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Hernández de Cos abandona este lunes la jefatura del Banco de España

Deja la institución habiendo recuperado buena parte de la reputación perdida con la crisis financiera

Pablo Hernandez de Cos, gobernador del Banco de España.
Pablo Hernandez de Cos, gobernador del Banco de España.Pablo Monge (CINCODIAS)
Antonio Maqueda

El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, acaba su mandato este lunes después de seis años al frente de la institución. A las 23:59 horas, dejará su puesto de mando en el caserón situado en Cibeles. Sin sucesor, le sustituirá de forma interina la subgobernadora Margarita Delgado, cuyo cargo finaliza en septiembre. Tras haber solicitado un informe a los servicios jurídicos, el banco ha concluido que con Delgado habrá quórum suficiente en el consejo del organismo para funcionar en el día a día. Sin embargo, ya en la reunión del Banco Central Europeo (BCE) de julio, Delgado solo podrá asistir con voz pero sin voto. España perderá esa influencia, si bien no se esperan nuevas decisiones sobre los tipos en ese cónclave y, en todo caso, estas suelen tomarse por consenso. Antes de septiembre, el Gobierno debería haber resuelto cuál es la dupla de gobernador y subgobernador y si pacta estos nombramientos con el PP en un contexto político embarrado por la polarización, las elecciones y el caso de Begoña Gómez.

Hernández de Cos deja la institución habiendo recuperado buena parte de la reputación perdida con la crisis financiera. Entonces el banco falló a la hora de denunciar que había una burbuja. Los informes críticos se guardaban en el cajón. Se pensaba que habíamos alcanzado un estado idílico de crecimiento en el que no habría inflación y desaparecían los ciclos económicos. Se justificaron las pérdidas de competitividad de la economía española argumentando que se mantenía la cuota exportadora. Se consideró que el déficit con el exterior no importaba en una unión monetaria porque el mercado siempre lo financiaría. Se hinchó el precio de la vivienda al tiempo que se estaban construyendo por encima de las 700.000 al año, más que en Alemania, Francia e Italia juntos. Y se desdramatizó el aumento de la deuda como si esta se pudiera mantener sin límites. Bastó una crisis internacional para dejar a España expuesta y vulnerable. Al igual que en la obra de Steinbeck La perla, el ladrillo fue un regalo que acabó siendo una maldición. Este fallo de diagnóstico supuso una década perdida para la economía española y hundió la reputación del Banco de España.

La irrupción de Hernández de Cos hace seis años fue un soplo de aire fresco en la institución. Aterrizó más joven que los anteriores gobernadores, con una larga carrera dentro del banco, una inagotable capacidad de trabajo y una profunda conciencia de servicio público. De casta le viene al galgo: su padre había sido secretario personal del presidente Suárez.

Desde el primer momento, abrió puertas y ventanas. Allá donde imperaba un cierto aire de superioridad intelectual y un lenguaje vaticano, se modernizó algo la manera de expresarse y, sobre todo, la forma de comunicar y relacionarse con el exterior. Puso a todos a trabajar, siendo el primero en dar ejemplo. Encargó a su mano derecha, Óscar Arce, hoy director de Economía del BCE, que renovase el servicio de estudios, el más potente del país. Y lo exprimió poniéndolo a disposición de todos y mejorando su transparencia.

A la vez que proyectaba la imagen del yerno ideal, el gobernador hacía intervenciones plúmbeas, de hasta 30 páginas, sin mirar siquiera el texto. Sus discursos eran complejos y con muchas capas, aprovechando el músculo intelectual de los equipos que allí trabajan. Llamaba al Gobierno, a los periodistas y políticos para desgranar estos mensajes y aclarar todos sus matices. Intentaba ofrecer un diagnóstico común, que sirviera de base para tomar medidas y forjar consensos en un tiempo marcado por la polarización. Durante la pandemia, con un Gobierno desarbolado por las circunstancias, el banco fue un gran soporte a la hora de diseñar políticas. Ayudas como los ICO o las subvenciones a empresas se hicieron con la colaboración próxima del banco.

Pero tras la pandemia esa conexión se quebró. El gobernador siguió ofreciendo la mano tendida. Pero la influencia de Podemos y luego Sumar hizo que el Gobierno se alejara algo de la ortodoxia más estricta. También se tensó la relación por los debates que tuvo con la entonces ministra de Economía, Nadia Calviño, sobre la dimensión y el alcance de las ayudas por la pandemia. En especial cuando se filtró a la prensa una discusión entre ellos.

