Escasez de mano de obra en España: “No puedo contratar porque no encuentro a nadie”

Dos pequeños empresarios relatan las dificultades para encontrar trabajadores en el transporte y la construcción

Paco Manzano, propietario de una empresa de reformas, revisa una obra en un piso en el centro de Madrid.
Paco Manzano, propietario de una empresa de reformas, revisa una obra en un piso en el centro de Madrid.Kike Para

Toda una vida en el sector del transporte da para ver muchas cosas, pero hay una que a Juan Velasco, de 61 años, le habría resultado difícil de imaginar. “No hay chóferes”, lamenta el empresario madrileño, “retiré un camión hace medio año y ahora tengo otro parado”. En la misma mañana en que relata su caso al otro lado del teléfono, él mismo se ha tenido que levantar a las cuatro para coger un camión y cumplir con un encargo. “Antes lo hacía mi hermano, pero ahora está de baja y no puedo coger a una persona porque no encuentras a nadie para cuatro o seis meses”. “Si no lo encuentras para hacer ruta, menos para una sustitución”, justifica.

Para Paco Manzano, de 45 años y gerente de la empresa de construcción Edificarum, tener una plantilla estable de 12 personas le ha permitido capear muchos problemas. Pero con necesidad de subcontratar algunos trabajos de la obra como la electricidad o la fontanería, no está libre de dolores de cabeza: “Cuando tenemos circunstancias de trabajo excepcionales sí cuesta encontrar mano de obra cualificada”, describe. “El peor oficio de todos es el de los carpinteros”. Eso hace que en su caso duplique el número de proveedores habituales y, en lugar de dos, contrate habitualmente con hasta cuatro empresas de carpintería.

Velasco y Manzano se dedican a dos sectores que aparecen en todas las quinielas entre los más perjudicados por la falta de mano de obra. Un estudio reciente de la consultora Transport Intelligence señaló que en Europa faltan 400.000 camioneros, de ellos, 15.340 en España. En la construcción, la patronal alerta sistemáticamente de que van a necesitar cubrir hasta 700.000 puestos cuando las ayudas europeas del coronavirus comiencen a materializarse en obra civil, instalaciones industriales y rehabilitación de viviendas.

Pero no siempre fue así. “Entre 2008 y 2014 sobraban trabajadores para construcción”, recuerda Manzano, “”este es un problema que se ha empezado a notar a partir de 2016”. Es decir, que la escasez de trabajadores ya era notoria cuando llegó lo que en su empresa han bautizado como efecto covid. “Nosotros no notamos el bajón el año pasado: en cifras de venta, 2020 fue mejor que 2019; y 2021 será probablemente mejor que 2020”, explica. El motivo, cree, es que “durante la pandemia, como se ha producido un confinamiento, las familias han decidido invertir en sus viviendas para que estén mejor dotadas”.

El aumento del trabajo les ha pillado sin suficiente fuerza laboral, como a los transportistas. Los datos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) apuntan que ambos sectores se han situado en los últimos años entre aquellos donde más ha crecido la afiliación de extranjeros. Una tendencia que no se cortó ni en 2020 con el coronavirus. Pero con problemas de contratación generalizados en Europa, ese caladero parece agotarse, lo que lleva a ambos empresarios a tener la mirada puesta en lo que sucede a miles de kilómetros.

“Rumania ha subido mucho los salarios de la construcción porque les falta mano de obra cualificada y ahora ganan unos 900 o 1.000 euros [por debajo de los 1.900 euros brutos de media en España, según la patronal], lo que ha provocado que muchos se vuelvan a su país porque allí tienen vivienda”, cuenta Manzano. Una historia que a Velasco le suena: “Un conductor húngaro que lleva 12 años conmigo se ha hecho una casa allí y lleva tiempo diciéndome que cualquier día se vuelve. Me parece bien, es lógico que quiera estar con su mujer y sus hijos a diario”.

La compañía de Velasco, Transali Logística, tiene actualmente seis camiones, contando con el que está aparcado permanentemente. ¿Lo movería si pagase un mayor salario? “No discuto que los conductores lo merecen, pero no hay margen y menos con la subida del gasoil. Ahora mismo no da para subir sueldos”, zanja. Por eso ha decidido vender el vehículo que le sobra. “La solución para mí la tengo”, explica con un punto de resignación, “con 40 años lucharía más, pero hago 62 el próximo enero”.

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Sobre la firma

José Luis Aranda

Es redactor de la sección de Economía de EL PAÍS, diario donde entró a trabajar en 2008. Escribe habitualmente sobre temas de vivienda y referentes al sector inmobiliario. Es licenciado en Historia por la Universitat de València y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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