El sistema fiscal bipolar de Portugal: penaliza a los portugueses y beneficia a los extranjeros

El país practica una agresiva competencia en impuestos desde 2009 para atraer inversiones y rentas foráneas mientras impone una “tasa de solidaridad” a los portugueses que ganan más de 80.000 euros al año

Turistas en una terraza de Lisboa en octubre de 2022.
Turistas en una terraza de Lisboa en octubre de 2022.Tereixa Constenla

El sistema tributario portugués tiene desde hace semanas un insistente admirador en España: el presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, que lo considera un modelo a imitar. Lo que acaso agrade al político español es lo que beneficia a los extranjeros que residen en Portugal, que disfrutan de una fiscalidad generosa, diseñada expresamente para atraerles y que nada tiene que ver con los impuestos que pagan los portugueses. Un sistema bipolar, que carga el peso de la recaudación fiscal sobre unos y concede regalías a los otros. “Mientras construimos sueños para otros, destruimos los de millones de portugueses que se resignan a sobrevivir”, se quejaba esta semana el director del semanario Expresso, João Vieira Pereira, en su columna.

En 2009 se aprobó el Régimen de los No Residentes Habituales (RNH), que incluía alguna medida que se podía ubicar en la vanguardia fiscal neoliberal y que fue diseñada durante el Gobierno del socialista José Sócrates para estimular el consumo y la inversión inmobiliaria. El país eximió a los jubilados extranjeros que se mudasen a Portugal de tener que tributar por sus pensiones. Ningún Estado de la Unión Europea había ido tan lejos hasta entonces. Además, para atraer a profesionales extranjeros altamente cualificados, el régimen estableció un tipo único del 20% durante 10 años. La progresividad, para los portugueses.

Desde entonces se han introducido correcciones a regañadientes y forzadas por presiones internacionales. Finlandia y Suecia acabarían rompiendo sus acuerdos internacionales con Portugal y obligando a sus jubilados a pagar impuestos en origen. Aunque en 2020 Portugal eliminó el gratis total y comenzó a retener un 10% de las pensiones extranjeras, los Gobiernos nórdicos no aceptaron aquella desigualdad. “Un impuesto tiene que ser legítimo y justo. La posibilidad que se da a los ciudadanos más ricos de pagar cero o el 10% mientras que los ciudadanos comunes pagan mucho más es una injusticia fiscal que mina la credibilidad del sistema”, declaró la entonces primera ministra sueca, Magdalena Andersson, al diario Público. Y añadió: “Si un paciente sueco y un paciente portugués estuviesen juntos en un hospital portugués”, comparaba, “el portugués habrá pagado impuestos por los dos porque los suecos tienen todos los derechos sin haber pagado impuestos. Es fascinante que esto sea aceptado por los portugueses”.

A pesar de los retoques, la competencia fiscal para captar rentas e inversiones desde 2009 parece casi una política de Estado, que incluyó también una dadivosa concesión de visas de oro a extranjeros con cuentas mullidas. Ni siquiera se alteró en los días de complicidad entre las familias de la izquierda (la famosa geringonça) pese al desagrado que despertaban las medidas en el Bloco y el Partido Comunista.

A veces la competencia es por acción, a veces por omisión como ha ocurrido con las criptomonedas. Portugal solo dejará de ser un paraíso fiscal para los criptoinversores a partir de 2023, cuando comenzarán a pagar una tasa del 28% sobre las plusvalías obtenidas antes de un año. “En comparación esa es la tasa que paga en Portugal quien tiene un rendimiento mensual de 768 euros”, reprobaba el catedrático de Economía y fundador del Bloco de Esquerda, Francisco Louça, en Expresso.

¿Pagan más o menos impuestos los portugueses que los españoles? En porcentaje de PIB, “la presión fiscal es muy similar en España y Portugal, alrededor del 37,5% del PIB, cuatro puntos por debajo de la media de la zona euro”, expone Francisco Carballo-Cruz, profesor de Economía de la Universidad del Miño, en Braga. Los lusos soportan más impuestos indirectos. “Por IVA”, aclara el economista, “Portugal recauda aproximadamente dos puntos más en relación al PIB que España”. Las rentas del trabajo también pagan más en Portugal: el tramo máximo es del 48% para ingresos superiores a 78.834 euros, el mínimo exento es más bajo y “las deducciones menos generosas”.

