El banco central turco interviene en el mercado de divisas tras una caída histórica

El temor a un nuevo recorte de tipos y la desconfianza en la política monetaria de Erdogan devalúan la moneda turca

Billetes de cinco liras turcas.
Billetes de cinco liras turcas.DADO RUVIC (Reuters)

La lira turca ha vuelto a hundirse en mínimos históricos este lunes al inaugurar los mercados su semana de cotización y ante el temor de que, en su reunión de este jueves, el banco central decrete un nuevo recorte de tipos de interés pese a la creciente inflación que atenaza al país. La moneda de Turquía llegó a caer en torno a un 4,5%, aunque luego revirtió las pérdidas tras una intervención de la institución monetaria. Al cierre de la cotización en los mercados locales, un dólar se cambiaba por 13,80 liras y un euro por 15,60, casi el doble que a finales de 2020. Eso convierte a la lira en la moneda de los países emergentes con peor desempeño durante este año.

“El Banco Central de la República de Turquía interviene directamente en el mercado a través de transacciones de venta debido a formaciones de precios poco saludables en los tipos de cambio”, confirmó la entidad en el comunicado con el que anunció su intervención en los mercados de cambio, el cuarto en lo que va de mes. Posteriormente, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, se reunió con el gobernador del Banco Central, el ministro de Economía y los presidentes de los bancos turcos de propiedad estatal.

Según estimaciones publicadas por la cadena de televisión local Bloomberg HT, la intervención de la institución monetaria supuso vender unos 2.500 millones de dólares (2.200 millones de euros) para adquirir liras y recuperar así su valor. El analista financiero Ridvan Bastürk, en declaraciones al diario Dünya, criticó que estas medidas son “ineficaces” y “solo logran mantener el cambio de manera momentánea” porque las políticas monetarias del banco central van en dirección opuesta.

De hecho, la oposición turca ha denunciado esta forma de intentar controlar el tipo de cambio como un modo de malgastar las reservas internacionales del instituto emisor que, a 3 de diciembre, eran de unos 22.500 millones de dólares (unos 20.000 millones de euros). Sin embargo, si se deducen los 45.500 millones de dólares (40.200 millones de euros) que mantiene la institución turca como swap con bancos centrales de otros países, las reservas se hallan en territorio negativo.

Para el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, verdadero artífice de esta política monetaria, la caída de la lira no tiene nada que ver con la situación económica real de un país cuyo PIB crecerá cerca de un 10% en 2021 y cuyas exportaciones están en máximos históricos. Para él, los vaivenes de la moneda son frutos de la “guerra de independencia económica” que libra Turquía contra “fuerzas externas”.

Posibilidad de nuevos recortes de tipos

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La realidad es que la lira ha perdido la confianza de los propios turcos. Los tipos de interés de referencia están en el 15% (seis puntos menos que la inflación oficial) y los paneles de economistas y expertos consultados por Bloomberg y Reuters coinciden en señalar que este jueves se reducirán otros 100 puntos básicos. El propio gobernador del banco central turco, Sahap Kavcioglu, en una reciente reunión online con inversores extranjeros dio a entender que habrá un recorte este jueves, pero que será el último de los emprendidos desde el pasado septiembre y que, posteriormente, “se pausará y se esperará durante un tiempo en 2022″, según dijeron a Reuters fuentes que participaron en la conferencia.

Dados los intereses que pagan los bancos turcos a sus clientes y la elevada inflación (21,31% según cifras oficiales, más del 50% según cálculos independientes), es de entender que nadie quiera guardarse en el bolsillo unos billetes que pierden capacidad adquisitiva cada día. El volumen de depósitos en divisa de los bancos turcos supone ya el 62% del total y, quienes pueden, se han lanzado a la compra de inmuebles o activos en la Bolsa de Estambul, que lleva desde octubre en constante ascenso.

Incluso los bancos turcos cerraron el día en verde, pese a las tensiones a las que les somete la actual política monetaria y a la notificación de que la agencia crediticia Fitch ha cambiado de “estable” a “negativa” la perspectiva de 13 instituciones financieras turcas. Si bien durante el lunes se registraron problemas de acceso a la compraventa de divisas en algunas aplicaciones bancarias —debido a la excesiva demanda—, una fuente financiera argumentó que no se esperan problemas a medio plazo: “El sistema financiero sigue siendo sólido y los niveles de liquidez son buenos. Los bancos están tranquilos dentro de la situación. La razón es que, aunque la gente está cambiando liras, no se está llevando el dinero del país ni a su casa. Sigue en el sistema bancario en forma de divisas”.

Un informe de Deutsche Bank espera que la presión inflacionaria continúe subiendo y Turquía cierre el año con un alza de precios del 30% interanual, lo que —arguye— podría obligar al banco central turco a un fuerte incremento de los tipos de interés durante el primer trimestre de 2022.

Pero Erdogan ha dejado claro que no habrá subidas de tipos y que su objetivo es la implantación de un “Nuevo Modelo Económico” basado en créditos baratos y una fuerte industria exportadora que reduzca el déficit por cuenta corriente y con ello la dependencia de Turquía de la financiación externa y los mercados internacionales. Aunque no se dice públicamente, otro de los objetivos del Gobierno es que el hundimiento de la lira, y con ello el precio de la mano de obra, atraiga a numerosas empresas extranjeras a producir en Turquía. Si hace un lustro el salario mínimo turco (que cobran la mitad de los trabajadores) estaba entre los más altos del Este y el Sudeste de Europa, ahora está a la cola: ha caído hasta los 190 euros y no se espera que suba más allá de los 250 al término de las negociaciones entre Gobierno, patronal y sindicatos que se celebran este mes.

El presidente turco ha comparado su nuevo modelo al de China y otros países asiáticos, que tardaron al menos una generación en convertirse en potencias productoras y exportadoras. Sin embargo, Erdogan asegura que su plan comenzará a dar frutos en apenas seis meses.

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