Matthew Jackson gana el premio Fronteras del Conocimiento del BBVA por su teoría de redes

El jurado destaca que el galardonado “supo distinguir la importancia de las redes para la economía hace más de 25 años”

El economista Matthew Jackson, galardonado con el premio 'Fronteras del Conocimiento' de la Fundación BBVA.
El economista Matthew Jackson, galardonado con el premio 'Fronteras del Conocimiento' de la Fundación BBVA.GUS FIGUEROLA (Europa Press)

La Fundación BBVA ha anunciado este jueves la concesión del premio Fronteras del Conocimiento de Economía al economista estadounidense Matthew Jackson (60 años) por su teoría sobre las redes sociales, un trabajo que ha servido para “predecir qué redes se formarán en función de los costes y beneficios de las conexiones, y en qué difieren esas redes de las óptimas”. Las aplicaciones prácticas de ese enfoque aparentemente abstracto son múltiples, desde la pandemia, las cadenas de suministro globales, las crisis financieras, las creencias y la polarización y la guerra en Ucrania.

En este último asunto, que marca la agenda mundial ahora mismo, una investigación de Jackson demostró que a lo largo de la historia, conforme las economías se han entrelazado, se han reducido los incentivos para que los países se declaren la guerra. El estudio, escrito junto al profesor Stephen Nei y publicado en PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences, la revista de la Academia Nacional de Ciencias de EE UU) en el año 2015, concluye que existe una correlación entre la disminución de los conflictos bélicos y el aumento de las alianzas entre diferentes naciones e introduce, como posible factor explicativo, el crecimiento del comercio internacional.

Jackson opina que “el tipo de sanciones que se están imponiendo sobre Rusia y Bielorrusia para aislarlos y recortar sus conexiones bancarias y sus oportunidades financieras, así como limitar los contactos sociales y las posibilidades de que sus poblaciones entren y salgan de sus territorios puede tener un gran impacto”. Y recuerda que esas herramientas eran impensables cuando no existía un intercambio comercial entre países tan intenso. “El hecho de que hoy exista una densa red de comercio internacional y Rusia forme parte de la economía global es un motivo para la esperanza ante el actual conflicto. Imaginemos que el sistema bancario ruso no formara parte del sistema SWIFT, ni tuvieran reservas externas, ni una población que quisiera viajar al extranjero, ni oligarcas cuyas fortunas se pudieran congelar. Si no tuviéramos ninguna de estas herramientas, lo único que podríamos hacer es intervenir militarmente”, ha señalado.

Sobre si serán efectivas, no tiene certezas, pero sí sobre el hecho de que amplían el porcentaje de éxito. “Es muy difícil comprender ahora mismo las motivaciones de los líderes rusos y saber cómo detenerles, pero sin estas herramientas económicas, no tendríamos ninguna esperanza de hacerlo”.

Nacido en Elmhurst, Illinois, en 1962, Jackson se licenció en Economía por la Universidad de Princeton en 1984 y obtuvo su doctorado por la Universidad de Stanford en 1988. En la actualidad ocupa la cátedra William D. Eberle de Economía en la Universidad de Stanford y es catedrático externo del Instituto Santa Fe. Tiene publicados más de 270 artículos y cuatro libros de referencia internacional, entre los que destacan La Red Humana y Redes Sociales y Económicas.

Uno de los primeros estudios de Jackson analizaba los mercados laborales. Y pone letra a algo que la mayoría ya sospechaba: la importancia de los contactos. “En función del campo profesional, entre un tercio y el 100% de los empleos se consiguen a través de algún contacto, es decir, gracias a una red. Cuando quieres conseguir una entrevista para un puesto de trabajo, tienes ventaja si conoces a alguien que trabaja para esa compañía. Ese tipo de contactos pueden ser esenciales para meter el pie en la empresa, hacer una entrevista y lograr ese puesto. Eso significa que, si tengo muchos amigos que ya tienen puestos de trabajo, es más fácil para mí conseguir un empleo, mientras que si la mayor parte de mis amigos están en el paro, es más difícil para mí conseguir un trabajo”.