Tasa de solidaridad a partir de 80.000 euros. Entre 1995 y 2021 todos los Estados de la Unión Europea bajaron los tramos a las rentas más altas excepto cuatro: Portugal, Reino Unido, Lituania y Grecia, según el Observatorio Fiscal de la Unión Europea. Los portugueses ricos pagan más desde 2010, cuando se estableció un tipo transitorio para quienes percibían más de 150.000 euros. Dos años después se modificó, pasó a llamarse “tasa de solidaridad” y se consideró temporal, pero lo cierto es que lleva vigente una década. Desde entonces el listón de riqueza se ha bajado hasta los 80.000 euros. Los portugueses con estos ingresos pagan un 2,5% adicional al tipo que le corresponde (el 48%) y los que superan los 250.000 euros, el 5% más. Francisco Carballo-Cruz calcula que afecta a unas 20.000 familias y que ha perdurado en el tiempo por su “poder recaudatorio”. “Desde mi punto de vista el umbral a partir del que se le aplica es relativamente bajo y, si se pretende mantener en el tiempo, debería tener más tramos”, plantea.

Es imposible establecer una comparación general con España, advierte Fátima Pablos Mateos, profesora de Derecho Financiero y Tributario de la Universidad de Extremadura, que ha estudiado en varios trabajos el sistema portugués. “A la tarifa que se aplica a la base imponible general que se regula en la Ley del IRPF hay que sumarle la tarifa autonómica, que regulan las comunidades autónomas, lo que nos puede llevar a conclusiones distintas”, puntualiza.

Más concluyente es su valoración sobre el Régimen de los No Residentes Habituales de Portugal. En su estudio, afirma que es contrario “al principio de igualdad”. “Los contribuyentes del IRS (el equivalente al IRPF español) han sufrido un aumento de su presión fiscal en idéntico contexto económico y social en el que los del Régimen de los No Residentes Habituales prácticamente no la han visto alterada”, subraya.

La competencia fiscal y los euroescépticos. El Observatorio Fiscal de la Unión Europea calculaba el coste para Portugal de estas ventajas en 620 millones de euros en 2019 y constataba su potencia de atracción: los 10.684 beneficiarios extranjeros de 2016 eran ya 23.000 en 2020. Entre los perjuicios de esta competencia fiscal, el organismo cita el descenso de recursos para servicios públicos y el debilitamiento del proyecto político comunitario: “Percibir a otros miembros como competidores en vez de socios de un proyecto que comparte prosperidad refuerza el euroescepticismo de los ciudadanos”. Mientras que la tributación de las empresas avanza hacia una armonización de mínimos, los regímenes especiales para ciudadanos se disparan: de los cinco que había en la Unión Europea en 1994 se ha pasado a 28 en 2020, incluido el de impatriados español.

En el Congreso Nacional de la Empresa Familiar, celebrado a principios de octubre, Alberto Núñez Feijóo volvió la vista de nuevo a Portugal: “Tenemos que cuidar la inversión, las rentas, el patrimonio... y captarlo. En Portugal no tienen ni impuesto de donaciones, ni de sucesiones, ni de patrimonio. Con esto, estamos empujando nuestras inversiones fuera de España. Yo he vivido cómo empresas de Galicia se han instalado en Portugal. Allí los impuestos son más bajos y la legislación en materia medioambiental es mucho más laxa”.

Impuestos a la banca y el sector energético. Tiene razón Feijóo respecto al tramo general del impuesto de sociedades. En 2020, un ejercicio comparado por las profesoras de la Universidad de Extremadura Elena Manzano Silva y Fátima Pablos Mateos concluía que era más ventajoso estar en Portugal (21%) que en España (25%). A partir de 7,5 millones de beneficios, sin embargo, la ventaja se invertía: el tipo aplicado en Portugal va del 26% al 30%, mientras en España carece de progresividad. Además, los dos sectores más en entredicho por las últimas crisis, la banca y la energía, pagan “contribuciones” especiales a la Hacienda portuguesa desde 2011 y 2014. Este año se añadirá una tasa temporal a las empresas de energía y distribución alimentaria por los beneficios extraordinarios que han obtenido debido a la inflación y al impacto de la guerra de Ucrania.

Los hijos no pagan por la herencia paterna. En Portugal no tributan las sucesiones entre padres e hijos ni las donaciones. Tampoco existe un impuesto de patrimonio, pero desde 2017 hay “algo parecido”, según el economista Francisco Carballo-Cruz. “Se trata de un sobretipo en el impuesto equivalente al IBI español (IMI) aplicado al patrimonio inmobiliario neto. Los primeros 600.000 euros están exentos, aunque sujetos al IBI normal. Los tipos son de un 0,1% hasta un millón de euros, del 1% entre uno y dos millones de euros y del 1,5% por encima de dos millones. Las empresas pagan un tipo fijo del 0,4%”, explica. En su opinión, una subida del impuesto de patrimonio en España puede incentivar cambios de residencia fiscal a Portugal, aunque lo matiza: “No creo que sea un fenómeno masivo”.

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Tereixa Constenla

Corresponsal de EL PAÍS en Lisboa desde julio de 2021. En los últimos años ha sido jefa de sección en Cultura, redactora en Babelia y reportera en Andalucía. Es autora del libro 'Cuaderno de urgencias'.

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