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La crisis energética reduce la competencia en electricidad y gas

Las grandes empresas recuperan cuota frente a los operadores independientes, revirtiendo la tendencia de los últimos años

Electricidad
Vista de un tendido eléctrico, a finales de agosto en Sevilla.PACO PUENTES
Ignacio Fariza

Los tiempos en los que un ramillete de empresas pequeñas y medianas se abrían camino en el oligopolio tradicional del mercado de suministro de luz y gas a particulares tocan a su fin. El petardazo de los precios de la energía desde mediados del año pasado ha cortado de cuajo esa incipiente concurrencia: en los últimos meses, los colosos del sector no solo no han taponado la sangría, sino que han ensanchado su base de clientes en el mercado libre, el que mayores ganancias les reporta. Aunque con datos todavía difusos, una tendencia similar parece abrirse paso en el mercado de carburantes, en el que los descuentos adicionales de las grandes petroleras a la bonificación pública de 20 céntimos han empezado a desdibujar los avances logrados por las gasolineras de bajo coste.

En julio, Endesa afirmaba haber ganado un millón de contratos en el mercado libre en solo un año. Naturgy, por su parte, ha incrementado en 600.000 su base de clientes. Una tendencia que bien puede extrapolarse al resto del sector: solo entre junio de 2021 y marzo de 2022, los tres actores incumbentes (los dos citados e Iberdrola) sumaron 1,5 millones de nuevos usuarios, según los datos —no actualizados— de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). Una fracción importante procede del mercado regulado: hogares que huyen de la volatilidad de los precios al contado para refugiarse en tarifas fijas. Otros muchos —centenares de miles— proceden, en cambio, de competidoras de menor tamaño, las grandes perdedoras de este baile de sillas.

Esas cifras ni siquiera tienen en cuenta los meses en los que más bajas registraron las comercializadoras independientes, según Javier Bescós, director de regulación de Fenie Energía, una de las compañías afectadas. La cascada, dice, se ha acelerado a partir de abril, cuando el Gobierno activó un límite de 67 euros por megavatio hora (MWh) en la retribución de las empresas de generación de electricidad para tratar de atajar los beneficios caídos del cielo. “La idea era buena, pero ha acabado derivando en algo completamente diferente: en vez de pagar por esos beneficios extraordinarios, las eléctricas ofrecen tarifas excepcionalmente buenas para captaciones, atrayendo a usuarios de comercializadoras que no pueden competir en las mismas condiciones”, explica.

Al no contar con generación propia, las suministradoras independientes —que tienen que comprar la energía en el mercado al contado— sencillamente no pueden hacer ofertas tan ajustadas. “Así es complicadísimo competir, por eso esta flagrante fuga de clientes que estamos sufriendo”, expone Asier Gorostiza, presidente de la Asociación de Comercializadores Independientes de Energía (ACIE), que ha elevado el tono en las últimas semanas. “Lo único que pedimos es que nos permitan jugar con las mismas reglas que las grandes, que el terreno de juego sea equilibrado: sabemos que es una lucha de David contra Goliat, pero antes luchábamos con las mismas armas y ahora no”.

La otra cara del aumento de clientes de las grandes eléctricas en el mercado libre está en el medio centenar de comercializadoras independientes que han tenido que echar el cierre en los últimos meses. En parte, por esa reciente incapacidad de competir por atraer —y por retener— clientes; en parte, porque con la explosión de precios en el mercado mayorista, las garantías financieras que tienen que depositar para poder comprar electricidad al contado se han disparado. Para tratar de paliar esta situación, el regulador redujo este martes las garantías, pero varias voces del sector lo ven claramente insuficiente. “Se está dejando en un segundo plano el daño sobre la competencia; en unos años nos echaremos las manos a la cabeza”, avisa Javier Colón, gerente de la consultora especializada Neuro Energia.

