La OPEP y Rusia aplican un fuerte tijeretazo sobre la oferta petrolera para sostener el precio

El cartel ampliado de exportadores de crudo reduce los bombeos en dos millones de barriles diarios

El secretario general de la OPEP, Haitham al-Ghais, y el ministro saudí de Energía, Abdulaziz bin Salman, este miércoles en Viena.
El secretario general de la OPEP, Haitham al-Ghais, y el ministro saudí de Energía, Abdulaziz bin Salman, este miércoles en Viena.Akos Stiller (Bloomberg)

Volantazo del cartel petrolero para frenar la bajada de precios. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP, liderada por Arabia Saudí) y Rusia han anunciado este miércoles un recorte de la oferta de dos millones de barriles diarios, el 2% de la demanda global, a partir de noviembre. El objetivo: contener la cotización del barril de brent, que acumula un descenso del 25% desde sus máximos de hace cuatro meses.

Tras dos días de fuertes alzas —el lunes, la referencia del crudo en Europa escaló más de un 4% y el martes se anotó un 3%—, el mercado subía otro 2% este miércoles tras hacerse públicos los planes de la OPEP. Aunque los inversores y casas de análisis descontaban un recorte desde hace días, el tijeretazo final es incluso mayor de lo esperado: las apuestas fluctuaban entre los 500.000 y 1,5 millones de barriles. Para ver una rebaja de esta magnitud en la oferta petrolera hay que remontarse a 2020, cuando la pandemia tenía atenazada toda la actividad productiva.

El mercado petrolero, como la economía mundial en su conjunto, lleva años instalado en la incertidumbre. Si el hundimiento del consumo durante la crisis sanitaria llevó los precios a terreno negativo por primera vez en la historia (el mundo al revés: los productores pagaban por deshacerse de barriles), el levantamiento de las restricciones, la recuperación de la actividad y, sobre todo, la invasión rusa de Ucrania disparó la cotización hasta máximos de casi una década, desatando una nueva fiebre petrolera global.

Tope al petróleo ruso

En los últimos meses, sin embargo, la ralentización de la economía china —primer exportador mundial— y los tambores de recesión en Occidente, alimentados por la fuerte subida de los tipos de interés, han permitido una relajación de los precios y un respiro para los consumidores. La posibilidad de un tope de precios sobre el petróleo ruso, que ultiman tanto la UE como el G-7, también ha contribuido a ese respiro, alimentando las dudas entre los exportadores. Es en ese contexto en el que hay que enmarcar el recorte de la oferta anunciado este miércoles por la OPEP+: tras unos meses de abultadísimas ganancias, temen que la gallina de los huevos de oro empiece a flaquear. En diciembre, el cartel volverá a reunirse en Viena (donde tiene su sede) para decidir si son necesarios nuevos recortes de producción.

La Administración de Joe Biden había elevado la presión sobre sus principales socios en el golfo Pérsico —Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y, sobre todo, Arabia Saudí— para tratar de suavizar el recorte, consciente de la importancia de unos precios de la gasolina controlados, tanto para estabilizar la inflación como para contentar a sus votantes a un mes vista de las elecciones de mitad de mandato. Una labor de cabildeo que, sin embargo, ha tenido poco éxito a la luz de la decisión de este miércoles.

“Este movimiento probablemente sea el preludio de más intervenciones en los próximos meses, tanto por parte de los países productores como de los consumidores“, auguran Henning Gloystein y Raad Alkadiri, de la consultora de riesgos Eurasia. Si los precios superan de nuevo la barrera de los 100 dólares por barril, proyectan, Estados Unidos volverá a liberar reservas estratégicas para reequilibrar oferta y demanda. Tras los últimos movimientos en ese sentido, subrayan, las exportaciones estadounidenses rozan ya los cuatro millones de barriles diarios, en su mayoría en dirección a Europa, para reemplazar el crudo que antes llegaba desde Rusia.

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Ignacio Fariza

Es redactor de la sección de Economía de EL PAÍS. Ha trabajado en las delegaciones del diario en Bruselas y Ciudad de México. Estudió Económicas y Periodismo en la Universidad Carlos III, y el Máster de Periodismo de EL PAÍS y la Universidad Autónoma de Madrid.

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