Sostenible, equitativo y enriquecedor para todos: así será el turismo del futuro

La Fundación TUI Care y Enpact coordinan un programa global para fomentar iniciativas turísticas sostenibles y resilientes. La formación y la profesionalización serán claves

La chef Alejandra Treviño supervisa la preparación del menú con dos visitantes, en su escuela de Puerto Morelos (México).
La chef Alejandra Treviño supervisa la preparación del menú con dos visitantes, en su escuela de Puerto Morelos (México).Nacho Meneses

Cerca de Puerto Morelos (Quintana Roo, México), al final de una carretera de tierra y rodeado de chicozapotes y de ceibas, un árbol sagrado en la cultura maya, está el lugar que Alejandra Treviño eligió, hace siete años, para construir una réplica de la cocina de su abuela donde poder compartir los sabores auténticos de su tierra: “Me entristecía pensar que mucha de la gente que viene a esta zona [a apenas 40 minutos de Cancún] se pierde la oportunidad de conocer el México real. Van a resorts, hoteles y restaurantes muy bonitos, pero al final no conocen nuestras tradiciones ni celebraciones”, explica la chef, de ascendencia libanesa. Allí, junto a Paula Falcón, una cocinera indígena, y el resto de su equipo, ofrece verdaderas experiencias culinarias a los turistas, a los que agasaja con un delicioso y especiado café de la olla y enseña a cocinar el menú que disfrutarán juntos más tarde (hoy tocan carnitas, ensalada de nopalitos, chiles rellenos y tamales dulces). A ellos también les confiará, por ejemplo, que el buen tequila no necesita sal, y que se degusta poco a poco, no de golpe.

Mexico Lindo Cooking es una de las 165 empresas del país norteamericano que se han beneficiado de los dos recientes programas de recuperación del turismo de la Fundación TUI Care y Enpact, y que, junto a los de Egipto, Sudáfrica, Kenia y Túnez habrán impulsado a 565 compañías desde diciembre de 2020 a febrero de 2022. “Participar en el programa fue muy útil, no solo por la ayuda económica (9.000 euros), que nos permitió pagar a nuestros empleados, sino por la mentoría, que nos ayudó a encontrar ideas y procesos mejores [colocaron paneles solares, biodigestores, desecharon el uso de papel y aumentaron la eficiencia del compost y de su huerta orgánica]. Nos establecimos en Yucatán, mejoramos la web y nuestra presencia en las redes.... Yo no tenía ninguna formación en gestión, tan solo era una chef con un sueño y carecía de todas esas herramientas”, cuenta Treviño.

Iniciativas como la suya pretenden fomentar un modelo de emprendimiento sostenible que origine un impacto positivo sobre las comunidades locales, en un contexto aún volátil en el que las consecuencias de la pandemia sobre el turismo mundial siguen siendo patentes: de enero a julio de 2021, hubo un 80 % menos de viajeros turísticos internacionales que en el mismo periodo de 2019, según la Organización Mundial del Turismo (OMT), y solo México cerró 2020 con una caída del 46 % en el turismo internacional y 20 millones de turistas menos que en el ejercicio anterior.

La crisis, no obstante, ha servido para acentuar aún más la necesidad de avanzar hacia un modelo de turismo que minimice su huella de carbono y que esté también, empujado por la emergencia climática, en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) apuntados por la ONU. “Más que aumentar la sostenibilidad, se debe repensar su crecimiento y acudir a una mayor y mejor planificación del turismo que queremos para el futuro”, señala Lluís Garay, doctor en Economía y profesor del Máster Universitario en Turismo Sostenible y TIC de la Universitat Oberta de Cataluña (UOC). “La tendencia a un turismo de circuitos más cortos y con mayor conciencia por los impactos en el destino es muy probable que se consolide en los próximos años. Algunos hablan incluso de un turismo regenerativo, en el que el turista dejaría un destino mejorado respecto al que se ha encontrado”, añade.

Más allá del turismo de masas

Que el impacto del turismo puede ser positivo lo saben muy bien en Camaleón Consultoría, una compañía de impacto social ubicada en la península de Yucatán que también se ha beneficiado de la iniciativa de TUI Care y Enpact. Como al resto de las empresas, el programa les proporcionó tres meses de formación virtual, mentoría especializada durante otros tres y apoyo financiero: “Trabajamos con muchos de los ODS, pero aterrizándolos de una forma muy local”, afirma Paola Rubio, bióloga y fundadora. Muchas de sus actividades usan la educación como motor de transformación gracias al turismo sostenible: “El año pasado, tuvimos un evento con 200 personas y otros 100 voluntarios, y transformamos totalmente una escuela que educa a 1.000 niños de una zona vulnerable de Playa del Carmen: murales, pintura, un nuevo patio de juegos, plantamos árboles frutales... 14 proyectos desarrollados simultáneamente”, recuerda.