El profesor Jackson descubrió el papel clave de un concepto ligado a eso, la homofilia. Se define como la tendencia natural de las personas a relacionarse con otras similares a ellas en edad, religión, clase social, grupo étnico, idioma o estatus económico. Como él mismo explica, esto tiene efectos positivos y negativos. “Por un lado, es más fácil aprender de personas que son más parecidas a uno mismo, así que yo aprendo mejor de alguien que tiene una formación parecida a la mía. Por ejemplo, si un joven está intentando decidir si ir a la universidad, otra persona muy similar a él puede darle buena información sobre este tema. Pero al mismo tiempo, el hecho de que la homofilia divide a una red en grupos diversos significa que las personas de un determinado grupo pueden quedarse sin acceso a información que tienen los miembros de otro grupo”, señala.

La conjunción de la importancia de las redes para encontrar empleo con la homofilia es un cóctel que tiende a perpetuar el status quo: algunos segmentos tienen índices altos de empleo y otros están mayoritariamente en paro, como si viviéramos en burbujas que te empujan hacia arriba o te mantienen abajo. “Comprender esto nos ofrece una perspectiva diferente sobre cómo abordar la desigualdad salarial y el acceso al empleo. Es fundamental comprender la estructura de una red y cómo esto influye sobre la capacidad de las personas para conseguir un trabajo”.

Redes efectivas

En conclusión, Jackson es un analista de cómo condicionan nuestro comportamiento y los resultados que obtenemos las redes sociales de las que formamos parte, ya sean amistades, relaciones laborales, alianzas entre empresas y otras. Su funcionamiento es diverso. En caso de una crisis bancaria, si hay cuatro bancos y uno de ellos entra en bancarrota, el impacto sobre el sistema es mayor que si hay 100 y uno quiebra. Mientras que en los contagios de enfermedades sucede al contrario, cuantos más hay, peor es la situación.

Jackson demostró cómo cada banco se preocupa esencialmente de su propia supervivencia, pero apenas tiene en cuenta cuál sería el coste social de una bancarrota para el conjunto de la red, y por eso asumen más riesgos de lo que sería óptimo. “Es importante que tengamos mejores mapas de las redes financieras, para comprender cómo una crisis en un país puede provocar un gran impacto en otras partes del mundo. Algo que hemos podido experimentar en la crisis financiera de finales de los dos mil”.

El galardonado cree en el poder de las redes para obtener información eficaz, lo que ayudaría a resolver uno de los problemas clásicos de la economía, el de los datos incompletos o asimétricos. E insta a confiar más en las redes que en las propias opiniones. “Hay un paper asombroso escrito por Sir Francis Galton en 1907, titulado Vox PopuliLa voz del pueblo—, en el que analizó una feria local en la que la gente intentaba adivinar cuánto pesaba un buey, basándose únicamente en su apariencia. El peso real del buey era 1.197 libras, y la media de peso estimada por los participantes fue 1.198 libras, así que, al agregar las estimaciones de esta población —hubo unos 780 participantes—, la media que salía era correcta. La pregunta entonces es: ¿cómo logramos agregar esa información? Yo puedo tener una opinión sobre algo, la comparto con mis amigos y recibo su propia opinión al respecto, y así sucesivamente. En un trabajo desarrollado con Ben Golub, analizamos cómo, si en una red, pregunto continuamente a mis amigos sus valoraciones sobre un tema, y de ahí obtengo una media, finalmente se logra una respuesta bastante correcta”.

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Sobre la firma

Álvaro Sánchez

Redactor de Economía. Ha sido corresponsal de EL PAÍS en Bruselas y colaborador de la Cadena SER en la capital comunitaria. Antes pasó por el diario mexicano El Mundo y medios locales como el Diario de Cádiz. Es licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla y Máster de periodismo de EL PAÍS.

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