Los sueños rotos de luna, la criptomoneda que colapsó en tres días: “Parecía una apuesta segura”

Decenas de miles de afectados en todo el mundo han visto esfumarse sus ahorros

Do Kwon, cofundador de Terraform Labs, la creadora de luna, en la oficina de la entidad en Seúl (Corea del Sur), el pasado 14 de abril.
Do Kwon, cofundador de Terraform Labs, la creadora de luna, en la oficina de la entidad en Seúl (Corea del Sur), el pasado 14 de abril.Woohae Cho (Bloomberg)

Hasta hace solo unos días, D. S. consideraba que invertir en criptomonedas había sido una de las mejores decisiones de su vida. Tenía 80.000 euros en luna, y estaba doblando lo ganado desde los 40.000 euros que metió hacía casi un año. Hoy, cuando abre la aplicación para consultar cuánto le queda de aquello, la visión es desoladora: cuatro euros. “Parecía una de las apuestas más seguras. Incluso cuando el bitcoin perdía valor, luna marcaba máximos históricos. Iban a lanzar muchos proyectos y la respaldaban fondos de inversión”, asegura este español de 32 años, que ha visto evaporarse en solo tres días la mayor parte de sus ahorros tras el colapso de la divisa digital.

Su historia tiene réplicas similares en los cinco continentes. Luna, creada por Terraform Labs, la empresa del surcoreano Do Kwon, de 30 años, se había hecho un nombre en la industria, donde se la consideraba un caso de éxito. “Kwon es un puto visionario, el Elon Musk del futuro”, decía la semana pasada, justo antes de su derrumbe, uno de los jóvenes que en los últimos tiempos apostaba por esta criptomoneda. Como él, decenas de miles de pequeños inversores en todo el mundo confiaban en ella, lo que había aupado su valoración hasta los 18.000 millones de dólares. La opinión sobre Kwon es ahora muy diferente: foros como Reddit se han llenado de mensajes donde usuarios arruinados incluso mencionan la palabra suicidio. Y Kwon teme por su seguridad: tras la debacle, un desconocido tocó el timbre de su casa y preguntó por él a su esposa. El intruso se marchó al recibir como respuesta que no se encontraba allí, pero después avisaron del suceso a la policía, que les ha facilitado protección.

Es el inquietante colofón a un periodo de euforia desmedida. Cuando luna pasó de valer cuatro dólares en febrero de 2021 a 60 en el mismo mes de 2022, o lo que es lo mismo, a multiplicar su valor por quince en un año, la reacción no fue preguntarse si su avance no habría sido excesivo, sino situar las expectativas sobre su techo cada vez más alto. Pocos sospechaban que todo estaba a punto de saltar por los aires. “Entré porque era una de las criptomonedas top. Estaba entre las 10 mayores por capitalización. Tenía un proyecto que me convenció y la rentabilidad de su stablecoin era brutal”, explica otro joven madrileño, por debajo de la treintena, que ha perdido 5.000 euros.

La stablecoin a la que se refiere, UST, ofrecía un 19,5% de rentabilidad anual a los que la mantuvieran usando anchor protocol, otro instrumento de la hoy desahuciada Terraform Labs. En un entorno en el que pocos bancos daban más del 0% por los bajos tipos de interés, esta anomalía tampoco llamó la atención de los que se beneficiaban, cegados por el poder de una nueva tecnología en ciernes que les permitiría enriquecerse. La pérdida de paridad con el dólar de UST fue lo que arrastró a luna, su moneda hermana, y generó uno de los mayores seísmos de la corta historia de las criptomonedas. Pero las fuertes pérdidas no siempre sirven para disuadir a los que las sufren. “Sigo pensando que se puede dar la vuelta y no he vendido nada. Al revés, he comprado más. Cuando un chico sale de fiesta y se gasta 50 euros en copas, algo que afecta a su salud, nadie le pregunta si le parece mal tirar ese dinero. Por lo menos esto no me daña el organismo”, dice ese mismo joven.

Decepción

Otros lunáticos, como se hacían llamar a sí mismos los inversores en esta criptomoneda, sí han perdido la fe por completo en su resurrección, descartada por los expertos. Un médico de 41 años, que como el resto de afectados por el desplome pone como condición para hablar que no aparezca su nombre, explica que ahora circunscribirá su exposición en criptomonedas a las dos más grandes, bitcoin y ethereum, sobre el papel algo más seguras que las miles de pequeñas divisas que pueblan el universo cripto. “La pérdida de dinero me supone dos meses de sueldo, unos 8.000 euros, así que no me cambia nada. Estoy muy diversificado y mi porcentaje de inversión en criptomonedas es muy bajo, pero creo que es un golpe duro para la futura adopción cripto de la que tanto se habla. De momento, me voy a mantener al margen y solo voy a reinvertir las ganancias”, explica a través de la aplicación de mensajería Telegram, donde existen varios grupos de inversores de luna.

El indio Yuvraj Sharma, de 19 años, es de los pocos que accede a revelar su identidad. No hay riesgo de que sus amigos y familiares lean un periódico español, y lo perdido, 200 dólares, tampoco le cambiará la vida, aunque para este estudiante de comercio de Calcuta que de vez en cuando trabaja haciendo prácticas supone más dinero del que podría parecer. “Es mucho para mí porque me ha costado mucho esfuerzo conseguirlo. Es mi salario de dos meses. Todavía espero que se haga algo frente a este crash devastador y poder salir al menos con lo que invertí”, afirma. Las posibilidades de que eso ocurra son nulas. La cotización de luna está hoy en 0,0002 dólares.

Su caso sirve para ilustrar un hecho cada vez más extendido: los jóvenes se han lanzado sin paracaídas al mundo de las criptomonedas, y solo el hecho de que muchos de ellos no tengan demasiado patrimonio les priva de perder cantidades más elevadas en un activo que no siempre comprenden. La duda es si han llegado para quedarse y cuando sus salarios crezcan, también lo harán sus inversiones, o los sueños de riqueza rápida son solo una tendencia pasajera que se difuminará con el tiempo.

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Sobre la firma

Álvaro Sánchez

Redactor de Economía. Ha sido corresponsal de EL PAÍS en Bruselas y colaborador de la Cadena SER en la capital comunitaria. Antes pasó por el diario mexicano El Mundo y medios locales como el Diario de Cádiz. Es licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla y Máster de periodismo de EL PAÍS.

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