Las petroleras disparan su beneficio por la subida del crudo

El índice bursátil que reúne a los mayores nombres del sector en Europa y EE UU escala más de un 40% en lo que va de año y ya cotiza en niveles prepandemia

Vista de una instalación de extracción de crudo en Irkutsk (sur de Rusia).
Vista de una instalación de extracción de crudo en Irkutsk (sur de Rusia).Vasily Fedosenko (Reuters)

De abultadas pérdidas a beneficios multimillonarios, en solo un año. Tras un 2020 para olvidar, los grandes nombres del mercado petrolero se encaminan a un 2021 de brillantes números verdes. Entremedias, una fulgurante recuperación de los precios de ambas materias primas: el gas natural quintuplica su valor en lo que va de año y el crudo sube un 70%.

Al calor de esas subidas, la española Repsol no solo ha dejado atrás los números rojos del año pasado, sino que en los nueve primeros meses del año ha superado en un 32% el beneficio cosechado en 2019, cuando la pandemia ni estaba ni se le esperaba. Una mejora que le ha permitido aumentar la retribución al accionista a la vez que aumenta sus inversiones en nuevos nichos de negocio que le permitan dejar atrás su todavía elevada dependencia del crudo.

En la misma línea, la francesa Total ha batido las previsiones de los analistas, superando en un 18% el beneficio cosechado entre enero y septiembre de 2019. Y la anglo-holandesa Shell ha borrado de sus cuentas las pérdidas de casi 18.000 millones registradas en los aciagos nueve primeros meses de 2019 para anotarse una ganancia de 7.400 millones, notable pero todavía lejana respecto a las cifras prepandemia.

Aún mejores están siendo los resultados al otro lado del Atlántico. La segunda mayor petrolera del mundo, Exxon Mobil, ganó casi 12.200 millones de euros en los nueve primeros meses de 2021, dejando atrás los algo más de 2.000 millones de pérdidas del mismo periodo del año anterior. Una de sus mayores competidores, Chevron, se anotó un beneficio ligeramente superior a los 9.000 millones frente a los 4.000 millones perdidos entre enero y septiembre de 2020. En ambos casos, acorde con la cuenta de pérdidas y ganancias, los dividendos del próximo año serán mucho más jugosos que en anteriores ejercicios.

Hasta las empresas de tamaño medio que dependen íntegramente del crudo obtenido por fracturación hidráulica (fracking), mayoritariamente en el Estado de Texas, las que más han sufrido en los últimos tiempos y que necesitan precios altos del petróleo para ser rentables, también han vuelto a la vida gracias a una cotización del crudo Brent que ronda los 85 dólares por barril, niveles inéditos en tres años.

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En el golfo Pérsico, por su parte, la petrolera más valiosa del mundo —Saudi Aramco— se prepara para presentar este domingo resultados trimestrales entre la expectativa de los analistas de un beneficio neto de 25.000 millones de euros, un 140% más que entre julio y septiembre del año pasado.

La evolución en Bolsa de las petroleras ha ido en paralelo a esta mejora sustancial en sus cuentas de resultados. El índice global MSCI Energy, que reúne a la plana mayor de los grandes nombres del sector, acaba de recuperar sus niveles prepandemia y acumula una revalorización del 42% en lo que va de año y más que duplica su valor desde la primavera 2020, en el peor momento de la crisis sanitaria y económica. La rama más clásica de las energéticas es, en definitiva, una de las mejores apuestas que un inversor podría haber hecho en Bolsa en los últimos meses. Una situación que muy pocos tenían en sus coordenadas: el petróleo tiene mucho más pasado que presente y, sin embargo, las estrecheces derivadas de la pandemia le han dado un vuelo inesperado a las firmas dedicadas a la extracción de crudo.

“Tras varios años desafiantes, estas empresas están regresando a la rentabilidad y eso se traducirá también en mayores inversiones. 2021 está siendo un año excepcional para ellas, con el flujo de caja libre [el indicador más puro de la salud del negocio de una compañía] en niveles récord”, apunta Olga Savenkova, de la consultora Rystad Energy. “Aunque muchas aún no han detallado sus planes de inversión para el año que viene, ya estamos viendo signos de resurgimiento gracias al aumento en el precio [de venta del crudo]”.

Músculo para invertir en renovables

Este último vals petrolero no solo deja grandes réditos a corto plazo, sino que permite a estas empresas afrontar sus planes de adaptación a una economía descarbonizada con mucho más músculo financiero. La reciente buena marcha de sus cuentas de resultados es una enorme oportunidad para que los grandes aceleren en su conversión de empresas eminentemente petroleras y gasistas a firmas volcadas en las renovables, por donde pasa el futuro del sector.

A diferencia de anteriores superciclos petroleros, la inversión no se está destinando a exploración de nuevos campos extractivos sino a una reconversión total de su actividad, sabedoras de que los combustibles fósiles, a pesar de suponer aún el 80% de la energía primaria que se consume en el mundo, tienen el futuro tasado. “El nuevo ciclo de inversión se centrará en la transformación de la cartera y en la descarbonización, dado que la mayoría de petroleras y gasistas se han fijado objetivos de reducción de emisiones”, explica Savenkova por correo electrónico. Y eso solo se puede conseguir de una manera: alejándose paulatinamente de los hidrocarburos para abrazar las fuentes de energía respetuosas con el medio ambiente.

Por citar únicamente los casos de las compañías que acaban de publicar resultados, Repsol acaba de redoblar su apuesta por el hidrógeno verde, a la que dedicará 2.500 millones de aquí a 2030. Y hoja de ruta de la francesa TotalEnergies pasa por convertirse en la petrolera europea con más gigavatios de eólica y de solar. Los tiempos han cambiado, pero algunas cosas permanecen: las petroleras siguen valiendo oro.

Sobre la firma

Ignacio Fariza

Es redactor de la sección de Economía de EL PAÍS. Ha trabajado en las delegaciones del diario en Bruselas y Ciudad de México. Estudió Económicas y Periodismo en la Universidad Carlos III, y el Máster de Periodismo de EL PAÍS y la Universidad Autónoma de Madrid.

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