Además de asesorar a las empresas en la adopción de prácticas sostenibles, en Camaleón trabajan con diversos colectivos vulnerables, identificando y cubriendo alguna de sus necesidades. Es a través de este tipo de turismo, por ejemplo, que pueden ayudar a Oceanus a repoblar la barrera de coral mesoamericana, plantando hasta 10.000 nuevos corales cada año; o a la Fundación Aitana, un colectivo de apoyo a los niños con cáncer y sus familias que proporciona medicamentos, transporte, apoyo psicológico e incluso refugio a los niños que no pueden estar en sus casas, por tener el sistema inmunológico muy comprometido. “Tenemos diferentes temáticas ambientales, sociales... Pero todas relacionadas con la responsabilidad social y la sostenibilidad, lo que implica mucho más que filantropía: tiene que cubrir la economía, la sociedad y el medio ambiente. Si no cubre estos tres ejes, es difícil que un proyecto sea sostenible en el tiempo”.

¿Cómo es el turismo sostenible?

La lucha contra los efectos del cambio climático y la transición verde que las distintas economías llevan años impulsando, con los ODS, la Agenda 2030 y los (pocos) compromisos arrancados de las diversas cumbres por el clima, son testimonio de la importancia que se le otorga hoy a la protección medioambiental. De la eficiencia energética a la gestión de los recursos y residuos, las estrategias de sostenibilidad abarcan todos los sectores productivos, y el turismo no es una excepción. Ahora bien, ¿qué es exactamente el turismo sostenible, y qué debemos hacer para viajar según esos principios?

“En general, existe un sesgo a interpretar como prácticas sostenibles solamente aquellas que tienen que ver con la perspectiva medioambiental, cuando la social y particularmente la laboral (condiciones todavía muy precarias en muchas actividades, mejoras en la conciliación, etcétera) deberían ser centrales en estas consideraciones”, apunta Garay. “Sin olvidar, por cierto, la sostenibilidad económica, sin la cual, por muy interesantes y transformadoras que sean las propuestas, estas acaban no durando por no ser viables”. Se trata, por tanto, de una labor que afecta a todos de una u otra manera: Gobiernos, empresas del sector y consumidores.

En general, este tipo de turismo ha de contribuir al desarrollo no solo económico (comprando artesanía local y usando servicios locales), sino también social y cultural de las comunidades que se visitan, respetando su patrimonio natural, gastronómico e histórico (imprescindibles son, en México, las visitas a las ruinas mayas de Cobá, que puedes visitar a pie o en bici, Tulum y Chichen Itza, o disfrutar de los cenotes, por ejemplo). El viajero sostenible se informa antes del viaje; se interesa por las tradiciones locales; practica la tolerancia, el respeto y la empatía; facilita la conservación de la biodiversidad y contribuye a mejorar el bienestar de personas como María Dominga Cen, una artesana maya de 52 años de Tixhualactún (Valladolid) asociada al Museo de Ropa Étnica de México (MUREM) que mantiene viva la tradición familiar del telar de cintura: lo aprendió de su madre y de su abuela desde que tenía solo 15, y hoy teje todo tipo de bolsas hechas de fibra de henequén (de la familia del agave). O Candy López, dueña de Dive Mike, una empresa de buceo ubicada en Playa del Carmen que gestiona junto con su marido y su hijo mayor: “Enseñamos a la gente a bucear y les mostramos las maravillas del Caribe, incluyendo las cuevas, el arrecife de coral e incluso un grupo de hembras de tiburón toro, para que aprendan que no son los animales malvados que nos muestra Hollywood”. El programa de apoyo les hizo ser más resilientes, y los mentores les ayudaron a mejorar sus estrategias comunicativas.

