andrés, fundadores de la plataforma Berba.

Thomas Trincado, Marguerite Halley, Diego Andrés y Beñat Espiña fundaron en 2019 la plataforma Berba, que ofrece servicios de traducción impulsada con inteligencia artificial. La empresa se encarga de buscar entre sus 5.000 colaboradores al mejor profesional para traducir proyectos en más de 60 idiomas. El portal cuenta con programas de traducción asistida desarrollados por universidades y lingüistas que permiten optimizar el tiempo de trabajo y ahorrar costes.

La idea de Berba surge de la propia experiencia de los socios fundadores: Trincado y Halley han ejercido varios años como traductores, Andrés contrataba a intérpretes en agencias de publicidad y Espiña es informático. Se dieron cuenta de lo poco incorporada que estaba la tecnología en la profesión del traductor, por lo que buscaron una manera de modernizar este oficio para que fuera más eficiente y más preciso.

El sistema utilizado por la empresa registra todo el contenido en el que se trabaja para no cobrar al cliente palabras que ya se hayan traducido. En el caso de los documentos de varias páginas, la inteligencia artificial ofrece la posibilidad de dividir el texto y asignarlo a diferentes traductores al mismo tiempo. Para garantizar coherencia gramatical, la plataforma es capaz de detectar si un profesional está traduciendo un concepto de una forma (por ejemplo, en segunda o en tercera persona del singular) y avisar al resto de colaboradores para que no haya incongruencia.

Berba contrata profesionales para traducir un abanico de contenidos diferentes. Los más demandados son comunicaciones de marketing (campañas que han sido creadas en un país concreto y que tienen que ser adaptadas en el extranjero), contratos legales y manuales de instrucciones de aparatos de varios sectores. NBA, Colgate, Swarovski, Glovo y Telefónica destacan entre los clientes de esta empresa.

Además de textos escritos, la compañía ofrece servicios de traducción para formatos audiovisuales. “Pongamos el caso de un video en inglés que debe ser traducido a otro idioma. El cliente puede decidir si pedir simplemente la inserción de los subtítulos o añadir una locución traducida en el idioma deseado, grabada por un profesional”, apunta Marguerite Halley, jefa de producto de la empresa.

No hay ningún requisito para los traductores que quieran registrarse en la plataforma: solo se les pide que suban una pequeña presentación con los idiomas y los temas que dominan, y su currículo. Eso sí, antes de recibir cualquier encargo, tienen que someterse a un proceso de validación que compruebe sus habilidades como traductores. “Por ejemplo, si un candidato ha puesto inglés y francés entre los idiomas que maneja en temas de mecánica, le ponemos un extracto de este tipo y otro traductor que ya ha trabajado con nosotros le corrige”, señala Diego Andrés, responsable de marketing de Berba. Además, la plataforma tiene una base interna de datos desarrollada por los propios emprendedores que tiene en cuenta las tareas realizadas por los profesionales y las reseñas escritas por los clientes.

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Cada colaborador pone el precio con el que se siente más cómodo, aunque los fundadores advierten de que si la tarifa propuesta no es competitiva con el mercado será muy difícil que se les seleccione. Veronica Narduzzo, que lleva dos años colaborando con Berba, considera que en España hay pocas agencias de traducción que permiten a los profesionales proponer su remuneración. “Los traductores tienen que adaptarse al precio de mercado, porque lo que les interesa a los clientes es contar con la traducción más barata posible. Por otro lado, tienen que ser conscientes de que cuanto menos paguen, más baja será la calidad”, señala.

Sin embargo, los costes para los clientes son fijos y varían en función del idioma. Por ejemplo, para traducir un texto del inglés al español —una de las combinaciones más demandadas— cada palabra vale 6 céntimos para un contenido genérico y 10 céntimos para uno especializado (documentos legales o con terminología técnica). Del español al francés, el precio sube hasta 9 y 12 céntimos para los dos tipos de contenidos respectivamente.

Para arrancar su negocio, la firma hizo una ronda de financiación de 250.000 euros y está a punto de cerrar una segunda de un millón de euros, con el apoyo de business angels y capitales de riesgo. Aunque todavía no ha llegado a obtener beneficios, la empresa emergente prevé cerrar 2021 con una facturación alrededor de 400.000 euros, casi el doble que el año pasado.

Entre los retos que estos emprendedores se plantean para el futuro figura una mejora del proceso de validación de los traductores para que sea más automático. “El objetivo es que el propio software detecte las combinaciones de idiomas con las que los profesionales se hayan dado de alta, les mande un texto de prueba y elija automáticamente al traductor más experto para su corrección”, detalla Andrés. Otro avance en el que tienen la vista puesta concierne el desarrollo de un sistema para convertir una web creada en un idioma determinado en una versión multilingüe, sin que el cliente tenga que entender códigos de programación.

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