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La solar flotante echa a andar en España con un máximo de entre el 5% y el 15% de cada embalse

La instalación de paneles fotovoltaicos ya es una realidad en varios países europeos, entre ellos Portugal. El tope de duración de cada concesión será de 25 años

Energias renovables Portugal
Una instalación fotovoltaica flotante, en el embalse del Alqueva (Portugal).EDP
Ignacio Fariza

La imagen de embalses con paneles solares en su superficie, hasta ahora con tintes futuristas o propia de otras latitudes, está a un paso de ser una realidad en España. El Gobierno ha dado este martes su visto bueno a un decreto que regulará la instalación de plantas fotovoltaicas flotantes en embalses de dominio público hidráulico, cuya titularidad recae en las confederaciones hidrográficas. El texto, que se plasmará este miércoles en el Boletín Oficial del Estado, establece un máximo de entre el 5% y el 15% de la superficie de cada pantano, una horquilla que dependerá de muchas variables, como la calidad o el uso de las aguas. La duración de las concesiones a las eléctricas no podrá superar los 25 años y estará siempre condicionada al plan hidrológico de cada demarcación.

“España es el primer país del mundo en cobertura de la energía con solar, y hemos avanzado enormemente, pero veníamos advirtiendo un interés creciente por parte de algunos desarrolladores para poder instalar también plantas flotantes, que ya son una realidad en balsas de riego para abaratar sus costes energéticos”, ha subrayado la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. “Al tratarse de dominio público hidráulico de titularidad estatal, hemos decidido establecer un procedimiento para reglarlo, ya sea a solicitud de un interesado o porque las confederaciones saquen a concurso su explotación”.

Ni lagos ni lagunas

La nueva regulación no aplicará sobre “lagos, lagunas u otras masas de agua que no se consideren muy modificadas o artificiales”, según aclara el Ejecutivo. Tampoco en “aquellas superficies que, siendo muy modificadas o artificiales, estén afectadas por alguna figura de protección ambiental.

Aunque la normativa establece un procedimiento simplificado para acelerar al máximo los trámites, la número cuatro del Ejecutivo —que a finales de año hará las maletas a Bruselas, donde muy probablemente asumirá una vicepresidencia de la Comisión Europea— ha querido enfatizar la “prudencia” con la que ha afrontado esta regulación, “garantizando la compatibilidad de este tipo de usos con los planes hidrológicos” y prohibiendo los paneles flotantes en “lagos, lagunas o masas de agua que no sean artificiales o que estén protegidas”.

Menos evaporación y algas, mejor rendimiento

La instalación de plantas fotovoltaicas en embalses permite tanto aumentar la generación fotovoltaica total —que es más eficiente que en tierra, por la ausencia de polvo y el enfriamiento gracias al agua— como reducir la evaporación de agua y la presencia de algas, por la sombra que generan. Esta solución ya es una realidad en otros países europeos, como Portugal, que cuenta con la mayor instalación de este tipo en Europa, en el embalse de Alqueva (sureste). Hasta ahora, en cambio, en España solo había empezado a asomar la cabeza en balsas de riego, sobre todo para autoconsumo.

El porcentaje de cobertura de cada embalse con paneles solares dependería, sobre todo, del estado trófico del agua: “Cuanto peor sea su calidad, mayor podrá ser su cobertura”, especifica el ministerio. El máximo del 5% aplicará, así, para embalses no eutróficos (sin apenas fitoplancton), mientras que el tope del 15% prevalecerá en aquellas masas de agua en riesgo de eutrofización o directamente eutróficas. Los límites, no obstante, “se podrán reducir atendiendo al régimen de explotación o los usos y derechos preexistentes, entre otras causas”.

Un estudio publicado a principios de año en la revista científica Nature calcula que cubrir únicamente el 10% de la superficie mundial de agua dulce susceptible de albergar paneles sería suficiente para cubrir el 16% de la demanda mundial de los países en los que se ubiquen estas instalaciones. “Jugaría un papel importante en la descarbonización”, se lee en el trabajo, elaborado por académicos de universidades británicas y chinas.

El Ejecutivo central deja en manos de las nueve confederaciones hidrográficas la supervisión de los estudios técnicos y los “programas de seguimiento del estado de las masas de agua receptoras de las instalaciones para evaluar los cambios hidromorfológicos que puedan producirse, así como los cambios químicos y biológicos asociados, especialmente en los casos en que la instalación solar ocupe más del 10% de la superficie del embalse”.

La iniciativa de instalar placas solares en embalses podrá proceder tanto de las energéticas interesadas como de las propias confederaciones, que tendrán capacidad para convocar un concurso público para posibles interesados, que tendrán que pagar varios cánones: el de utilización de bienes del dominio público hidráulico y, en el caso de embalses de titularidad estatal, al concesional y al de regulación.

En lo que va de año, la fotovoltaica es la tercera mayor fuente de electricidad en España: cubre el 16,7% de la generación total, que comprende tanto el consumo interior como las exportaciones, una partida que no ha dejado de crecer en los últimos años. Por delante, solo figura la eólica (24,2%) y la nuclear (18,7%). Un orden que con toda seguridad cambiará en los próximos tiempos, con la solar ganando cuota y escalando puestos. En mayo, de hecho, la fotovoltaica lideró la matriz eléctrica española por primera vez desde que hay registros. Habrá que esperar para que este hito vuelva a repetirse —casi con total seguridad, la próxima primavera—, pero las inversiones en marcha dejan una cosa clara: ha sido el primero de muchos.

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Sobre la firma

Ignacio Fariza
Es redactor de la sección de Economía de EL PAÍS. Ha trabajado en las delegaciones del diario en Bruselas y Ciudad de México. Estudió Económicas y Periodismo en la Universidad Carlos III, y el Máster de Periodismo de EL PAÍS y la Universidad Autónoma de Madrid.
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