‘Splitting’, empresas familiares y donaciones: cómo se preparan los ricos para esquivar el nuevo impuesto a las grandes fortunas

El tributo de solidaridad se aplicará a los patrimonios de más de tres millones

Interior del hotel de lujo Four Seasons, en Madrid.
Interior del hotel de lujo Four Seasons, en Madrid.

La tramitación del nuevo impuesto a las grandes fortunas avanza: el Gobierno ha acelerado los trámites y quiere tenerlo listo antes de que termine el año. En paralelo, crecen las consultas dirigidas a asesores fiscales y abogados para intentar esquivar el gravamen o, al menos, rebajarlo. Hay varias estratagemas, en función del importe y de la composición de la riqueza: generar un efecto splitting, que no es otra cosa que dividir el patrimonio, por ejemplo a través de donaciones; crear empresas familiares; adquirir activos exentos o diferir rentas en el IRPF.

El margen de maniobra, sin embargo, es limitado, según explica Luis del Amo, asesor fiscal y secretario técnico del Consejo General de Economistas: hay poco tiempo para planificar y muchos requisitos por cumplir. El nuevo impuesto de solidaridad a las grandes fortunas —este es el nombre oficial del tributo— se calculará sobre el ejercicio de este año y se abonará a partir de los tres millones de euros, con tipos crecientes. Su estructura es la misma del impuesto sobre el patrimonio que gestionan las comunidades: hay un mínimo exento de 700.000 euros y se quedan fuera 300.000 euros de la vivienda habitual, la empresa familiar o las deudas. Para que no haya doble imposición, este último gravamen será deducible en el nuevo tributo.

Las previsiones de recaudación del Gobierno son de 3.000 millones en los dos años que prevé mantener el tributo (2023 y 2024). El grueso de estos ingresos llegará de Madrid, la única comunidad que no cobra el impuesto sobre el patrimonio al tenerlo bonificado al 100% y donde se han multiplicado las consultas a los despachos especializados.

Empresa familiar

La empresa familiar es una de las primeras opciones que se tantea. Sus participaciones están exentas en el impuesto sobre el patrimonio y, por ende, del de solidaridad. Para ello, hay que poseer al menos el 5% del capital de forma individual o el 20% a escala familiar. “Pero existen otras condiciones”, avisa Del Amo. En primer lugar, la sociedad debe estar afecta a una actividad económica. Además, el contribuyente o uno de los miembros de la familia debe dirigir funciones de dirección y obtener de la compañía más del 50% de sus rentas del trabajo y de actividades durante el año. “Por lo tanto, no es fácil adaptar lo no planificado a estas alturas”, añade el fiscalista.

Si la compañía tiene carácter patrimonial —es decir, que prevalece la actividad financiera sobre la económica durante 90 o más días—, las cosas se complican porque no estará exenta en el nuevo impuesto. Esta circunstancia es común con los family offices, plataformas de inversión que se encargan de gestionar fortunas familiares y que suelen tener grandes importes colocados en fondos y acciones, sin que estén afectos realmente en ningún negocio, por lo que habría que reordenar el patrimonio y cambiar su naturaleza.

Vivienda y obras de arte

La forma más recurrente para reconvertir el patrimonio es acudir al sector inmobiliario: comprar viviendas y arrendarlas. En este caso es necesario contratar a una persona a jornada completa; de otra forma, la actividad se considerará patrimonial.

La inversión en pinturas, esculturas o antigüedades que cumplan con determinados requisitos también puede rebajar la factura fiscal, aunque hay límites en función de su precio. Para obras de arte de mucho valor existe la posibilidad de cederlas a museos o fundaciones durante al menos tres años.

Paquetes accionariales

Otra fórmula muy empleada para rebajar la factura son los paquetes accionariales del 5%, también exentos si se han poseído durante un año o más y la sociedad participada no es patrimonial. “Esto es, en sí mismo, un producto de banca privada: ofrecer a estos family offices paquetes del 5%”, explica un abogado del sector, que añade que este esquema y la empresa familiar son los que más se demandan ahora.

Límite renta-patrimonio

Otra técnica es aprovechar al máximo el límite renta-patrimonio. La cuota de estos dos gravámenes no puede exceder el 60% de la suma de las bases imponibles (general y del ahorro) del impuesto sobre la renta. Si ocurre, el gravamen sobre el patrimonio se reduce hasta ese límite, sin que la reducción supere el 80%. La regla es que cuanta menos renta se tenga, menos patrimonio se paga. Por ello, los asesores recomiendan diferir rentas en el IRPF, encapsulándolas en algún vehículo como seguros de vida.

Dividir la riqueza

Los despachos también ponen sobre la mesa el efecto splitting. Este término viene del inglés separar y se refiere a la división del patrimonio para que quede por debajo del umbral fijado por el impuesto. Un contribuyente con una fortuna de cinco millones puede donar parte de ella —las operaciones a favor de los hijos suelen ser las más baratas— y quedarse con menos de 3,7 millones. Así esquivaría la obligación de tributar. “Cuidado con lo que se done que no sea dinero, porque puede generar plusvalías en IRPF y saltar el impuesto municipal (IIVTNU, o la plusvalía municipal)”, alerta Del Amo. Es decir, existe el riesgo de pagar una cantidad mayor al ahorro que se pretende producir.

Otra técnica es aprovechar el régimen matrimonial de gananciales, en el que cada cónyuge tiene el 50% de los bienes. Si uno de los dos cuenta con un bien de carácter privativo, procedente por ejemplo de una herencia, lo puede traspasar a la comunidad de gananciales. ¿Cuál es la ventaja? Que esta fórmula no tiene coste fiscal: ni es una donación, ni supone un incremento de patrimonio.

Cambio de residencia

Cuando el Gobierno anunció la intención de crear un nuevo impuesto, muchos contribuyentes empezaron a estudiar la posibilidad de mudarse al extranjero, con Portugal como destino favorito. Pero no es tan sencillo dejar de ser residente fiscal en España. La ley exige que los contribuyentes vivan en otro país durante más de la mitad del año, aunque se tiene en cuenta también dónde está su centro de intereses vitales y económicos, como empresas, patrimonio, cuentas, relaciones familiares, más complicados de trasladar.

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Sobre la firma

Laura Delle Femmine

Es redactora en la sección de Economía de EL PAÍS y está especializada en Hacienda. Es licenciada en Ciencias Internacionales y Diplomáticas por la Universidad de Trieste (Italia), Máster de Periodismo de EL PAÍS y Especialista en Información Económica por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

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