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Ertzaintza: “Las estafas digitales nos están machacando

El año pasado, el 48% de los delitos se sufrieron en el ámbito de internet y uno de cada cinco se comete a través de las redes. Casi cualquier fraude se pude construir a través de las TIC

De izquierda a derecha: Elsa Vicario, responsable de delitos estratégicos en la demarcación del Duranguesado (Bizkaia); Diego Alejandro Palomino, inspector jefe Policía Nacional; y Rosalía Machín Prieto, capitán de la Guardia Civil.
De izquierda a derecha: Elsa Vicario, responsable de delitos estratégicos en la demarcación del Duranguesado (Bizkaia); Diego Alejandro Palomino, inspector jefe Policía Nacional; y Rosalía Machín Prieto, capitán de la Guardia Civil.Santi Burgos
Miguel Ángel García Vega

Vasos comunicantes. Quizá sea una de las conexiones más vibrantes que puede establecer hoy la tecnología. La que lleva del emprendedor ciberdigital a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado que, como describen ellos con realismo, “pisamos todos los días el barro del delito”. Por medio hay frases y palabras sobre inversión, talento, formación. Xabier Mitxelena, consejero delegado de Cybertix —una consultora de ciberseguridad destinada a autónomos y pequeñas empresas—, es bien conocido en el mundo emprendedor. Comenzó en los albores de internet allá por 1995, y sabe que emprender es decidir y nunca resulta fácil. No son fondos de inversión que entran y salen en un máximo de cinco años y manejan un holgado balance. “Como inversor particular es bastante complejo. Hay que calcular un análisis muy exhaustivo. Hallar un valor añadido. Nosotros lo encontramos en los servicios de seguridad gestionado [antivirus, firewalls, detección de intrusos, actualizaciones, auditoría de seguridad…]”, admite.

El ecosistema de las cifras parece la carrera de Alicia en El País de las Maravillas: hay premio para todos. Este año, el sector facturará, a nivel mundial, 219.000 millones de dólares y crecerá un 12%. Y la consultora Gartner estima que durante 2026 el 70% de las juntas directivas tendrán que conocer el entorno ciberseguridad. Es la estrella de David guiando al portal de Belén. ¿O amanecen nubes que la ocultan? Hace falta talento que empiece ya a trabajar (existen unos 120 másteres de seguridad, una diáspora educativa), simplificar todo este escenario y que los consejeros delegados entiendan que no hablamos de coste, sino de inversión. Y concretar los oficios: ser, por ejemplo, experto en seguridad financiera o energética.

Recuerda aquella frase de Neruda. “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. La diferencia puede ser el formato. BeDisruptive se define como una boutique tecnológica. La semántica resulta importante. Trabajan —sostiene— a medida del cliente y le acercan las últimas soluciones. En un mapa tachonado de destinos y oficinas. Roma, Madrid, Milán, Panamá y Washington. Esta es la interpretación de José Ángel Delgado, fundador y consejero delegado de la compañía. Los dos expertos tienen fe y esperanza en los cambios. Todas las empresas españolas de software que han tenido éxito (¿recuerdan Panda?) han sido compradas o bien trabajan fuera. “Debemos conservar esta industria. Es un tema cultural. Falta que cale la idea de que se trata de una urgencia y necesitamos confianza”, resume Mitxelena.

Jose Ángel Delgado, fundador y CEO de BeDisruptive (izquierda) y Xabier Mitxelena, CEO de Cybertix.
Jose Ángel Delgado, fundador y CEO de BeDisruptive (izquierda) y Xabier Mitxelena, CEO de Cybertix. Santi Burgos

Tal vez debería trascender el concepto de soberanía digital. Y una vez más la palabra talento. Un punto y seguido que transcurre por una carretera interminable. “Creo que no andamos tan mal. Tenemos gente muy preparada. Pero faltan deberes. Debemos avanzar con la Administración pública para formar a los jóvenes”, aconseja Delgado. Cursos cortos, inteligencia artificial, cuidar a las personas, dotarlas de un plan de carrera, chicos y chicas que estén estudiando Formación Profesional o entren en la Universidad y hallen en este mundo un propósito de vida.

Vocación contra el cibercrimen

Ese es el barro de Elsa, Rosalía y Diego. La calle, la comisaria, las oficinas estatales. Gran parte de los estratos de esa tierra arcillosa donde el delito toma forma. Los tres (se aprecia en las fotos) visten sus uniformes respectivos. Representan una generación joven, con dos mujeres, de la seguridad del Estado. Faltan sus apellidos y sus historias. Elsa Vicario es responsable de Delitos Estratégicos en la demarcación del Duranguesado (Bizkaia). Ha pasado siete años en tecnología y ha vuelto a trabajar en el día a día. Pelo castaño recogido en una colecta, manga corta y un discurso a los ojos.

“No os hacéis una idea de la cantidad de estafas que estamos viendo. Es el delito que más se comete. Tanto a empresas como a particulares, les están puliendo. Es una barbaridad”, avisa. “Tal vez no genere tanta alarma social como la pornografía infantil o la pederastia, pero las estafas nos están machacando”. Y advierte de que hay chicos de 20 años capaces de organizar en un fin de semana una estafa y ganar de 150.000 a 200.000 euros sin trabajar y desde casa. “Son jóvenes nativos digitales resultado de la era que vivimos y persiguen, solo, dinero”, revela Vicario.

El paisaje es bastante oscuro, casi negro. El año pasado, el 48% de los delitos se sufrieron en el ámbito digital y “uno de cada cinco se comete a través de las redes. Casi cualquier fraude se pude construir a través de las TIC”. Quién duda ahora del infinitivo “machacar”. Esta última declaración procede de Diego Alejandro Palomino, inspector jefe de Policía Nacional. Transmite un relato seguro. Es vocacional. Y también comenta el asombro. Confirma eso que en el argot llaman modus operandi. “Las organizaciones criminales están trabajando como empresas. Incluso reinvierten sus ganancias ilícitas en mejorar su tecnología. Han aprovechado la pandemia para ser más eficientes”, revela.

Rosalía Machín se disculpa. “Hablo mucho”, sonríe tras una coleta rubia y una enorme empatía. Es capitán de la Guardia Civil y jefe de proyectos TIC-IA (Inteligencia Artificial). “Estamos en un espacio sin fronteras y los delitos no tienen nacionalidad. Hay que reforzar la cooperación internacional. Y la relación público-privada”.

Dos frases directas que no precisan ni comas. Pero conviene armar alguna cuenta. Para no perderse como Teseo (sin Ariadna) en laberinto de las cifras inimaginables. El coste medio de una ciber-breach (cíber-brecha) que dura 200 días o más es de 4,86 millones de dólares. Son los datos del informe Cost Of A Data Breach, publicado el año pasado por IBM. Quizá sean las grietas más caras del mundo.

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Sobre la firma

Miguel Ángel García Vega
Lleva unos 25 años escribiendo en EL PAÍS, actualmente para Cultura, Negocios, El País Semanal, Retina, Suplementos Especiales e Ideas. Sus textos han sido republicados por La Nación (Argentina), La Tercera (Chile) o Le Monde (Francia). Ha recibido, entre otros, los premios AECOC, Accenture, Antonio Moreno Espejo (CNMV) y Ciudad de Badajoz.

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