Las gasistas independientes, “al límite”

Aún más “dramática” es la situación de competencia en el caso del gas, según José María Yusta, profesor de la Universidad de Zaragoza especializado en mercados energéticos. “Ahí, la posición de las grandes compañías es aún más ventajosa: son las únicas que tienen capacidad para comprar en los mercados internacionales y luego se las revenden a las compañías más pequeñas”, apunta por teléfono.

Como en el caso de la electricidad, en el gas también se han producido decenas de bancarrotas, y otras tantas empresas que han tenido que renunciar a mantener el suministro por no poder mantener los precios pactados. “Son muchas las compañías que están en el límite de la viabilidad financiera”, apostilla Yusta. El anuncio de Holaluz, este mismo lunes, de que dejará de vender gas, es un ejemplo más de esa huida de las firmas independientes de ese segmento. Y menos actores en un mercado es, casi siempre, sinónimo de menor competencia.

Un motorista reposta combustible en una gasolinera de Madrid.
Un motorista reposta combustible en una gasolinera de Madrid.Luis Millán (EFE)

Las gasolineras de marca ya compiten en precio con las ‘low cost’

Aunque de manera menos contundente, este jaque a la competencia también se está empezando a dar en el otro gran mercado energético minorista: el de las gasolineras. Tras una etapa de auge sin paliativos de las estaciones de servicio de bajo coste, las tornas se han dado la vuelta por completo en los últimos meses: la rebaja gubernamental de 20 céntimos ha animado a las grandes petroleras a sumar descuentos adicionales —el más común, de otros 10 céntimos— para recuperar cuota. Aunque en el monolito la brecha de precios entre las gasolineras de marca (Repsol, Cepsa y BP, en esencia) y las de bajo coste sigue siendo sustancial, en el tique de caja —que sí incluye tanto la bonificación pública como los descuentos aplicados por el operador— la diferencia ya es mínima. De haberla.

La mecánica es sencilla: las tres grandes petroleras cuentan con un margen de beneficio alto —y creciente— en la actividad de refino de crudo, y no les importa destinar una parte de esas ganancias a subvencionar internamente su rama de comercialización, que está cosechando muchas menores ganancias por esa mayor competencia en precios. Han visto, en definitiva, una oportunidad de oro para plantarle cara a su competencia de marca blanca. Y la están aprovechando. “Nuestro modelo de gestión difícilmente lo van a poder replicar, porque estamos completamente automatizados, somos más ágiles y tenemos una mejor estructura de costes, lo que nos permite ser competitivos incluso en estas circunstancias. Pero sí es cierto que están apretando en precios; y eso es una novedad”, desliza Manel Montero, director general del grupo Moure (Elefante Azul, Autonetoil, Petronet).

“Con estas rebajas añadidas, el precio de las grandes y de las low cost ya es muy similar, si no más barato”, observa Nacho Rabadán, director general de la Confederación Española de Empresarios de Estaciones de Servicio (Ceees), que ve en la integración vertical y en su pulmón financiero dos poderosísimos atributos de las grandes contra los que las pequeñas no pueden batallar. “En ese eslabón de la cadena es en el que veremos un problema serio de competencia en los próximos meses: estaciones de servicio familiares que llevan años vendiendo volúmenes grandes de carburante con márgenes bajos pero que ahora están sufriendo una caída significativa en el número de litros que venden”, augura.

Hay una cierta paradoja en este patrón: lo que a corto plazo supone una mayor concurrencia, con todo el sector compitiendo en precio, a largo se traducirá en un estrechamiento del mercado. “No hay ninguna duda: vamos a salir de la crisis con mucha menos competencia”, sentencia Natalia Collado, del centro de estudios EsadeEcPol.

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Sobre la firma

Ignacio Fariza
Es redactor de la sección de Economía de EL PAÍS. Ha trabajado en las delegaciones del diario en Bruselas y Ciudad de México. Estudió Económicas y Periodismo en la Universidad Carlos III, y el Máster de Periodismo de EL PAÍS y la Universidad Autónoma de Madrid.

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