La artesana María Dominga Cen, preparando la fibra de henequén para trabajarla en el telar de cintura.
La artesana María Dominga Cen, preparando la fibra de henequén para trabajarla en el telar de cintura.Nacho Meneses

La sostenibilidad futura del turismo depende, en gran medida, de la acción de las empresas, que pueden fomentar este modelo de ecoturismo alternativo. Es el caso, por ejemplo, de Emiliano Iturriaga, un ingeniero mexicano que, en 2017 y aún en la universidad, fundó Rutopía: “Vimos que hay una carencia en el acceso al mercado, además de en la comercialización y profesionalización de servicios”. Hoy cuentan con más de 400 proveedores (muchos de ellos, cooperativas en entornos rurales) a los que incorporan en “cadenas más amplias, de manera que podamos articular viajes personalizados de cinco o siete días para viajeros que busquen experiencias auténticas”, explica: catar mezcal, visitar una comunidad mixteca, conocer el ritual del pulque (una bebida tradicional); cenar con una cooperativa de mujeres indígenas; visitar una cascada en el bosque...

Se trata, en definitiva, de adoptar prácticas y procesos sostenibles, e incluso certificarlos con sellos como el de Biosphere, un reconocimiento otorgado por el Instituto de Turismo Responsable (ITR), organismo independiente creado en 1995 con el patrocinio de la UNESCO, la OMT, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la UE. Una marca que reconoce, “a través de sus distintos sellos, la competitividad del sector turístico mediante la medición de su contribución a los 17 ODS, la Carta Mundial de Turismo Sostenible +20 y las directrices de la cumbre del clima de París”, cuenta Roberto Álvarez, su delegado en Andalucía. La certificación, apunta, mejora el posicionamiento de las empresas en las agencias de viaje online, al tener reconocidas sus prácticas sostenibles; incrementa su visibilidad; da acceso a promoción especializada; mejora los resultados comerciales y da acceso a un software para la gestión sostenible de la propia empresa.

¿Es necesario formarse en turismo sostenible?

“La formación en turismo sostenible es fundamental, puesto que estamos de hablando de cómo transformar un sector que, desde hace décadas, es el principal creador de riqueza y empleo en nuestro país”, esgrime Garay. “Y aunque ha mejorado notablemente en los últimos años, en muchos casos estamos hablando de orientaciones todavía excesivamente ligadas a intereses puramente mercantiles” que, en muchas ocasiones, “responden más a orientaciones de greenwashing empresarial que a trabajar la sostenibilidad de una manera exigente”. Para conseguir una mayor profesionalización del sector, añade, la formación ha de jugar un papel aún más importante que el que ha tenido en el pasado.

¿Cómo debe ser entonces una buena formación en turismo sostenible? La crisis climática y los visibles impactos de la actividad turística son los aspectos más reconocibles, pero –reclama Garay– también debe tenerse en cuenta el eje social, ya que “hablamos de una actividad que, en países como el nuestro, ha crecido y prosperado gracias a la precariedad laboral”. Por eso, “las medidas sociales deben ganar mucho más protagonismo en el futuro”. Y destaca el papel relevante que, a su juicio, han de tener las TIC: “Tecnología y sostenibilidad deberían considerarse de manera conjunta en la mayor parte de planteamientos que se quieran hacer de cara al futuro. Si las TIC han promovido, en gran medida, el espectacular crecimiento de la actividad en la década prepandémica, deberían protagonizar también la potencial transición hacia modelos más justos”, con herramientas que ayuden a mejorar tanto la gobernanza como la gestión sostenible de las organizaciones, y sean capaces de gestionar e interpretar una gran cantidad de datos.

La formación disponible es muy variada, y va desde los cursos gratuitos que ofrecen plataformas de MOOCs como EdX o Miríadax y el ofertado por Aprendedeturismo a cursos de bajo coste como el ofrecido por el Instituto Superior del Medio Ambiente o programas de posgrado como el ya mencionado máster de la UOC o el máster en Gestión y Planificación Sostenible de Destinos Turísticos de EDUCA. “En materia de sostenibilidad, las organizaciones españolas han avanzado, aunque todavía muy poco; pero no hay una diferencia abismal con otras economías que también dependen de este sector. Queda mucho por recorrer”, recuerda Garay. “Quizás los países del norte de Europa sean los que han avanzado más en este sentido, pero sería complicado compararlos con nuestro caso, pues son países con menor peso de la actividad y unas tipologías turísticas diferentes a las que predominan en los países más turísticos”.

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Nacho Meneses

Coordinador y redactor del canal de Formación de EL PAÍS, está especializado en educación y tendencias profesionales, además de colaborar en Mamas & Papas, donde escribe de educación, salud y crianza. Es licenciado en Filología Inglesa por la Universidad de Valladolid y Máster de Periodismo UAM / EL PAÍS

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