Materias como la fuerte subida del salario mínimo y las pensiones aumentaron el distanciamiento. Muchos en el Gobierno y la izquierda consideran que el gobernador se equivocó con el SMI y que se pasó de frenada. El gobernador no ha dudado en meterse de lleno en asuntos polémicos siempre que pensara que era necesario por el bien del país. Hasta el punto de que, al no tener el PP un equipo económico de fuste para hacer oposición, muchas veces se le ha considerado la principal voz disonante. Incluso apareció en las quinielas como futuro candidato a ministro de Economía del PP cuando parecía que los populares iban a alcanzar el Gobierno.

Mejora del diagnóstico

En cuanto a la organización interna, no podía repetirse el fallo de diagnóstico. Así que se han creado canales para que haya discusiones abiertas sobre todas las áreas. Cualquier preparación de una reunión importante se abre a la participación de todos. Y esa nueva disposición hace que el banco siempre alerte sobre cualquier amenaza que se vislumbre en el horizonte. Esta actitud también ha generado incomodidad en el Gobierno.

La recuperación de la imagen también se ha conseguido en el exterior. El ministro del PP hace seis años, Román Escolano, no conocía a Hernández de Cos salvo por referencias. Habían estado juntos una vez en unas reuniones anuales del FMI. Pero lo nombró porque pensaba que España se jugaba mucho en el BCE en la medida en que la política monetaria se había entregado a Fráncfort. Su apuesta ha funcionado. La expansión monetaria que tuvo lugar a raíz de la pandemia no habría sido igual sin la aportación de Cos y sus equipos del banco. Apoyó a Italia en la creación del nuevo escudo del BCE para evitar pérdidas de confianza en los bonos, el llamado TPI. Le pilló a contrapié el brote de inflación, perdiendo en esos momentos influencia. Pero ha sido decisivo en la bajada de tipos que se ha iniciado ahora. “Tener a dos hinchas del Atlético de Madrid en el consejo del BCE forja el carácter”, bromea alguien del banco sobre Hernández de Cos y el vicepresidente del BCE, Luis de Guindos.

En conversación con este periódico, el economista jefe de uno de los principales bancos de inversión del mundo explica que Hernández de Cos ha sido el único de los gobernadores considerados paloma que los halcones del consejo del BCE han escuchado. Su solidez y sensatez ha servido para que sus opiniones cuenten, también en el debate regulatorio del sector financiero.

Dentro del organismo se piensa, sin discusión, que es el mejor gobernador desde Luis Ángel Rojo. Pero abandona el puesto con un lamento. No ha logrado influir como habría querido. Lean el segundo capítulo del informe anual de 2022. Es su legado de lo que debería haberse hecho y no se pudo, de cómo España ha perdido poco a poco la convergencia en renta con los países del entorno y de las medidas que deberían adoptarse.

Queda por saber si su legado será también de tierra quemada en tanto que ningún Gobierno quiera volver a tener un gobernador con tanto predicamento. O si pasará lo contrario y a partir de ahora será más difícil ante la opinión pública nombrar a alguien que no tenga el prestigio y la independencia suficiente. Cierto es que ha tenido la suerte de contar con un sistema financiero ya purgado tras la brutal crisis financiera, pero Hernández de Cos deja alto el listón. Siempre existirá la tentación de tratar de limitar a la entidad para que solo hable estrictamente de banca y política monetaria, como algunos bancos centrales. Así se amputarían sus mensajes sobre los retos y vulnerabilidades de la economía española. Pero la opinión de Hernández de Cos ha sido que no puede desperdiciarse el músculo del Banco de España: debe ponerse al servicio de una política económica muchas veces hipotecada por la coyuntura política y el corto plazo. Ese servicio de poner el análisis de luces largas ha sido el que Cos ha intentado dar, con mayor o peor acierto.

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Antonio Maqueda
Periodista de la sección de Economía. Graduado en Periodismo en la Universidad de Navarra y máster por la Universidad de Cardiff, ha trabajado en medios como Cádiz Información, New Statesman, The Independent, elEconomista y Vozpópuli.
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